Capítulo 12: En la fiesta – Primera parte
- ¿Por qué tan serio? – preguntó el mayor de los gemelos, tenía varios minutos viendo al de capricornio y éste no había dicho ni una palabra.
- Estoy… como… preocupado.
- ¿Por qué? – preguntó recargándose sobre la mesa delante del español, su intención era acercarse lo suficiente para que fuese inevitable el besarlo, pero de pronto sintió que no era un buen momento.
- Todo eso acerca del cumpleaños… No me siento cómodo siendo el centro de atención.
- Se supone que sea divertido, tan solo… disfrútalo… - el menor suspiró - ¿Qué?
- Nada, solo… quizá deba salir temprano y regresar tarde… así no me toparía con nadie.
- ¿Ni siquiera conmigo? – el mayor parecía tan herido que por un segundo le recordó a Kanon.
- Ahh… - no quería mentirle porque lo cierto era que no quería ver a nadie ese día, ni siquiera a Saga.
- Já… - sonrió con amargura – No te va a pasar nada por aceptar unos cuantos abrazos y algunas felicitaciones… no sé por qué siempre tienes que ser tan egoísta… - ahora se escuchaba molesto, y es que, la sensación de rechazo era algo que le dolía inmensamente, y con el español lo sentía de manera constante.
- Lo lamento pero… - se contuvo porque sabía que si seguía hablando iban a terminar discutiendo y lo más seguro es que dejarían de hablarse por algunos días y no quería eso, tan solo… quería pasar desapercibido.
Se observaron unos cuantos segundos hasta que el de capricornio desvió la mirada.
- … Te veo más tarde – dijo e intentó alejarse pero Saga lo detuvo tomándolo de la muñeca. El español no hizo nada por zafarse del agarre.
- Te amo… - dijo el mayor, no solo porque era cierto sino porque sentía que tenía que dejárselo en claro. Conocía a Shura demasiado bien como para saber que su naturaleza pesimista le hacía malinterpretar las cosas.
- Y yo a ti… - musitó apenas, no se sintió capaz de verlo a los ojos, así que tampoco pudo ver la sonrisa del gemelo cuando pronunció esas palabras.
***
- ¿Lo decías en serio? – preguntó el Fénix mientras veía a Hyoga desesperado por no encontrar los cristales de poder que necesitaba para avanzar de nivel en el videojuego.
- AHH… ¡Mira lo que me hiciste hacer pollo torpe! – lo culpó por perder, y el mayor no hizo más que levantar una ceja mientras sonreía.
- No me has dicho si lo decías en serio – ambos sabían que se refería a la declaración de ese día del cisne, ¿en realidad no le interesaban los hombres? ¿Entonces qué había sido aquel beso (que por cierto, para desgracia del fénix no se había vuelto a repetir)? A veces le venía a la mente que todo había sido solamente para descubrir si era homosexual, sin embargo, no se imaginaba al rubio siendo TAN cruel, o quizá eso era lo que quería pensar, a veces batallaba para ver las cosas con claridad. Y entonces entró Kanon a su habitación y fue como si, sin proponérselo, despejara un poco sus dudas.
- Hola chicos, disculpen la interrupción – dijo el menor de los gemelos después de tocar a la puerta un par de veces – Solo quería saber si van a traer a alguien mañana, Aioros dijo que… - y siguió hablando del arquero, porque era inevitable para el dragón marino no hacerlo – Entonces, ¿Fénix? ¿Rubito?
- No, no invitaré a nadie – dijo Ikki.
- Yo sí – el fénix lo observó con curiosidad – Está… esa chica de mi clase con la que he querido salir desde hace tiempo… - dijo con nerviosismo ante la mirada incrédula de Kanon.
- De acuerdo… le diré a Aioros… - musitó desconcertado, y es que creía, como la gran mayoría en la mansión, que esos dos tenían una relación.
Pasaron algunos minutos en completo silencio antes de que el Fénix se pusiera de pie.
- ¿A dónde vas? – preguntó Hyoga al verlo tomar su chaqueta.
- Por ahí…
Contuvo el deseo de pedirle que lo acompañara, y el cisne hizo todo lo posible por no preguntarle si podía ir con él. No se volvieron a ver hasta el siguiente día.
***
Observó a Camus subrayar algo en unas hojas, le gustaba verlo estudiar porque eran las únicas ocasiones en que utilizaba gafas, tenía hipermetropía, así que sus ojos se veían ligeramente más grandes de lo normal cuando usaba lentes.
- ¿Puedo quedarme aquí esta noche? – preguntó Milo mientras se estiraba en la cama.
