Capítulo 5: Dos felices
Hyoga entró a la cocina donde el fénix terminaba de prepararse un emparedado.
- ¿Ya no saludas patito? – preguntó Ikki después de un rato de silencio absoluto, no es que le molestara, tan solo le parecía raro que después de que el cisne lo buscase casi a diario ahora tan solo le diera por ignorarlo.
- Buenos días… - musitó de mala gana mientras abría la alacena para buscar una barra de cereal y fibra.
Se sentía decepcionado, sin importar qué tantas veces intentara acercarse a Ikki, éste siempre encontraba la forma de deshacerse de él, lo hacía sentirse excluido, parecía que el fénix pasaba de él ignorándolo por completo, y que prefería la compañía de cualquier otra persona. También le daba la impresión de que lo único que tenían en común eran las discusiones y su enemistad hacia Death Mask. Así que, un poco cansado, había decidido darse por vencido, ya no le importaban los secretos de Ikki, si tenía una relación con Seiya o no, ya no deseaba saber al respecto.
- No sé cómo puedes sobrevivir comiendo eso, pato idiota – dijo el fénix y puso la mitad de su emparedado frente al rubio.
- Gracias, pero estoy bien… - dijo ocultando su sorpresa.
Con Ikki nunca sabía lo que pasaba, era como andar a ciegas, algunas veces era amable y lo sorprendía con detalles haciéndolo sentir especial, y es que eso tenía Ikki, la capacidad de hacer que una persona se sintiera importante, entonces cuando Hyoga entraba en confianza y pensaba que había avanzado en su amistad con el fénix, éste se mostraba frío y distante. Y eso terminaba haciéndolo sentir extrañamente mal, no le gustaba la incertidumbre.
- ¿Quieres algo de jugo?
- No – respondió molesto, y se dirigió a la puerta. Le irritaba la amabilidad de Ikki.
- ¿Qué te pasa?
- Nada.
- Vamos pato, te has pasado esta última semana intentando acercarte a mí, ¿y ahora de pronto ya no quieres hablarme?
- Já… entonces ¿lo sabías?… - aunque se veía tranquilo, podía notarse el enfado en su voz – Jódete Ikki…
- Hey… ¿saber qué? – preguntó tomándolo de la muñeca para evitar que se fuera - ¿Qué te hice?
- Sabías que estaba intentando acercarme a ti… - parecía indignado y el fénix no entendía por qué.
- Si… - musitó con algo de duda – Digo, era obvio… te la pasabas casi pegado a mí - Hyoga giró su rostro enfadado - ¿Qué?
- Si lo sabías, entonces ¿por qué te seguías alejando? ¿por qué parezco ser el único al que ignoras?... – el fénix se quedó en silencio – Olvídalo…
- Espera… no te estaba ignorando… - sonrió al ver al ruso casi a punto de hacer su típico berrinche cuando las cosas no salían como las planeaba – En serio… mira… tal vez… podríamos salir hoy… - sugirió con nerviosismo – si quieres…
- ¿En serio? – preguntó sin pensar – Digo… lo pensaré… - musitó dándose importancia y conteniendo las ganas de sonreír.
***
- Vamos al supermercado, ¿ocupan algo? – preguntó Aioros cuando entró a la estancia donde Death Mask peleaba con Kanon por el remoto del televisor.
- ¿Voy con ustedes? – preguntó el menor de los gemelos desde el sofá y el arquero amablemente asintió.
- Ve a cambiarte – casi ordenó Saga.
- ¿No puedo ir así? – el mayor sonrió y lo observó con desaprobación, vestía una pijama, una sudadera y unas pantuflas.
- Bueno, la gente a veces va en pijama a la tienda… no es algo tan raro – dijo Aioros apoyando a Kanon, y es que la cara de decepción y tristeza absoluta del dragón marino era más de lo que el arquero podía soportar.
- Ahh – suspiró Saga – de acuerdo. ¿Tú no vienes? – le preguntó a Death Mask, pero el italiano negó con la cabeza. De lejos se notaba que ocurría algo extraño entre esos tres, y el de cáncer ya tenía suficientes problemas amorosos como para encima ponerse a observar los de los demás.
***
- He estado pensando… en dejar la clase de idiomas… - el comentario de Camus hizo sonreír a Aioria, estaba acostumbrado a que el francés se quejara continuamente de esa clase y que sacara decenas de excusas para no asistir.
De lunes a viernes, era la única clase que tenían los dorados en común. No era parte de su plan de estudios pero Athena insistía en que era importante para su futuro, sin mencionar el interés que tenía la diosa de mantenerlos ocupados y fuera de la casa durante más tiempo por su propia estabilidad mental, y es que fue muy difícil para ella que hubiera tanta gente a su alrededor las 24 horas del día. Antes de la invasión dorada la mansión solía ser relativamente tranquila, a excepción de las discusiones entre Hyoga e Ikki, el constante parloteo de Shun y el ruido incesable de Seiya. Aun así, nada de eso se comparaba con la situación actual, y pensaba que si el Santuario nunca fue un caos, era por la distancia que había entre cada uno de sus templos.
