Agradezco a Viri por inspirarme para este capítulo con su forma de expresarse mega bonita.
Capítulo 8: La decisión
Se habían vuelto inseparables, pasaban tanto tiempo juntos que hasta los vecinos de Milo comenzaron a pensar que eran pareja. Algunas veces salían por las noches, otras tan solo deseaban quedarse en casa.
- Y… ¿sabes bailar? – preguntó Milo recargándose en la barra de la cocina. Camus lo observó como si le estuvieran preguntando la capital de un lugar del que nunca había escuchado hablar.
- … No, se supone que tendría que estar en clases o algo así, pero… no he tenido tiempo – no tenía tiempo porque se la pasaba con Milo, y la verdad, tampoco había tenido ganas de aprender.
- ¿Quieres que te enseñe?
- De acuerdo – musitó casi hipnotizado por la sonrisa del escorpión.
Y de pronto se encontró muy cerca de su cuerpo, entre sus brazos, sintiendo que una tristeza infinita iniciaba entre el cálido contacto de sus manos.
- ¿Ves? No es tan difícil – dijo Milo orgulloso.
- Sí – dijo apenas intentando sonreír.
Con los días no pudo hacer otra cosa más que pensar en él, comenzó a observarlo en silencio cuando el escorpión estaba distraído, le producía un placer indescriptible el solo estar ahí, a su lado, ni siquiera sabía qué tenía Milo de especial, pero era lo primero que pensaba por las mañanas y lo último por las noches antes de dormir, a veces sonreía con solo recordarlo, adoraba sus ojos guapos y su sonrisa mega bonita, también le gustaba su cabello y la forma en como inclinaba el rostro hacia la derecha cada vez que se reía por algo. Y él que pensaba que lo había superado, que había dejado de ver a Milo de esa forma enamoradiza. Parecía que estaba destinado a enamorarse de la misma persona una y otra vez, no importarían la distancia o los años, bastaba un instante con él para volver a sentir lo mismo, como si el tiempo no hubiera pasado.
Afortunada, o desafortunadamente para el francés, el escorpión no notó esa batalla interna, seguramente se repetiría el mismo patrón del santuario, Camus se quedaría ahí hasta que el amor que sentía por él fuese insoportable, y después desaparecería para intentar olvidarlo y reparar su alma destrozada. No tenía esperanza alguna, al igual que años antes, el escorpión tan solo era incapaz de fijarse en él, y no importaba lo que hiciera al respecto, era algo que no estaba en sus manos poder cambiar, así que decidió disfrutarlo, cada segundo que tuviera libre sería para él, porque sin duda el final entre lo que nunca habían tenido, estaba cerca.
Fue un comentario de Camus el que empeoró la situación una noche. Estaban peleando sobre la cama porque el escorpión aseguraba ser más fuerte que el francés, no hubo ganador alguno y ambos terminaron rendidos.
- Estaba pensando… - dijo Camus mirando el techo como si hubiera algo interesante en él.
- ¿En qué? – Milo acarició el rostro del francés para quitar el cabello que cubría parte de su cara.
- Ya el siguiente mes no nos veremos seguido – musitó con una sonrisa triste y sombría mientras volteaba a ver al escorpión.
- Aún podríamos salir… que vayas a casarte no significa que… pases todo el tiempo con ella… - sus palabras habían ido perdiendo fuerza porque no estaba seguro de lo que decía.
- La verdad no sé qué esperar del matrimonio, supongo que será como formar la familia que nunca he tenido.
- ¿Qué hay de mí? – preguntó el escorpión casi ofendido y por un instante, el francés tuvo la esperanza de que Milo dijera algo que cambiara las cosas entre ellos – Somos como hermanos, ¿no?
- Si… supongo.
Fue una noche algo triste para ambos.
***
La tormenta comenzó un día cuando Camus y Milo estaban en una cafetería muy popular de la ciudad. Tenían planes de ir al cine pero la película comenzaba hasta muy tarde y decidieron vagar un rato y merendar para perder el tiempo.
- No tardo, ¿quieres que te traiga algo?
- No, gracias – respondió Camus, era suficiente el enorme helado que tenía delante de sí.
Lo observó alejarse y no se dio cuenta de que alguien se había detenido a su lado hasta que escuchó su nombre.
