Capítulo 12: Ausente
Pasaron cinco días antes de Camus pudiera ver a Shura de nuevo.
Día 1
Aioros llegó muy temprano, tocó un par de veces y, sin esperar respuesta, entró a la habitación del francés.
- Camus… despierta… - el de acuario apenas abrió los ojos y se sorprendió un poco al ver a Aioros.
- ¿Qué pasa? – había conseguido quedarse dormido hacía apenas dos horas, así que el gesto de fastidio cuando lo despertó el arquero fue inevitable.
- Te preparé el desayuno, PERO, primero te darás un baño.
El de sagitario ni siquiera le dio tiempo de quejarse cuando ya lo tenía en el cuarto de baño a medio desvestir. En ese momento, mientras forcejeaba con el arquero, se dio cuenta de que siempre había tenido la falsa impresión de que el trato de éste era delicado. Tal vez fue su madurez, su amabilidad o el hecho de siempre preocuparse por todos, lo que hizo que Camus pensara que era bueno cuidando a los demás. A decir verdad, en alguna ocasión había escuchado decir a Shura que Aioros le llevaba sopa cuando estaba enfermo, claro que el español jamás mencionó que lo obligaba a comerse todo, sin importar cuánto se quejara éste o cuántas veces le dijera que no tenía hambre.
- No… - musitó Camus cuando Aioros intentó quitarle la ropa interior.
- Los dos somos hombres, no hay nada de qué avergonzarse – le dijo antes de volver a insistir.
- NO… - el francés se aferró a la prenda como si de ello dependiera su vida.
- De acuerdo… pero tendrás que quitártela cuando tengas que mudarte de ropa…
- Lo sé – dijo entre dientes y algo malhumorado - ¿Y Shura? – preguntó mientras lavaba su cabello.
- No vendrá hoy – respondió el arquero, se había quedado dentro del cuarto de baño, no sabía qué tanto dependía Camus de Shura, así que prefirió no arriesgarse y quedarse ahí hasta que éste terminó.
El día se le hizo eterno, Aioros no le permitió dormir durante la mañana ni durante la tarde, le dijo que si quería deshacerse del insomnio tendría que volver a dormir en el horario correspondiente, así que cuando veía que Camus se estaba quedando dormido, solía hacer ruido o lo obligaba a mantenerse despierto con alguna actividad. No supo de dónde sacaba tanta energía el de sagitario, aunque si tomaba en cuenta que Seiya también era sagitario, entonces todo comenzaba a tener sentido.
Eran casi las once de la noche, cuando Aioros decidió que era hora de que Camus durmiera, se acercó al francés y justo cuando estaba a punto de pasar de nivel en uno de los videojuegos, el arquero apagó el televisor y desconectó todo.
- AH… - por unos breves segundos fue incapaz de articular palabra, aún no se recuperaba de la impresión - ¿qué haces?
- Es hora de dormir, mañana debes despertar temprano.
- No tengo sueño.
El arquero hizo como si no lo hubiera escuchado y lo jaló de las piernas para obligarlo a acostarse, lo arropó (demasiado según el francés) y apagó todo. Escuchó un golpe en la puerta, supuso que Camus le habría lanzado una almohada, ya le había contado Shura de esa manía del francés por arrojar las cosas cuando se enfadaba.
***
- ¿Cómo te fue? – preguntó Shura mientras apagaba su cigarrillo, Aioros no le permitía fumar en su templo.
- Creo que bien…
- ¿Comió?
- Lo obligué.
- ¿No batallaste para que se diera un baño?
- Pues… se resistió un poco cuando le ayudé a quitarse la ropa – a decir verdad, no se había resistido un poco, se había resistido mucho e incluso habían forcejeado durante algunos minutos. Shura sonrió, sabía que Aioros no aceptaba fácilmente un no por respuesta.
- Bien… creo que es hora de irme… - musitó el de capricornio.
- Ehh… Shura… - se detuvo en la puerta – No dejé que durmiera durante el día así que… debe estar muy agotado… si piensas visitarlo, lo encontrarás dormido…
- Lo tomaré en cuenta…
Le dio la impresión de que Aioros sabía de su relación con Camus. Todos habían notado que, en todo ese tiempo, Death Mask jamás visitó al francés. Supusieron que habían terminado con su relación y aunque la mayoría se moría de curiosidad, nadie tuvo el valor de preguntar algo al respecto.
