jueves, 17 de enero de 2013

Capítulo 6: Excusas - Marzo 2.2011

Capítulo 6: Excusas



La promesa de no dejar tareas pendientes le resultó más complicado de lo que había pensado, el Fénix no solo le había exigido terminar con los deberes diarios sino que también le pidió que adelantara todos los ensayos y trabajos de finales de semestre, claro que obtuvo toda la ayuda que Camus pudo darle, pero aun así, para el jueves por la tarde se encontraba cansado. Había colocado un póster de su película favorita en la pared de su habitación, en la estancia, en la cocina y en todos los lugares donde ocasionalmente se ponía a hacer la tarea, y era así como se motivaba a terminar las cosas. Más le valía a Ikki conseguir boletos para el preestreno de su filme favorito, porque si no, ardería Troya, o en este caso, se congelaría.



                   - Aquí está – dijo Hyoga estirándose, Ikki lo observó con curiosidad desde la puerta, ¿cómo sabía el ruso que estaba por entrar a la casa?


                   - ¿Qué cosa? – colgó las llaves y dejó su chaqueta sobre el perchero.


                   - Mi último ensayo, se lo mandé a mi maestro Camus y me escribió una nota diciendo que era muy bueno y que seguramente no obtendría menos de 10…


                   - ¿En serio?


                   - Sí… y le conté de lo paranoico que eras, así que le pedí que escribiera la nota a mano y que la escaneara – le extendió una hoja impresa con la caligrafía del francés. Había que admitir que tenía una letra impecable.


                   - De acuerdo… ¿ya comiste?


                   - No… pero… espera… mañana es el preestreno… ¿tienes los boletos? – lo preguntó como si se tratara de un asunto de vida o muerte.




El Fénix los había conseguido antes de hacer el trato con Hyoga, los obtuvo incluso antes de que el rubio casi le rogara ir a ver esa película, y es que había hablado tanto de ello, que fue imposible para Ikki olvidarlo.



                   - Los compraré mañana antes de la función.


                   - ¿QUÉ? – Hyoga se puso de pie y fue hacia el perchero - Ikki… es un preestreno, no los vas a conseguir si no sales ahora mismo a buscarlos – la seriedad con que hablaba el ruso y sus expresiones por demás dramáticas hicieron reír al Fénix – Ikki, es en serio… - tomó la chaqueta del mayor y se la dio.


                   - Ten – le dio un sobre y el rubio sonrió para después abrirlo.


                   - Ya los tienes… - iba a abrazar a Ikki pero cuando se le acercó, algo en la expresión del mayor lo detuvo - genial… ya quiero que sea mañana… espera… son tres… - no pudo evitar ponerse serio - ¿Vas a invitar a alguien más? – pensó de inmediato en la rubia con la que Ikki salía a veces, nunca se lo había preguntado directamente, pero sospechaba que ya mantenían una relación.



                   - Shun vendrá con nosotros – dijo Ikki con naturalidad y sonrió al ver la cara de preocupación de Hyoga, seguramente ahora se debatía entre aguantar la presencia de Shun o no ir al estreno - ¿Te parece bien?



Hyoga tardó en responder, ¿que si le parecía bien? No, no realmente, pero comprendía que no tenía oportunidad de ganarle a Shun, no podía darle a elegir entre él y el peliverde porque sabía que Ikki elegiría a Andromeda, siempre, por sobre todas las cosas, era su prioridad y ni un millón de años de convivencia cambiarían la situación. Así que intentó poner su mejor cara, tampoco quería amargarle el día a Ikki haciendo algún berrinche.



-                    Sí, está bien – dijo antes de ponerse de pie – Creo… creo que iré a dormir un rato – mintió, en realidad lo que deseaba era estar a solas para pensar en cómo zafarse de aquello.




***




Saga besó el cuello de Camus, le gustaba el aroma del francés, lo embriagaba la suavidad de su piel y la manera en que éste reaccionaba ante sus caricias, bastaba con que pasara sus dedos ligeramente por su nuca para que el sensible cuerpo de Camus se estremeciera por completo.