- Camus…
- Helen…
- ¿Qué haces aquí? – la joven observó que había dos platos en la mesa y por un instante pensó que el francés estaba saliendo con otra mujer.
- Vine con un amigo.
- ¿Ah si? ¿Y dónde está? – era muy intuitiva y desconfiada.
- No debe tardar – dijo el de acuario y se hizo a un lado para que ella se sentara.
- Oye Cam, mira lo que conseguí – el escorpión le extendió la mano para darle una estrella de felpa que había logrado ganar en un juego. En la otra mano llevaba una enorme malteada – Ah… hola – dijo al ver a la mujer sentada al lado del francés, no tenía que decir su nombre para saber que era “ella”.
- Milo, ella es Helen, Helen, éste es Milo – dijo Camus con una extraña expresión de incomodidad.
- Encantada… - dijo ella - ¿De dónde se conocen?
Se unió a ellos el resto de la tarde aunque apenas si participaba en la conversación, más bien, se dedicaba a observarlos, primero al escorpión, había algo en él que no le gustaba, quizá era la forma en que veía a Camus, se le acercaba mucho y aprovechaba cualquier oportunidad para rozar sus manos y abrazarlo. Su fría mirada recorría cada uno de sus gestos en busca de una señal de alarma, algo que le indicara por qué sentía que Milo representaba un peligro para su relación. Cansada, dirigió su mirada a Camus, y entonces, fue como un relámpago iluminando una noche de tormenta, fue una revelación, una epifanía… conocía demasiado bien al francés, lo había observado por años como para saber que estaba fascinado por Milo, que lo que sentía por él iba más allá de una simple amistad.
Y comenzó a buscarlo, a celarlo como nunca antes, exigía más tiempo y Camus batallaba cada vez más para encontrarse con Milo.
***
Cuando Camus llegó al restaurante en el cual se había citado con Helen, la encontró esperando con una expresión de enfado en el rostro. Por instinto, el francés miró su reloj pensando que se le había hecho tarde.
- Pensé que nos veríamos hasta las tres… ¿tienes mucho esperando?
- Llegué temprano – su voz no tenía ningún matiz – Recuerdas que la primera vez que salimos te pregunté que por qué no tenías novia – dijo después de varios minutos en silencio – Y dijiste que era porque habías estado enamorado de alguien mucho tiempo – Camus asintió - ¿Cómo se llama?
Era una simple pregunta y no podía responderla.
- ¿A qué viene todo eso?
- ¿Es Milo? – preguntó sin más rodeos – Estabas enamorado de él y nunca te correspondió ¿cierto? - el francés no supo qué decir, jamás se había esperado una confrontación tan directa – Ahh – suspiró – Ya no quiero que lo veas.
- Solo somos amigos… nos conocemos de hace años…
- Escucha Camus, nos casaremos en menos de un mes, y no pienso correr ese riesgo.
- ¿Riesgo?
- Que canceles nuestro compromiso tan solo porque prefieras seguir enamorado en secreto de él… - observaba detenidamente la expresión del francés, se veía preocupado, como si el mundo se le hubiera venido encima.
- No te dejaría… aunque siguiera hablándole a Milo, no me alejaría de ti para ir con él – dijo después de analizar la situación.
- ¿No me dejarías porque no podrías o porque no querrías hacerlo? – porque una cosa era la fidelidad física y una muy diferente la emocional, y el que se quedara con ella no significaba nada si seguía pensando en el escorpión.
- Porque no sería lo correcto.
- Já… Tan solo quiero que veas las cosas como son, Milo nunca ha estado interesado en ti, ni lo estará – remarcó – no importa que pases las tardes con él, él solo te ve como un amigo… porque si estuviste toda tu vida enamorado de él y no te correspondió nunca, es porque no le interesan los hombres y porque no le interesas tú.
- Lo sé… - musitó para sí mismo.
- Así que elige… ¿él o yo?
- No es para tanto, solo somos amigos…
- Ha… ni siquiera deberías de pensarlo – dijo con voz temblorosa y Camus se sintió realmente mal por ello – Estarías dejando TODO a cambio de nada…
Y fue esa frase la que se quedó marcada en su memoria.
Continuará…
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