***
Día 2
- ¡Hora de levantarse! – Afrodita entró muy animado y lo primero que hizo fue abrir las cortinas.
- ¡AHH! – se quejó el francés mientras cubría sus ojos de inmediato.
Solamente durante unas cuantas horas en la mañana, la luz del día llegaba al templo de Acuario.
- Me dijo Aioros que lo primero que hacías en la mañana era tomar un baño y luego desayunar – se acercó al de acuario y lo destapó.
- Te mintió.
- También me dijo que quizá me dirías eso… vamos Cam… yo no soy tan paciente como Aioros…
La forma en que habló el de piscis estremeció al francés, así que, un poco más dócil que el día anterior, hizo todo lo que el de piscis le decía.
- ¿Y Shura? – preguntó desde su cama, traía una toalla envuelta en la cintura y esperaba a que Dita le diera algo para vestirse.
- No podrá venir hoy – Camus sintió una opresión en el pecho, cosa que no pasó desapercibida por el de piscis – Pero me tienes a mí… - tomó un par de prendas y las puso una sobre otra - ¿Sabes? Tengo una gabardina que combinaría con este pantalón…
- Tómalo – dijo sin mucho ánimo y luego se recostó en la cama.
- ¿Quieres que desayunemos aquí? – preguntó Dita antes de acostarse al lado de Camus.
- Como sea.
- Escucha Camus – dijo muy serio desde la puerta – vamos a estar todo el día juntos y ya me está cansando tu actitud. Iré por el desayuno y cuando regrese más vale que estés feliz…
Camus se vio tentado a reír, ¿qué clase de petición ridícula era esa? Pero se aguantó las ganas tan solo para no darle gusto al de piscis. El resto del día se la pasaron cotilleando, más bien era Dita quien le informaba de todo lo que pasaba en el santuario. Quiso preguntarle en algún momento de la tarde por Shura, no podía con la angustia de no saber del de capricornio, tal vez se había tomado muy en serio cuando le pidió que se fuera, quizá se había cansado de él o a lo mejor tan solo estaba en una misión. De cualquier manera y aunque le fastidiara aceptarlo, lo extrañaba. Se dio cuenta de que estar con Shura y estar con alguien más era como comparar el cielo y la tierra.
- ¿Sabes qué deberíamos hacer?
- ¿Dormir? – al parecer, Aioros le había dado indicaciones estrictas al de piscis acerca de no dejarlo tomar ninguna siesta.
- No, es muy temprano, deberías de ayudarme a cuidar de mis plantas.
- Espera… ¿no son venenosas? – Dita sonrió.
- Algunas… tendrás que averiguar cuáles… además… deberías tomar un poco de sol, estás muy pálido.
Para el final del día estaba agotado y tenía todos los brazos llenos de rasguños y heridas. Esperaba con ansias que amaneciera, aunque no lo aceptaría en voz alta, sentía que cada día estaba más cerca de reencontrarse con Shura.
***
- ¿Cómo está? – preguntó el de capricornio.
- Lo obligué a tomar el sol, se está poniendo muy pálido.
- Pero… ¿está bien? – insistió, la respuesta del de piscis no lo había dejado satisfecho.
- Sí… solo… tiene unas cuantas heridas… - lo dijo muy rápido y en voz baja, esperando que el español lo pasara por alto.
- ¿Heridas?
- Pero fue su culpa, en serio, yo le dije CLARAMENTE cómo debía podar los rosales, ¿y me hizo caso? NO, es un cabezota, no escucha las indicaciones y termina haciendo lo que quiere… por eso terminó con rasguños, pero no te preocupes, me encargué de curarlo – dijo muy orgulloso.
- Espera… ¿no son venenosas?
- No, pero le dije que sí – Dita sonrió.
Shura lo observó, le daba la impresión de que el de piscis había tenido un día divertido, tan solo esperaba que para Camus también lo hubiera sido.