- … - murmuró algo, seguramente relacionado con lo que estaba estudiando y luego, sin siquiera mirar a Milo, tan solo musitó – Como quieras…
Eran esa clase de cosas las que lo lastimaban, y es que no soportaba no ser el centro de atención del francés, por más infantil que pareciera. Se quedó unos cuantos minutos ahí, esperando a que el de acuario dijera algo, pero terminó desesperándose, por no obtener lo que deseaba de él. Tomó su móvil y salió de la habitación.
- Pensé… - musitó Camus segundos después de que Milo se fuera – que te quedabas… - suspiró, de nuevo parecía que lo único que conseguía era enfadar al escorpión, y lo peor es que no tenía ni idea de por qué.
***
Cuando amaneció tuvo que enfrentarse a su destino, había pensado mucho en lo que Saga le había dicho el día anterior acerca de ser egoísta, y decidió que pondría de su parte, siempre y cuando no se volviera insoportable para él. Se quedó afuera de la cocina unos minutos, adentro estaban algunos de los habitantes de la mansión, por lo regular entraban a buscar algo en la nevera o en la alacena y terminaban desayunando ahí, entre discusiones sin sentido. Supuso que si entraba lo suficientemente rápido podría pasar desapercibido. Luego escuchó la voz de Saga, tomó aire y mordió su labio inferior con nerviosismo antes de entrar y que los abrazos y las felicitaciones le cayeran encima. Ni siquiera alcanzaba a distinguir quién decía qué y sólo podía musitar débiles “gracias” mientras inclinaba la cabeza ligeramente como si hiciera una pequeña reverencia. Saga lo observó detenidamente, y fue el único en notar la incomodidad del español, incluso tenía los puños cerrados, como si con eso pudiese controlar su ansiedad.
- Ya, suficiente, nos vamos – dijo Saga de pronto, mientras tomaba algunas cosas de la mesa con una mano y con la otra tomaba al español.
Fueron rumbo al jardín y solo entonces vio aquello que había tomado Saga de la cocina, un jugo y unas cuantas barras de cereal y fibra.
- Desayuno – dijo el mayor de los gemelos antes de abrazar al español para mantener su cuerpo tibio.
El resto del día estuvo a su lado, siempre alerta en caso de que tuviera que sacar a Shura de alguna situación incómoda, en el fondo le gustaba esa clase de “dependencia” que sentía por parte del español, le gustaba la forma en que lo buscaba constantemente, a veces tan solo porque quería estar en el mismo lugar que él. No es que los dramas se hubiesen terminado entre ellos, pero (y aunque Saga no sabía al respecto) el hecho de que Shura hablase con Aioros lo reconfortaba, era como si durante mucho tiempo hubiesen tenido prohibido hablar de los gemelos y ahora que sentía que podían hacerlo, era un gran alivio. A veces se sentía culpable cuando disfrutaba escuchar hablar de Kanon, no estaba seguro si era por la manera en que Aioros se expresaba o si todavía guardaba algún sentimiento hacia el dragón marino, y eso lo ponía nervioso.
***
La fiesta dio inicio alrededor de las nueve de la noche, había más gente de la que tenían contemplada y el español no tardó en escabullirse por entre la multitud, no conocía ni a la mitad de las personas que habían asistido. Salió al jardín y notó con desesperación que tampoco ahí estaría a salvo, Afrodita y Dohko estaban en la parrilla junto con un montón de desconocidos que reían y bebían con ellos, le pareció extraño, ni siquiera sabía que alguno de ellos dos supiera cocinar. Siguió buscando algún lugar donde nadie lo molestase y casi quince minutos después, terminó en el espacio que quedaba bajo las escaleras.
***
Kanon observó al arquero con Saga, primero pensó que quizá lo habría confundido con él pero conforme pasaban los minutos se dio cuenta de que seguían hablando de algo. Se sentía nervioso al verlos juntos, porque parecían saber todo el uno del otro y no podía evitar preguntarse si Aioros habría sido más feliz al lado de Saga, le entristecía pensar en ese tipo de cosas. Seiya lo distrajo, y de pronto ya no vio a Saga ni a Aioros.
***
- Lo sé – dijo el rubio animadamente – No creo que supiera qué significaba – se encontraba con un grupo de personas, que incluían a la chica de su clase. Era guapa, sus ojos eran claros pero teñía su cabello oscuro.
El fénix tomó otra cerveza y se recargó en la mesa en donde estaban las bebidas, no quería verlo con alguien más pero tampoco podía apartar la mirada, así que esperó hasta que el rubio se alejó del grupo y lo alcanzó.
- Hey… - dijo mientras Hyoga tomaba un plato.
- Hey… - lo imitó el cisne en voz muy baja.
- No te he visto en todo el día – a decir verdad había sido él (el fénix) quien se había alejado, pero el cisne tampoco hizo algo por buscarlo o acercarse - Hyoga… estaba pensando que… - dijo mientras deslizaba su mano hasta la del rubio, pero éste reaccionó ante el más leve contacto.