                   - Espera… aquí no… Milo puede llegar… ahh… - Saga hizo caso omiso y besó sus labios mientras metía la mano por debajo de la camisa del de acuario hasta acariciar sus tetillas – Saga… ahh – gimió – para… Milo sigue molesto… no quiero que se ahhh… enfade más… - a pesar de que sus palabras le pedían que se detuviera, su cuerpo no hacía mucho por apartar al mayor de él.


                   - Está en una junta… tardará unas cuantas horas… - respondió Saga, en realidad estaba excitado, y es que Camus había resultado ser una delicia en la cama, con esa piel pálida en la que podía dejar marcas, la firmeza de su cuerpo y lo estrecho que era, se sentía tan bien estar en su interior, tanto, que de solo pensarlo su miembro se endurecía por completo.


                   - Pero es que… ahh – echó la cabeza hacia atrás cuando sintió cómo Saga bajaba lentamente por su cuerpo, besando, lamiendo y tocando todo aquello que le apetecía.



Estaban tan inmersos en esa vorágine de sensaciones que no se percataron del sonido de la puerta.



***



“Son poco más de dos horas”– pensó en cuanto estuvo en su cama, no iba a morir si se sentaba cerca de Shun, además, éste no podría hablarle porque estarían en el cine. Aun así, lo que menos quería era estar en el mismo lugar que Andrómeda, y no le importaban todos los intentos del peliverde por reconciliarse, no pensaba perdonarlo tan fácilmente. Comenzó a jugar con su móvil, vio que aún guardaba el número de Shun y también notó, con desagrado, que aún tenía el de Aioria, pensó que tal vez era hora de deshacerse de ellos, después de todo, no pensaba volverles a hablar, pero una extraña sensación de angustia se lo impidió.





***



El escorpión entró inesperadamente y se encontró con una escena que no se esperaba… Saga… con Camus… juntos, uno sobre el otro, en su sala, en su sofá… no le molestó enterarse de esa forma que mantenían una vida sexual activa, (a decir verdad, siempre le había dado mucha curiosidad la vida de Camus, desde que estaban en el Santuario), pero sí le fastidió imaginar que quizá no era la primera vez que lo hacían en sabrían los dioses cuántos lugares de la casa. Camus palideció intensamente cuando vio la mirada de enfado del escorpión, sintió que la sangre se acumulaba en sus pies y que pronto no podría mantenerse de pie.



                   - Milo… - Camus no supo qué decir, y el escorpión tampoco se detuvo a escuchar sus explicaciones, tan solo subió rumbo a su habitación – Espera Milo… - dijo mientras acomodaba su ropa, pero el escorpión no quiso escucharlo - Iré a hablar con él – le dijo a Saga.


                   - ¿Quieres que… te espere?


                   - … No, creo que… mejor nos vemos después, ¿te parece?


                   - Está bien – dijo antes de besarlo – cualquier cosa, me llamas.




Esperó a que Saga se fuera, el ruido proveniente del cuarto de arriba lo alertaba un poco, pero aun así se tomó el tiempo necesario para juntar valor y enfrentarse a los reproches del escorpión. Pero ni todo el tiempo del mundo habría sido suficiente para lo que le esperaba.



***



                   - Shun, ¿sucede algo? – preguntó Ikki en cuanto respondió su móvil.

                   
                   - Ahh, solo, me preguntaba qué te dijo Hyoga… ya sabes… de que iré al cine con ustedes… - se escuchaba muy ansioso el peliverde.


                   - Pues… dijo que estaba bien… - la forma en que se expresó el Fénix impidió que Shun se emocionara, aún tenía la esperanza de que todo volviera a ser como antes - ¿Shun? ¿Sigues ahí?


                   - Sí… pero… tengo que irme porque…. Shiryu acaba de llegar con las compras de la semana y… lo ayudaré a acomodar todo en la alacena – Ikki supo que mentía, pero no quiso cuestionarlo y sin más, se despidieron.



