Capítulo 6: Involucrarse
El acercamiento entre Kanon y Mu se dio espontáneamente, al vivir en la misma casa fue inevitable que pasaran tiempo juntos. Un día el de aries llegó muy serio, casi parecía molesto.
- ¿Sucede algo? – preguntó Kanon y el carnero lo observó con una leve expresión de sorpresa, no estaba acostumbrado a que hubiese alguien con quien hablar en casa.
- Ahh… Salí más temprano del trabajo para poder ir a que me cortaran el cabello y cuando llegué me dijeron que no habían capturado la cita… había mucha gente así que no pudieron atenderme.
- No te preocupes, yo lo corto por ti.
- Já… - no pudo reprimir una suave risa.
- Lo digo en serio – dijo pero Mu no parecía muy convencido – Vamos, ¿qué es lo peor que puede pasar? – preguntó y el menor imaginó MUCHAS cosas, pero la sonrisa del dragón marino lo impulsó a aceptar.
Hablaron de muchas cosas, Kanon le preguntó que si no le daba miedo vivir en una casa tan grande y luego le contó historias de películas que había visto, incluso le sugirió entusiasmado instalar cámaras para ver si sucedía algo paranormal, pero el de aries rechazó la idea entre risas. Esa noche, cuando Aioria llegó de trabajar se encontró con la agradable sorpresa de que Mu lo esperaba despierto.
- Hey… - musitó antes de besarlo, hablaron poco de su día, estaban demasiado cansados.
- ¿Alguna vez has escuchado ruidos o algo así en esta casa? – preguntó el carnero intentando ocultar su ansiedad.
- No… ¿pasó algo?
- No, solo… vimos películas de terror esta tarde – el león le sonrió antes de abrazarlo. Aunque Mu no sería capaz de admitirlo, Aioria sabía que tenía miedo, y le gustó la idea de sentirse necesitado. Por primera vez en mucho tiempo, el de aries se sintió seguro entre sus brazos.
***
Mu no se dio cuenta realmente del día exacto en que empezó a salir más temprano del trabajo tan solo para pasar un poco más de tiempo con el menor de los gemelos, a veces se enfrascaban en videojuegos y se les iba gran parte de la tarde.
“Encuentra 5 mujeres” – se leía en la pantalla y era el requisito para obtener una pieza perdida de un mapa que les decía dónde encontrar las armas con las que vencerían a los demonios que amenazaban la ciudad.
- ¡Ah! – exclamó Kanon emocionado – Ahí hay una.
- Esa no es una mujer, es una momia… - musitó Mu entre risas.
- ¿Cómo sabes que no es la momia de una mujer? Podría ser ¿no crees?
- No creo… - dijo aun riendo, pero la seriedad de Kanon lo hizo dudar por un momento.
La alarma los distrajo.
- ¿Ya te tienes que ir?
- Ahh – suspiró – Sí… Te veo más tarde… - dijo poniéndose de pie.
Con los días Kanon aprendió muchas cosas acerca de Mu y su relación con Aioria, supo por ejemplo, que se le había hecho costumbre al de aries comprar desayunos para dejárselos al león como cena, después de todo, era él (Mu) quien tendría que consumirlos al día siguiente porque Aioria nunca cenaba en casa. También supo que el pelilila era bueno ahorrando dinero, por algún motivo que Kanon no comprendió en ese momento, el de aries quería comprar un departamento, y el dragón se burló diciéndole que era porque lo había asustado el otro día contándole de casas embrujadas.
Desde el principio, el dragón marino notó que había algo extraño entre Aioria y Mu, parecían tener la relación perfecta y al mismo tiempo era como si estuvieran desmoronándose como pareja. Tenían todo y no compartían nada, se notaba que se querían pero eran distantes todo el tiempo. Deseaban pasar el resto de su vida juntos y ambos parecían saber que no sería así. Todo era frágil, como si pendiera de un hilo y ambos se aferraran a ello.
Kanon nunca se atrevió a hablar del tema con Aioria, se moría de ganas de conocer su versión de la historia pero no quería causar problemas, así que se limitó a ser el confidente de Mu.
- Espera… - lo detuvo Mu un día antes de que el dragón marino fuera a trabajar, y se sintió nervioso de pronto cuando obtuvo la atención del mayor – Compré algo para ti… - no tardó en sacar una gabardina negra que habían visto días antes en el centro comercial.