- ¿Por qué? ¿Porque eres el segundo lugar de la clase y no el primero? – dijo con sarcasmo el león mientras buscaba un par de palabras en el diccionario.
- Lo digo en serio, revisé las materias que llevaré el próximo semestre y tengo tiempo de sobra para llevar de nuevo esa clase… - entonces el castaño se incorporó y dejó el diccionario sobre la mesita de noche del de acuario, le sorprendía porque Camus rara vez hacía planes, el francés era más de pensar y no de actuar.
- Vamos Cam… no puedes estar hablando en serio… ¿tanto miedo le tienes a Shaka?
- Já… - el suspiro parecía más una burla inconclusa – Lo dices porque TÚ no estás en su equipo…
Aioria se puso de pie y se acercó al francés que se encontraba en el suelo entre un montón de cojines que utilizaban de sillas cuando se enfrascaban en algún videojuego.
- No creo que sea tan malo… además… también estás con mi hermano…
- Sí, y es el que me ha mantenido con vida… - el león volvió a sonreír ante el dramatismo del francés, le recordaba, en cierta forma, al escorpión.
- De acuerdo… ¿quieres que hable con Shaka? – preguntó mientras se recargaba ligeramente sobre sus hombros para sacudir su cuerpo.
- No… - dijo alarmado – me va a odiar más… - se podía sentir la angustia en la voz del francés y Aioria pensó que estaba exagerando.
Había sido vecino del de virgo durante mucho tiempo y nunca había visto nada malo en él, a decir verdad, era el vecino perfecto, era ordenado, no hacía mucho ruido y nunca se metía en los asuntos de los demás.
- Cami, mira lo que hice para ti – dijo el escorpión con una alegría que se apagó por completo en cuanto notó la presencia del león en la habitación de su adorado francés - ¿Qué hace él aquí?
- Descuida Milo, solo estábamos haciendo la tarea… pero… ya me voy – prefería salir de escena antes de que el drama matutino comenzara.
- ¿Qué estaba haciendo aquí? – preguntó cuando el león atravesó la puerta.
- Ya te lo dijo, tarea.
Había una duda que destrozaba el alma del escorpión.
- Camus….
- ¿Sí?
- Somos amigos… ¿cierto? – el de acuario asintió aunque eso no calmó a Milo. Y es que la duda era tan simple que dolía. Tan grande que el escorpión prefería mantenerla oculta en el rincón más asilado de su mente.
***
- Te gusta… - dijo Saga mientras se recargaba en el carrito de las compras viendo cómo Aioros se alejaba en busca de mermelada de frambuesas.
- No… - musitó Kanon.
- Has estado saliendo con él… - el dragón marino no supo qué le sorprendió más, si el hecho de que Saga estuviera al tanto de sus salidas con el arquero, o que lo dijera de esa forma tan despreocupada.
- Ahh… es porque nos gustan las mismas cosas – dijo intentando justificarse.
Había salido con Aioros alrededor de cuatro veces fingiendo ser Saga, y en cada ocasión ocurría lo mismo, en algún momento el arquero tomaba el rostro del gemelo entre sus manos y lo observaba intentando reconocerlo, Kanon mordía el interior de sus labios para no sonreírle y siempre le parecía ver algo de tristeza inundando las facciones del de sagitario justo antes de que lo soltara. Nunca le molestó fingir que era su hermano mayor, el problema fue que entre más tiempo pasaba con el arquero siendo Saga, más difícil se le hacía mantenerse alejado de él siendo Kanon. Y moría de ganas de abrazarlo pero no podía hacerlo porque en teoría ellos no eran muy cercanos. Así que no tardó en pedirle (por su cuenta) que saliera con él. Aioros se sorprendió un poco, su contacto con el dragón marino había sido muy limitado hasta ese momento, pero terminó accediendo, y a partir de ahí salieron en tres ocasiones más. No tardaron en acercarse dentro de la mansión, más bien era Kanon quien buscaba al de sagitario con frecuencia y cada vez que podía.
- Aioros… está enamorado de mí… - dijo Saga y una leve sensación de pesar invadió al menor de los gemelos.
- Lo sé…
- Quizá tanto como Shura lo está de ti… - Kanon dejó de juguetear con las cosas que llevaban para poder ponerle atención a su hermano, jamás había visto el panorama completo aunque sí le pesaba no poder corresponderle al español – Y a mí me gusta él quizá tanto como a ti te gusta Aioros…
- A mí no… - intentó negarlo pero Saga lo interrumpió.
- Kanon… te la pasas pegado a él todo el día…
- No yo… - le habría gustado poder decir algo convincente pero ciertamente no sabía qué.