Shun se recostó en el sillón, sabía que había hecho mal y aunque lo lamentaba profundamente, ¿cómo iba a disculparse si era imposible acercarse a Hyoga? No respondía sus llamadas, inventaba excusas tontas para escaparse cada vez que iba a visitar a Ikki y lo evitaba por todos los medios posibles, incluso lo había bloqueado en su cuenta de correo electrónico y en todas sus redes sociales. Así que en ocasiones le gustaba torturarse utilizando la cuenta de Seiya para saber de la vida de su ahora ex amigo.



***



                   - ¿Qué haces? – preguntó un tanto aterrado cuando vio que Milo se encontraba en su habitación, sacando todo lo que había en su guardarropa, la mera idea de ver al escorpión tan molesto le causaba una sensación de miedo.


                   - NO, ¡¿QUÉ HACÍAS TÚ?!


                   - No hicimos nada…


                   - No, esta vez no… - caminó por la habitación con expresión severa, luego se detuvo delante de Camus - ¿Sabes qué es lo que me molesta?


                   - Milo… - intentó justificarse el francés.


                   - ESCÚCHAME… - dijo muy serio y Camus guardó silencio – ¡me molesta que seas tan egoísta! – eso sí que lo sorprendió, no es como si dedicara por completo su vida a los demás, eso había quedado en el pasado, pero al menos sabía que no era por completo egoísta – Y que no te importe lo que yo piense… ¡vivimos en la misma casa maldita sea! Deberías al menos respetar eso… pero no, no te importa… - era como si la imagen de Camus se hubiera venido abajo.


                   - Milo, claro que me importa… - intentó acercarse pero el escorpión retrocedió, y esa actitud de rechazo lo lastimó profundamente.


                   - Quiero que te vayas… - pronunció incapaz de verlo a los ojos.


                   - ¿Qué?


                   - Ya escuchaste, quiero que te vayas – a él también le dolía decir esas palabras, sabía que cuando Camus saliera de esa casa quizá no volvería a tener noticias de él.


                   - Pero… - no podía decir que no se lo imaginaba, desde el momento en que vio su ropa esparcida sobre la cama y el suelo supo que el escorpión le pediría algo así, sin embargo, seguía sin poder creerlo.


                   - En verdad… necesito que te vayas… - apretó los puños – porque en este momento ni siquiera soy capaz de verte – a Camus le dio la impresión de que había algo de tristeza en su voz, y quizá fue eso lo que le dio el valor de acercarse e intentar tocar uno de los hombros de Milo – NO – musitó y tomó la muñeca de Camus para después empujarlo hacia la puerta – Te he dicho que te vayas…



Pronto el enfrentamiento comenzó a tornarse violento, Camus solamente se defendía intentando no provocar más al escorpión, pero cuando pensó que las cosas comenzaban a escapársele de las manos, decidió utilizar todo su autocontrol y fuerza para sostener ambos brazos de Milo.



                   - Está bien, no tienes que empujarme ¿de acuerdo? Solo… dame unas cuantas horas…



El escorpión no supo si fue por la seriedad en la voz de Camus, o por su frío contacto, pero algo en aquella frase consiguió despertarlo y darse cuenta de lo que estaba haciendo, sintió que era muy tarde para retractarse y prefirió salir de la habitación, se dirigió al estudio y acompañado de un whisky meditó al respecto. Entonces a Camus en realidad no le importaba vivir ahí o en otro lugar… quizá se iría a vivir con Saga… o quizá ya tenía planeado irse y la discusión fue solo la excusa perfecta para hacerlo sin tener que dar explicaciones… la mente del griego era una maraña de pensamientos que no podía controlar, y el alcohol en su cuerpo se fue acumulando conforme pasaban los minutos.