***
Día 3
Abrió los ojos poco antes de las diez de la mañana, le sorprendió despertar por sí mismo y no por ser zarandeado o por la luz del día sobre su rostro, por un instante, la idea de que se encontraría con Shura lo hizo sonreír, pero luego, la figura de alguien sentado en una esquina de su habitación lo aterrorizó. Pensó que se trataba de una sombra así que le lanzó una almohada para corroborar sus sospechas.
- ¿Qué crees que haces? – Camus lo observó unos cuantos segundos mientras se acercaba.
- ¿Saga?
- Aioros me dio tu horario de comidas y de dormir, debías despertar hace dos horas y media, pero… te veías bien así – el francés sintió su rostro caliente y le agradeció a todos los dioses que su cuarto fuera demasiado oscuro – Dita me dijo que tenías heridas en los brazos… revisaremos eso mientras tomas un baño…
Quiso morir en ese momento, no hizo tantos dramas a la hora de desvestirse, con Saga era distinto, no se atrevía a contradecirlo y la mayor parte de las veces ni siquiera era capaz de verlo a la cara.
- Parece que ya están bien – dijo refiriéndose a las heridas del francés. Aun así, colocó un poco de antiséptico en ellas.
- Ehm… - aclaró su garganta antes de hablar – Shura... – y Saga lo interrumpió.
- No vendrá.
El francés iba a preguntarle que dónde estaba, Saga era mucho más calmado que Aioros o que Dita, así que, eso le daba un poco más de confianza para preguntarle, sin embargo, el mayor de los gemelos se adelantó y ya no pudo formular la pregunta.
- No sé cocinar… puedo hacerte pan con mantequilla, un sándwich o… si quieres puedo comprar algo…
- Hace mucho que no cocino nada… - dijo Camus casi sin darse cuenta y Saga sonrió.
- Ven, podrías enseñarme algunas cosas.
El resto del día fue muy tranquilo, en comparación con los anteriores, Saga anotó algunos consejos que le había dado el francés, pensaba ponerlos en práctica para no quedar como un inútil delante de Shaka, no sabía el gemelo que el rubio estaba al tanto de su poca experiencia en la cocina.
- Creo… que hay dos tipos de personas… - dijo Camus mientras en el televisor transmitían un comercial de alimento para gatos – La gente interesante, y la gente divertida… - Saga lo observó con curiosidad, estaban viendo un documental acerca de la personalidad, así que no se sorprendió mucho de que Camus hiciera un comentario al respecto – la gente interesante no siempre es divertida y la gente divertida no siempre es interesante.
- ¿Tú qué eres?
- ¿Yo?... No lo sé, pero sí sé que no soy divertido… tal vez no sea nada, quizá también existen personas que no son nada…
Saga sonrió mientras seguía cuestionando al francés, al menos si le preguntaban a él, él sí consideraba a Camus interesante, de una manera extraña y llena de pensamientos desordenados. Algo le aterrorizó un poco de aquella conversación, y fue el hecho de sorprenderse al hablar con tanta naturalidad con Camus y no poder hacer lo mismo con Shaka.
***
Día 4
- ¿Y Shura? – preguntó el francés al atardecer.
- No lo he visto – mintió Aldebarán, mintió porque le habían pedido que mintiera.
Camus apretó los puños y trazó una línea de más en el cuadro que estaba pintando, más bien, en el cuadro que lo había obligado a pintar.
- Ah, no te preocupes, eso se puede arreglar – dijo el de Tauro mientras convertía esa línea en otra parte del paisaje.
Aldebarán lo había obligado a salir y lo había llevado a uno de los jardines del templo de piscis, de nada le habría servido al francés negarse, desde que había despertado estuvo en desventaja, y es que para Aldebarán era facilísimo cargar y manejar a Camus, así que por más que éste le pidiera bajarlo, el grandote tan solo se reía y le decía que el día era demasiado agradable como para estar molesto.
Un día más. Había tecleado muchísimas veces un mensaje de texto pero no tuvo el valor de enviarlo, tampoco se atrevió a marcar.
***
Día 5
- Hola, mi querido francesito – Camus abrió los ojos y los volvió a cerrar con la esperanza de que fuera un sueño, pero después, el peso del cuerpo de Kanon sobre su cama hicieron que tuviera que enfrentarse a la realidad.