- Ahh… - no supo como interpretar ese obsequio pero tan solo supo que no debía aceptarlo – Escucha Mu, yo… te lo agradezco infinitamente, pero… deberías devolver eso.
- ¿No es la que te gustó? Podemos cambiarla si quieres.
- No, no es eso, es solo que… deberías administrar mejor tu dinero, nunca podrás comprar el departamento que quieres si le pagas cosas a todo el mundo – pero no era a todo mundo, era solo a él, y es que era la única forma que tenía para agradecerle por el simple hecho de estar ahí, era eso o abrazarlo, pero eso último se lo había prohibido a sí mismo.
- Solo acéptalo… - ambos se quedaron en silencio - ¿Has notado que siempre haces eso?
- ¿Qué cosa?
- Siempre que intento darte algo lo rechazas, como si tuvieras miedo de deberme algo… lo que hago por ti… es porque quiero… no porque espere algo a cambio. Deberías solo aprender a… aceptar cosas – el mayor sonrió al darse cuenta de lo observador que era el de aries.
- Me tengo que ir.
Y pensó en sus palabras el resto del día, no es que no le gustara recibir obsequios o detalles, tan solo no estaba acostumbrado, casi siempre era él quien hacía cosas por los demás, y de pronto se sentía muy egoísta al no poder conformarse con la amistad de Death Mask.
***
- Buenos días – dijo Ikki cuando entró a la cocina. Tenía alrededor de dos años viviendo en esa casa y lo único a lo que le daba uso era al refrigerador y al microondas, tal vez por eso se sorprendió al ver la facilidad con la que el cisne le daba esa sensación de hogar.
- Ah, hola Ikki – el fénix lo observó cuidadosamente, en cisne seguía en pijama y su cabello estaba ligeramente revuelto.
- ¿Estás desayunando.. pizza?
- Sí… - dijo con una sonrisa mientras le bajaba el volumen al televisor – Pero te guardé un poco – le pasó un plato, se veía delicioso.
- Es muy temprano, ¿no crees?
- Bueno, más pizza para mí.
- No – dijo de inmediato – Sí quiero – el cisne sonrió - ¿Qué estás tomando?
- Chocolate, lo puse en el refrigerador.
- Gracias – musitó. Le parecía extraño, desayunar pizza y beber chocolate en vasos de plástico, los cuales había comprado hacía días tan solo porque el cisne le había dicho que eran de sus personajes favoritos de una serie de televisión. También le pareció extraño que no fueran las noticias sino las caricaturas las que transmitían por el televisor.
Muchas cosas habían cambiado en la vida de Ikki con la llegada de Hyoga, y solo era capaz de notarlo cuando pensaba mucho en ello. De pronto se encontró a sí mismo contratando los servicios del cisne casi a diario y ni siquiera hacía uso de ellos, tan solo se dedicaba a pasar tiempo con él. Sí hubo tensión en un principio, no sabían cómo actuar cuando estaban demasiado cerca el uno del otro, muchas veces tuvieron ganas de besarse pero ninguno tomó la iniciativa.
Y no fue hasta una noche en que las cosas cambiaron entre ellos.
La fiesta no era más que una reunión de negocios disfrazada con música aburrida, bebidas y aperitivos antes de una cena en la que cerrarían algunas transacciones. Y habría transcurrido con la misma monotonía que todas las otras fiestas de no ser por un no tan pequeño e insignificante detalle que llamó poderosamente la atención del fénix desde muy temprano esa noche, y es que del brazo de uno de los más importantes ejecutivos de una empresa con la que Ikki hacía negocios, estaba alguien terriblemente conocido… Hyoga.
Primero captó su atención en un destello, pensó que de tanto estar con él comenzaba a imaginarlo en todos lados, pero luego cuando se hicieron las presentaciones, el rubio lo saludo como si nada, como si no se conocieran, así que el fénix lo acechó con la mirada hasta que en algún momento de la noche éste se quedó solo.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó con cierta molestia en la voz.
- Trabajar…
- Ahh… - tomó aire – no me digas que… tú y… ¡argh! – le fastidiaba el simple hecho de imaginarse a aquel sujeto encima del cuerpo del cisne, le enfermaba la sola idea de verlos juntos, tan cerca.