***



Aioria se estiró después de terminar un reporte de su trabajo y observó a Kanon durmiendo en el sofá, le caía bien Kanon, cuando la lejanía con Milo se hizo más evidente, no le quedó más que refugiarse en el dragón marino y hacerlo su mejor amigo, se convirtió en su primera opción para todo y aun así, había cosas que jamás sería capaz de confesarle, como el motivo por el cuál ahora Hyoga vivía con el niñato de bronce más huraño. El de leo sonrió levemente al pensar en Hyoga, ninguno de ellos eran niñatos ya, la última vez que lo había visto fue en la fiesta de Seiya, el rubio estaba jugando solo, y se hubiera acercado a él de no haber temido una escena o algo parecido, además, ya no veía tan continuamente a Milo, así que había decidido aprovechar el poco tiempo que tenían en común, aunque no fuera más que para molestarlo.



***



Pasaron un par de horas antes de que Milo subiera finalmente a la habitación de Camus, tuvo que sostenerse de todo lo que encontraba a su paso para no caer. No supo si fue por no haber comido antes, pero el alcohol había hecho efecto con relativa rapidez. Vio al francés en el suelo, acomodando algunas cosas en la maleta que guardaba bajo la cama, había recogido la mayor parte del desorden hecho por Milo, pero todavía había ropa en el piso. El escorpión avanzó sin importarle lo que pisaba, en cualquier otra circunstancia, el francés se habría enfadado, pero el momento no estaba como para enfadarse.



                   - Estás ebrio… - musitó cuando observó cómo se dejaba caer sobre su cama.


                   - No te importa… - y solo escuchó el suspiro cansino del de acuario.


                   - Milo… sí me importas… - entonces vio cómo el griego se incorporaba rápidamente.


                   - ¿Entonces por qué te vas tan fácilmente? Sabes que si te vas ya no nos volveremos a ver… - su voz se escuchaba alterada – y no te importa eso, ¿cuánto hace qué vivimos juntos? Y… tan solo tomas tus cosas y… empiezas de nuevo, y te vas a olvidar de mí y no te importa…


                   - Pero si eres tú quién me pediste que me fuera… ¿qué quieres que haga entonces?


                   - ¡Que te quedes! Tan solo quédate… - con algo de recelo, el francés se sentó a su lado en la cama – Siempre me pregunté si no sería más fácil que vivieras con Saga… así no tendría que verte con él ni tú tendrías que esperar a que me fuera para estar con él… pero me doy cuenta… de que prefiero tenerte así… prefiero tener que hacerme a la idea de que están juntos en lugar de perderte para siempre… porque sabes que eso pasará cuando te vayas ¿cierto?


                   - ¿Si me voy me dejarás de hablar para siempre? – preguntó preocupado.


                   - Sí… no te esperaré eternamente… ya no te esperaré nunca más… - le causaba nostalgia ver a Milo en ese estado, que quizá solo hablaba de cosas sin sentido, pero sentía que lo decía en serio, así que decidió terminar de recostarse a su lado y lo intentó abrazar.


                   - Es tarde… deberíamos dormir y mañana hablamos…


                   - Tu cuarto es frío… - musitó – como tu antiguo templo… ¿todos los lugares donde vives son fríos?


                   - No, mi templo sí, pero… aquí es por el árbol que plantamos, creció muy rápido y hace que no le dé sol al cuarto, siempre está oscuro, ¿lo has notado?


                   - Entonces… deberíamos vivir en tu cuarto en verano y en mi cuarto en invierno.


                   - Sí… eso estaría bien – se veía más calmado el escorpión, a punto de quedarse dormido.



Minutos después, le contagió la somnolencia y ya no supo nada más.



***



El día siguiente pasó tan rápido que Hyoga apenas pudo notarlo. Se recostó desde que había llegado de la escuela y esperó impacientemente a que Ikki llegara, sabía que el Fénix llegaría temprano, pero no le había dado ninguna hora, así que prefirió quedarse en su habitación, en lugar de subir corriendo a última hora.



                   - Pato… ¡ya llegué! – vio la luz de la cocina encendida y se dirigió hacia allá – me dijeron que tenemos que llegar al menos una hora an… - se sorprendió al no encontrar a nadie ahí - ¿Pato? – subió a su habitación antes de localizarlo a su móvil, afortunadamente para el Fénix, Hyoga se encontraba envuelto entre un montón de cobijas – ¿Pato? ¿Estás despierto?


