Capítulo 1: El destino se esforzó para que nos encontráramos.
Hyoga tenía 24 años. Había dejado la mansión hacía mucho tiempo y prácticamente desapareció del mundo. Nadie sabía como localizarlo porque no quería ser encontrado. Le gustaban los postres siempre y cuando no tuvieran cerezas. Bebía por compromiso porque el alcohol hacía estragos en su cuerpo de inmediato. Le gustaba ver series de detectives y películas de terror aunque después batallaba para dormir.
No tenía pareja pero tampoco vivía solo. Jamás hablaba de su pasado, de su trabajo o de su vida privada. Nunca se había enamorado, y esperaba jamás hacerlo porque amaba su libertad.
***
Ikki lo estuvo pensando durante mucho tiempo, había encontrado el número por casualidad en un sitio de internet y pasó casi un mes antes de que se decidiera a hablar. Era una persona importante el fénix, había comenzado a trabajar desde que estaba en el instituto y a nadie le sorprendió que llegara a ser el director de una gran empresa a su corta edad. Su imagen debía ser impecable, no podía permitirse muchas cosas porque de inmediato era presa de reportajes amarillistas. No le gustaba ver la televisión.
Vivía en una lujosa casa aunque casi nunca estaba ahí, ya no frecuentaba a nadie pero ocasionalmente recibía galletas de Shun, y hablaba por teléfono con él una vez al mes. No se veían ya, ahora era un adulto, tenía la vida por delante y en su agenda no había tiempo para muchas cosas, entre ellas la familia y los amigos. Estaba prácticamente solo. A veces, por las noches se ponía a pensar en ello y terminaba agotado, triste, ¿de qué le servía el dinero que tenía? No era feliz, no tenía a alguien y dudaba que alguna vez fuera a encontrar el amor. Incluso había abandonado sus antiguos pasatiempos, ya no salía en moto, sus paseos ahora eran viajes de negocios y su hogar era su oficina. Los panqueques que preparaba Shiryu habían sido sustituidos por desayunos insípidos, café negro y bebidas energéticas. En ocasiones bebía. Nunca tomaba vacaciones.
Esperó impacientemente en un pequeño departamento, no llamaba la atención y estaba ubicado a las afueras de la ciudad, apenas eran las 3:55 de la tarde y la cita era a las cuatro en punto. En más de una ocasión se puso de pie dispuesto a irse, ¿qué necesidad tenía él de hacer esas cosas? Si quería sexo había montones de mujeres que habrían accedido con facilidad… y es que ese aspecto de chico rudo, solitario y exitoso era totalmente irresistible, sin embargo, había un pequeño detalle que el fénix no podía ignorar (por más que lo intentara) y es que a él no le gustaban las chicas. Después de Esmeralda no se sentía cómodo con nadie. Por eso buscó un lugar de citas, no tenía el tiempo ni las ganas de relacionarse con alguien, tan solo deseaba descargarse y seguir con su vida normal, sin compromisos, sin ataduras, sin reclamos ni escenas. Había escuchado a un sujeto comentar algo acerca de un lugar donde arreglaban encuentros y, en cuanto pudo, comenzó a informarse en internet.
La página parecía confiable, y por los precios que manejaba debía serlo, incluso había una especie de contrato de confidencialidad, todo se mantenía en el más absoluto secreto. No había fotografías de personas pero el cliente podía elegir algunas características, como el color de cabello, la complexión física… en fin, era un mundo de combinaciones. Pero Ikki estaba demasiado nervioso como para elegir algo en específico, nunca había estado con un hombre aunque lo había deseado muchas veces, así que la persona que lo atendió le dijo que le enviaría a uno de los mejores “productos”. La palabra le hizo sentir que estaba comprando un objeto, y no dejó de preguntarse qué clase de chico aparecería ante su puerta. Lo único que pidió fue que tuviera más o menos su edad, quizá uno o dos años menor que él pero no mayor.
¿Qué iba a decirle cuando llegara? ¿Le invitaría un trago para aminorar la tensión en el ambiente? ¿Tendría que confesarle que nunca había estado con un chico antes? ¿Y si lo reconocía? ¿Qué pasaría si se daba cuenta de quién era Ikki y utilizaba esa información en su contra? No, para eso era el contrato de confidencialidad y la enorme suma de dinero que había pagado, para que todo quedara en el anonimato.
- Ahh… - gruñó y estuvo a punto de tomar su chaqueta e irse. Sin embargo, el sonido de la puerta se hizo inminente y no le quedó más remedio que abrir. Su corazón latía con fuerza. Miró el reloj. Eran las 4 en punto.
Cuando abrió la puerta se topó con unos cielos que le eran muy familiares.
- Buenas tardes… me han enviado de la compañía… - enmudeció de pronto al verlo – Ikki.
- Pato…
Y el destino finalmente hizo que se encontraran.
Continuará…
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