- Ikki, a esto me dedico… no es muy diferente a lo que hago contigo… - de pronto se sintió ofendido por esa acotación.
- ¿Dejarás que él te folle esta noche? - preguntó en voz muy baja y el cuerpo del cisne se estremeció mientras el fénix invadía su espacio personal acorralándolo contra una pared.
- Si te sirve de algo… solo soy su acompañante… solo para la fiesta… - bajó la mirada porque la expresión de Ikki le dolía.
- Hyoga, aquí estás… - dijo el sujeto que lo había contratado – Ven, quiero que le cuentes a Ben la historia que me contaste el otro día…
- Claro – musitó el rubio y fue con él aunque podía sentir la mirada asesina del fénix en su espalda.
Ikki hizo acopio de toda la paciencia que poseía y esperó a que la noche terminara. Luego interceptó al cisne provocando un ligero sobresalto en él.
- ¿Vienes a casa conmigo? – preguntó el mayor, ahora que se había topado con el rubio no tenía intención de dejarlo ir.
- Es tarde… pero si quieres nos vemos esta semana… - dijo, se le veía un poco fastidiado al cisne, pero es que el cliente que había tenido ese día no era fácil de complacer y por lo regular terminaba muy cansado.
- Te pagaré – dijo y el rubio detuvo sus pasos.
- No es por eso… - cuando el fénix hacía esa clase de comentarios le daba la impresión de que solo veía en él un objeto que se podía comprar, lo cual, hasta cierto punto era cierto, y se preguntaba si solo lo contrataba por ese motivo, porque podía, porque lo veía como una compra, una renta, una adquisición temporal, por el simple hecho de tenerlo.
- ¿Entonces?
- Ikki… salí desde muy temprano esta mañana, tan solo… ahh – suspiró cansado – quiero llegar a mi casa y dormir…
- ¿Y si fuera un cliente? - ¿qué parte no entendía el fénix? Y le parecía muy curiosa esa inseguridad en el mayor cuando por lo regular siempre era muy confiado.
- Nos vemos luego.
El fénix tomó su móvil y unos cuantos minutos después, cuando el cisne estaba por tomar un taxi, su teléfono sonó, y tuvo que regresar sobre sus pasos con molestia, caminaba con rapidez mientras mordía su labio inferior para contener el enojo, y no pudo evitar cabrearse más cuando vio la sonrisa socarrona de Ikki.
***
- Ahh - resopló el rubio enojado en el auto.
- Eh, eh, eh, la satisfacción del cliente es lo primero… - dijo casi con burla – no quiero que estés con esa cara todo el camino.
- LE LLAMASTE A MI JEFE… - dijo despacio, como un reclamo con enojo contenido.
- Te contraté…
- ¿Qué le dijiste para que me obligara a venir contigo? – se cruzó de brazos mientras miraba por la ventanilla.
- Solo pregunté si estabas disponible – mintió, y el cisne sintió ganas de patear algo para descargar su furia.
Lo cierto era que había pagado mucho dinero por tener al rubio esa noche, además de amenazar al jefe de Hyoga con perderlo como cliente si no accedía, lo cual significaba MUCHO ya que en poco tiempo el fénix se había convertido en su mejor cliente.
- ¿Puedo darme un baño al menos? – preguntó cuando llegaron y el fénix asintió.
El cisne siguió molesto incluso después de ducharse, no es que le molestara el hecho de estar con Ikki, a decir verdad se la pasaba bien con él, pero le enfadaba sentirse incomprendido, estaba cansado y quería estar solo, ¿no se podía poner en su lugar un momento el fénix? El rubio pensó que Ikki seguía siendo el mismo egoísta de siempre, al que no le importaban los sentimientos de los demás, como todas las veces en que se desaparecía sin decir nada, cuando los tenía preocupados hasta que regresaba un día tan solo para irse de nuevo, así, sin dar explicaciones, como si nada. De pronto se sintió triste con esa idea.
Ikki lo observó con curiosidad, pero no supo interpretar la expresión de su rostro.
- No sé por qué sigues gastando tu dinero de esta forma… - dijo dejándose caer en el sofá – Si solo buscas a alguien con quien hablar deberías intentar otra cosa en lugar de…
- ¿Y quién dijo que solo venías a hablar?
De pronto Hyoga sintió un nudo en el estómago, un nerviosismo que lo inquietaba.
Continuará…
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