No supo en realidad qué fue lo peor de su día, Kanon parecía divertirse manoseándolo y seguía echándosele encima cada vez que discutían, Camus intentaba golpearlo, pero su fuerza había disminuido considerablemente, así que lo único que conseguía era que el menor de los gemelos se burlara de él y lo mantuviera apresado bajo su cuerpo. Conforme atardecía, Camus creyó, ilusamente, que se había librado de la hora del baño, pero para su desgracia, era lo que había estado esperando el menor de los gemelos desde que le habían dicho que tendría que cuidar del francés.
- Se hace tarde, creo que es hora de darte un baño.
- No lo necesito.
- ¿Qué? ¿No quieres que te vea desnudo? – le dijo con voz morbosa mientras se le acercaba sonriendo al francés – Vamos Cam… ¿no me digas que te da miedo que vea cuánto te excita tenerme cerca?
- ¡Idiota! – le gritó antes de arrojarle el despertador.
- Oye, pudiste haberme golpeado con eso… - comentó indignado.
- Ahh, de verdad lo lamento… lamento no haberle atinado…
- ¡Argh! ¡Ya verás!
Se le echó encima como tantas otras veces y comenzó a quitarle la camiseta, estaba a punto de meter la mano bajo la ropa interior cuando Camus pensó en negociar.
- Está bien… de acuerdo – dijo agitado mientras se aferraba a los brazos de Kanon para evitar que siguiera con sus planes – me bañaré… solo… deja que me quede en ropa interior…
- Solo con una condición… - Kanon sonrió maliciosamente.
- A ti no se te puede pedir nada ¿verdad? – el menor de los gemelos negó con la cabeza - ¿qué quieres?
- Me dejarás enjabonarte.
- NO.
- De acuerdo – dijo y volvió a intentar meterle mano.
- Ahh… está bien… ya… ahh… suéltame…
De eso se trataba todo, negociar, tan fácil que era y al de capricornio que le gustaba complicarse la vida.
- ¿Y Shura? – preguntó con pocas esperanzas mientras Kanon le echaba agua en la cabeza.
- ¿Lo extrañas?
- Tan solo dime dónde está… - odiaba que Kanon se fuera por las ramas.
- ¿Para qué quieres saber? ¿Es porque lo quieres ver?
- Creo… que terminé por hartarlo… la última vez que nos vimos le pedí que se fuera y ya no ha vuelto… y nadie me dice nada, solo dicen que no vendrá… y quiero saber por qué… tan solo quiero… verlo… saber que está bien…
- ¿Es porque lo extrañas o porque quieres estar con él?
- Eso ya lo sabes – dijo molesto y giró su rostro para no ver a Kanon.
El menor de los gemelos guardó silencio, sabía que una vez que Camus empezaba a hablar, era cuestión de tiempo para que se sincerara con él y consigo mismo.
- Me gusta estar con él… es solo que… Death Mask no ha venido ni un solo día… y… debería sentirme triste o enojado, pero lo único que logra enfadarme es saber que quizá ellos están juntos… y lo odio… y no quiero odiarlo porque sí lo quiero… y… yo no puedo con eso…
- Dicen que no puedes odiar algo que no has amado…
- Estás mintiendo… - musitó pero Kanon lo ignoró.
- ¿Sabes qué dicen acerca del tomate?
- ¿Que sabe horrible?
- Já – dejó escapar una breve risa antes de dar un suave golpe en la cabeza del francés – No, dicen que es bueno para la circulación.
- ¿Y? ¿Qué tiene que ver con el amor y el odio?