- NO hagas eso… - lo interrumpió molesto y el fénix incluso apartó la vista.
- Está bien… - musitó – Lo siento, te prometo que no volverá a pasar – tuvo que salir de ahí en ese momento porque no iba a ser capaz de soportar tanta tristeza.
Cuando iba cerca de la puerta se topó con Seiya y tan solo lo hizo a un lado para poder salir de la mansión. No le había puesto seguro a las puertas de su auto cuando había llegado esa tarde, por ese motivo, fue hasta que estuvo detrás del volante que se dio cuenta de que no traía las llaves consigo. No supo si regresar por ellas o tan solo quedarse ahí a pensar en lo que había sucedido. Optó por la segunda opción.
***
Algo tenía el más pequeño de los de bronce, era una especie de intuición, un sexto sentido que salía a relucir cuando la ocasión lo ameritaba. Era distraído la mayor parte del tiempo y en ocasiones dejaba escapar las cosas obvias, sin embargo, era capaz de notar situaciones que los demás ni siquiera sospechaban, tal vez solo se comparaba con Shiryu, pero en el caso del dragón, era porque éste era una persona muy observadora, en el caso del pegaso se trataba de instinto puro.
Así que cuando se topó con Ikki, a pesar de que ni siquiera pudo ver su rostro, supo que algo no andaba bien, y fue por un poco de tarta antes de acercarse a él, después de todo, que algo le sucediera al fénix no significaba que era prudente hacerle compañía.
***
- De acuerdo, solo contesta esto… ¿Quién iba… arriba? – preguntó Aioria aprovechando que Milo había ido por unas bebidas.
- Já – rió el francés, pensaba que era obvio, pero para el león no lo era.
- Vamos Cam… ¿Shaka o tú?
- Yo… - dijo finalmente el francés y se indignó ante la expresión de sorpresa de Aioria - ¿Qué?
- Nada… Ya viene Milo, te veo más tarde – dijo sin darle oportunidad al de acuario de devolverle la pregunta.
Pensó en su respuesta gran parte de la noche, siempre que intentaba algo con Shaka, éste era demasiado enérgico, así que le era difícil imaginarse a Camus llevando el control. Entonces le vino otra idea a la mente, quizá el francés había entendido mal la pregunta y pensaba que se refería a la posición y no acerca de quién penetraba a quién, porque bien podría haber ido arriba y que aun así Shaka fuese quien se lo hiciera al francés.
La imagen le vino a la mente y no pudo evitar sentirse excitado y siguió fantaseando con ambos.
***
Shura siguió tranquilamente en su escondite hasta que vio que alguien se paraba frente a donde él estaba, y moría de ansiedad de solo pensar en cómo explicar el hecho de estar ahí. Pensó que la persona no tardaría en irse y rogó porque así fuera y pronto, pero los minutos pasaban y seguía ahí, de pie frente a él, incluso tuvo que idear un plan para irse sin ser visto, quizá si se acercaba demasiado a la orilla podría ocultarse mejor en la oscuridad que creaban los arbustos. Se deslizó con cuidado y cuando iba a medio camino, la persona que estaba de pie frente a él se agachó.
- ¿Qué crees que haces?
- AHH… Saga… ¿Qué… cómo… - no sabía qué decir después de recuperarse de la impresión.
- Esperaba que salieras sin obligarme a entrar por ti.
- ¿Cómo supiste que estaba aquí? – dijo haciéndose a un lado para que Saga se sentara con él.
- Te vi salir de la mansión y te seguí – sonrió – fue muy gracioso verte escondiéndote con toda la discreción posible.
- No te burles…
- Tengo un regalo para ti - dijo emocionado.
***
- Te traje algo de pastel – dijo Seiya algo temeroso, y es que uno nunca sabía qué esperar de Ikki. El fénix lo miró, renunciar a la comida (en especial si se trataba de algo dulce) era todo un reto para el pegaso, así que le sonrió antes de invitarlo a entrar al auto - ¿Estás bien?
- No… - musitó antes de empezar a contarle lo sucedido. Confiaba en el pegaso porque sabía que le temía lo suficiente como para mantener todo lo que hablaran en secreto, además, habían pasado por tantas cosas, que sin importar lo que sucediera, siempre estaría ahí para él, y el sentimiento era recíproco.
- Es que… ya te lo he dicho antes…
- Sí, lo sé – lo interrumpió porque lo habían hablado muchas veces y siempre llegaban a la misma conclusión – Sé lo que vas a decir… pero… - sonrió con tristeza – de verdad pensé que tenía una oportunidad esta vez.
- … - se quedó en silencio, cosa rara en él, y se sentía mal de no poder hacer nada al respecto – Tengo un amigo… es un poco torpe, pero es buena persona, te lo podría presentar si quieres…
- Gracias, pero no… gracias – musitó aunque realmente agradecía el esfuerzo de Seiya – Ya veré cómo me las arreglo para salir de esto.