                   - Creo que no podré ir… - musitó – creo que tengo fiebre mira – le extendió un termómetro que minutos antes había calentado con agua. Ya se imaginaba algo así el Fénix, así que se acercó y tocó la frente de Hyoga.


                   - A mí no me parece que tengas fiebre – dijo.


                   - Pero mira, tengo 39 grados… creo que lo mejor será que me quede en casa a descansar –se removió entre las sábanas para terminar dándole la espalda a Ikki.


                   - De acuerdo – Hyoga se sorprendió, no esperaba poderlo convencer tan rápido y de pronto le vino a la mente la idea de que Ikki usaría psicología inversa con él, pero no podría engañarlo, creía el rubio que iba un paso delante de él - ¿Te molesta si voy con Shun?


                   - No, no te preocupes, vayan, yo iré el sábado… o… cuando me sienta mejor… que espero que sea el sábado…


                   - De acuerdo, ahh, pero antes de irme, te tomaré la temperatura de nuevo, solo para asegurarme – el rubio sintió cómo lo que parecía ser la rodilla de Ikki se colocaba sobre su espalda.


                   - ¿Qué haces?


                   - En estos casos es más confiable la temperatura rectal… - el rubio se removió con insistencia, pero por más que quiso, no pudo girar su cuerpo, el desgraciado del Fénix estaba poniendo todo su peso y fuerza sobre su espalda y eso desesperó al ruso, que se sentía indefenso en ese momento. El pánico llegó a su punto cumbre cuando sintió una de las manos de Ikki rozar sus caderas.


                   - ¡AHH, NO! Espera Ikki… espera, espera… creo que… ya no tengo fiebre…


                   - Me alegra, porque ahora que lo pienso, creo que no tengo un termómetro rectal – Hyoga giró su cuerpo rápidamente mientras el Fénix se recostaba a su lado.


                   - Imbécil.


                   - Mentiroso.


                   - Folla-rubias – Ikki lo miró un poco desconcertado.


                   - ¿Eso es un insulto? – el ruso asintió – Está bien… cara de niña…


                   - Ah… - suspiró ofendido y se lanzó contra el mayor, quien no hacía más que reírse mientras se defendía de los golpes que le daba el rubio – sí serás cabrón…


                   - Ahh, espera… ya… eso me dolió… - dijo mientras sobaba su brazo recién golpeado.

                   
                   - Qué bueno, ese es el objetivo – Ikki sonrió.


                   - Entonces, ¿irás?


                   - Sí, pero tendrás que comprarme golosinas y un refresco extra grande.


                   - Tú ni siquiera tomas refresco – lo observó con curiosidad.


                   - Lo sé, PERO si pides un refresco extra grande te lo sirven en un vaso edición especial limitada con los personajes de la película, son cuatro, así que si te compras y me compras uno, ya tendríamos dos…


                   - Vaya rubio, se notan que las matemáticas son lo tuyo – dijo con tono de burla y a cambio recibió otro doloroso golpe.


                   - Así solo tendremos que ir a verla una vez más para tener todos los vasos de la colección… oye… ¿qué hubieras hecho si en realidad hubiera estado enfermo?


                   - Quizá habría terminado viendo ese pálido trasero tuyo… - Hyoga no pudo evitar reírse.


                   - ¿Cómo sabes que es pálido? Me gusta tomar el sol desnudo en la terraza cuando tú no estás – esos comentarios descarados del rubio lo desconcertaban, no sabía cómo actuar ante ellos y tan solo se quedaba con expresión aterrorizada hasta que Hyoga hablaba de nuevo cambiando de tema – estoy bromeando… ¿ya nos vamos?


                   - … Sí… te veo abajo.



Ikki salió de inmediato, como si le fuera demasiado tóxico permanecer al lado del rubio. Lamentablemente esa sensación se repetiría días después y no podría hacer nada al respecto.



Continuará…

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