- Tan solo digo que no era coincidencia que todos los días comieras algo que tuviera tomate… - Camus miró a Kanon fijamente, como si acabara de revelarle un gran secreto – lo odies o no, lo quieras o no, Shura se preocupa por ti, si no ha venido es porque piensa que no quieres verlo… Deberías arreglar eso francesito… ya sabes cómo es la cabra de terca, desde que puso sus ojos en ti decidió que te amaría tanto como para hacer lo que cree que es correcto…
- Él no me ama…
- Eso fue lo que TÚ le dijiste – le vino a la mente el día en que Shura se le había declarado – Fuiste tú quien pensó que era una broma y él, por tu bien, te siguió el juego…
- Espera… - cerró los ojos y negó con la cabeza – él no podría amar a alguien como yo… él… se merece a alguien mejor y…
- Camus, no todo se trata de ti… él puede elegir a quien amar y si le da la gana amarte, puede hacerlo, quieras o no… además, así es él, ¿sabías que siempre elige al mismo jugador en los juegos de pelea? No importa cuántas veces pierda o qué tan débil sea, es incapaz de elegir a alguno nuevo…
- ¿Estás diciendo que soy el débil jugador de pelea? – dijo con sarcasmo.
- ¡ARGH! Siempre malinterpretas lo que yo te digo – dijo hundiendo la cabeza de Camus en el agua de la tina.
- ¡Ahh… Idiota, ahora intentas ahogarme! – dijo mientras le arrojaba agua al gemelo.
***
- Shura… - dijo D.M. sorprendiendo al de capricornio al verlo en su templo – Yo… he querido… hablar contigo…
- ¿Qué pasa? – preguntó el de capricornio.
- Ya no respondes mis llamadas.
- He estado ocupado… cuidando a Camus… - mencionó esto último para ver su expresión.
- Ah… Camus…
- Él vio tus mensajes – D.M. abrió los ojos sobremanera.
- ¡¿Se los mostraste?!
- No… tan solo… los vio un día por error… hace tiempo… fue antes de la última misión.
El de cáncer no entendía, sí le había sorprendido un poco que Camus ya no le llamara, no había intentado comunicarse con él a excepción de algunos mensajes que le envió los primeros días, no decían nada importante, un simple “Solo para saber cómo has estado”, incluso le había parecido irónico que fuese el francés quien preguntara por su bienestar y no al revés. No se atrevió a responderlos en aquel entonces, y después ya no supo cómo acercarse.
- Escuché… que no volverá a caminar…
- ¿Y por eso no has ido a verlo?
- Sabes que eso no tiene nada que ver… yo… sí lo quiero… sería hipócrita decirte que ya no siento nada por él… todavía lo quiero… pero… ya no lo amo… tú sabes lo que siento por ti… siempre lo has sabido.
Jamás, en toda su vida, escuchó tal sinceridad de parte del italiano, se lo había dicho muchas veces, de muchas formas distintas, pero nunca así, con toda la sinceridad que las palabras podían ofrecerle, y aun así, hubiera preferido no saberlo, porque no podía corresponderle, porque no se imaginaba haciéndole eso a Camus y porque no sentía lo mismo que el de cáncer. Habría sido una farsa, habrían acabado destrozándose tarde o temprano.
- Y tú sabes lo que siento por él… siempre lo has sabido.
- Shura… él no va a volver a caminar…
- Quizá…
- ¿Lo prefieres a él? – preguntó con una mezcla de decepción y enfado - ¿Por qué?
- Preguntarme eso… es como si yo te preguntara por qué me quieres a mí y no a él, es como preguntarle a Camus por qué te prefiere a ti y no a mí… yo también quisiera saberlo, pero… no es algo que hayamos elegido o que podamos cambiar… las cosas no son así de fácil… - él también se sentía frustrado - ¿Crees que no preferiría mil veces poder enamorarme de quien me quiere en lugar de seguir enamorado de alguien que nunca me va a corresponder?
- Solo dame una oportunidad… - se acercó al de capricornio.
- No puedo…
- Si me dejas, puedo hacer que te olvides de él… - musitó muy cerca de sus labios, sus manos acariciaron con lentitud el rostro del de capricornio, así que le fue imposible evitar el beso que le daba el italiano.
- ¡Mira a quién me encontré! - dijo Kanon de improvisto sin imaginar la escena con la que se encontraría.
Fue un instante en que todo parecía haberse detenido. Shura empujó a Death Mask y dejó su mirada fija en Kanon, quien apenas llegaba a su templo, pero lo que verdaderamente lo paralizó fue la figura que los observaba incrédula a su lado.
- Camus…
Continuará…
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