***
Terminaron besándose en la puerta de la habitación del hindú. Ambos habían bebido un poco y cuando el rubio escuchó una canción que le gustaba, comenzó a bailar sensualmente al lado de Aioria, quien no tardó en ponerse de pie y besarlo mientras lo tomaba por la cintura. Sentía el deseo del otro condensándose en su piel.
- Vamos a mi cuarto – dijo Shaka, y Aioria lo siguió como un cordero.
No tardó en quitarle la camisa mientras acariciaba su cuerpo, el deseo los cegaba cuando estaban juntos, el rubio lo provocaba y hasta el más leve roce se hacía tan intenso que los lastimaba a ambos. Sabía que Aioria podría arrepentirse y dejarlo como otras veces, pero estaba dispuesto a correr el riesgo. Lo rodeó con las piernas para acercarlo más, deseaba sentirlo en su interior.
No hubo muchos juegos previos, estaban tan excitados que temían terminar antes de comenzar. El rubio buscó el lubricante entre sus cosas y le lanzó un preservativo al de leo, él se lo puso y tocó su endurecido miembro mientras Shaka introducía uno de sus dedos en su interior para lubricarse. Aioria estaba como hipnotizado observándolo, su cuerpo se movía despacio y la expresión de placer en el rostro del rubio era más de lo que podía soportar. Así que no tardó en colocarse entre sus piernas mientras rozaba su entrada con su miembro.
- Quiero que me lastimes… que me duela… - musitó en su oído y Aioria no hacía más que pensar por qué actuaba así el rubio.
- ¿Qué es esto? – preguntó al ver una marca en el delicado cuello del de virgo, pero éste estaba tan excitado que no podía pensar siquiera en qué responder – Espera… - dijo alejándose un poco, aunque las hábiles manos de Shaka hacían estragos en su cuerpo - ¿Quién te hizo esto?
- No lo sé – mintió – no le pregunté su nombre – sonrió y con ese simple gesto encendió la furia del león, quien se hubiera puesto de pie de no ser porque Shaka lo tenía rodeado con sus piernas – Podrían ser tus marcas si quisieras… ¿no te gustaría? – sus palabras estaban impregnadas de deseo y le era casi imposible al de leo no sucumbir ante él.
Se quitó el preservativo y por un momento Shaka pensó que lo dejaría así de nuevo, pero luego lo vio tomar un pañuelo que pasó suavemente por su miembro y por la entrada del rubio para quitar el exceso de lubricante.
- ¿Qué haces?
- ¿Querías que te doliera? Haré que te duela…
- ¿Qué… AHHH – apretó con fuerza sus brazos cuando lo sintió abrirse paso dolorosamente en su interior, y echó la cabeza hacia atrás. Su cuerpo se tensó por completo, sentía que no podía respirar y fue la primera vez que Aioria lo vio así, indefenso y temeroso.
El de leo abandonó su interior y sintió un cosquilleo placentero al escuchar la queja del de virgo. Lo obligó a ponerse en cuatro y volvió a penetrarlo, esta vez despacio y el rubio se aferró a las sábanas mientras lo sentía casi partiéndolo en dos, Aioria acarició los muslos del rubio y le separó un poco más las piernas, éste se dejaba hacer sin poner ninguna clase de resistencia. Su mano se deslizó hasta su miembro y comenzó a acariciarlo con firmeza, la punta estaba húmeda y cuando lo tocó con uno de sus dedos, el hindú se estremeció dejando escapar un gemido mientras apoyaba su torso sobre la cama.
Para Shaka fue una sensación completamente desconocida a pesar de que el sexo era algo más que regular en su vida, era como sentirlo en cada rincón de su cuerpo, la piel de Aioria lo quemaba de una forma deliciosa, el calor de su cuerpo y su respiración alterada lo estremecían, era como compartir algo que no tenía con nadie más y sonrió porque por un instante pensó que todo iba a terminar bien.
Se fue incorporando hasta quedar sentado de espaldas sobre el león, éste lo tenía apresado con un brazo, aferrándose a él como si su vida dependiera de ello, como si no quisiera dejarlo ir, y la pelvis de Aioria chocaba contra él cada vez más rápido, entrando y saliendo de su interior, había dejado de doler y se había convertido en algo tan placentero que ni siquiera se dio cuenta del momento en el que se corrió sobre las sábanas. El león lo sintió apresar su miembro con fuerza y terminó corriéndose en su interior.
Se dejaron caer sobre la cama, mientras oleadas de placer recorrían sus cuerpos adormilados.
- ¿Quién te hizo esa marca? - insistió el león, y lo último que creyó escuchar antes de quedarse dormido, fue "Kanon".
Continuará…
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