Sí le agradaba Aioros, es decir, el arquero lo escuchaba, le hacía chocolate caliente cuando lo veía temblando de frío, le ayudaba con algunas de sus tareas y se ponía de su lado cuando Milo lo molestaba, también era bueno en los videojuegos y se divertía en extremo con él, ¿qué más podía pedir? Entonces… quizá sí, tal vez sí le gustaba un poco, incluso puede que le gustase mucho, pero sabía de antemano que el arquero solo tenía ojos para alguien, y ese alguien era Saga.
- He pensado… que podríamos ayudarnos – le parecía tentadora la oferta pero no tenía ni idea de qué era exactamente lo que planeaba Saga – Si decepcionas a Shura… yo destrozaré las esperanzas de Aioros…
- … ¿Qué? – musitó un poco incrédulo.
- Solo tienes que...
- No, Saga… - lo interrumpió porque no quería saber los detalles - No quiero que le hagas daño a Aioros, él no se merece algo así… ni Shura… ¿Se supone que te gusta? Porque la verdad no parece…
- Ahh… - suspiró – Escucha, ¿cuál es la probabilidad de que vayas a corresponderle a Shura? – Kanon no respondió – Si lo decepcionas será más fácil que te olvide y yo podré intentar algo con él… pasará lo mismo con Aioros… Es mejor dos personas felices a cuatro tristes ¿no crees?
- ¿Y por qué tenemos que ser nosotros dos los que consiguen lo que quieren? – le dolía la mera idea de Saga lastimando a Aioros, y es que en varias ocasiones, cuando buscaba al arquero para contarle cualquier cosa, escuchaba su sollozo apagado, y aunque nunca supo a qué se debía, siempre tuvo la impresión de que la causa era Saga.
- Kanon – dijo tomándolo por los hombros – mira, piensa que, sin importar qué tanto daño le haga, tú estarás ahí para sanar sus heridas… y estoy seguro de que… con el tiempo será feliz contigo… porque no habrá nadie que lo vaya a amar más que tú…
Le gustaba la idea de hacer feliz a Aioros, su sonrisa era lo que más le gustaba de él y habría dado cualquier cosa para que no estuviera triste nunca, y esa era la razón por la cual el plan de Saga no le agradaba.
- Lo haces ver como si fueras a hacer algo bueno – sonrió aunque no tenía muchas ganas de hacerlo – Además, que deje de sentir algo por ti no significa que se vaya a fijar en mí… - musitó.
- Lo hará… estoy seguro… ahh – suspiró – Yo haré mi parte… espero que hagas la tuya… - dijo avanzando por uno de los pasillos.
- Espera… Saga… no quiero que lo lastimes…
- Yo haré mi parte… - volvió a decir y Kanon lo sintió como una especie de advertencia.
- Lo encontré – dijo Aioros cuando regresó mientras les mostraba el frasco de mermelada - ¿Qué pasa? ¿Por qué tan serios?
***
- Uhh… - Shaka intentó controlarse y respiró profundamente un par de veces, quería moler al italiano a golpes.
Se encontraba en el jardín estudiando para un examen, y pudo haberse encerrado en el estudio o en su cuarto, pero la mansión era demasiado fría y quería aprovechar los escasos rayos del sol para calentarse un poco. Todo iba bien hasta que Death Mask no tuvo otra mejor idea que ponerse a jugar con uno de los perros, no es que le molestara, de hecho, a él le encantaban los animales aunque era alérgico a los gatos, el problema era que el italiano se empeñaba en lanzar la pelota cerca del rubio y terminó golpeándolo en varias ocasiones. Se quitó los lentes para que sus ojos descansaran un poco y un sonido lo alertó tan solo para darse cuenta de que la pelota en cuestión se acercaba a toda velocidad hacia su rostro.
- Ah… - cerró los ojos por inercia y esperó el golpe pero éste nunca llegó.
- ¡Hey, ten más cuidado! – le gritó Aioria lanzándole la pelota de regreso.
- Gracias… - musitó el rubio un poco consternado.
- Te traje café… lo hizo Shiryu, así que no te preocupes, sabe bien… - el de virgo se quitó los guantes para tomar el termo que le ofrecía el de leo.
- Que amable… - dijo sin quitarle la celeste mirada de encima.
- Te estaba viendo por la ventana… te ha estado molestando… - señaló al italiano con un ademán.
- No… solo tiene mala puntería…
No pudo evitar verlo fijamente cuando hizo ese comentario, y es que no entendía por qué Camus se empeñaba en insistir que Shaka tenía algo contra él. A simple vista el rubio era la paciencia personificada. Era ordenado, tranquilo, responsable, quizá el único “pero” que le ponía era esa seriedad que le parecía excesiva, pocas veces lo había visto sonreír, lo cual era una lástima porque el rubio tenía una sonrisa preciosa.
Pensó, que quizá Camus exageraba, si Shaka podía tolerar a un tipo como Death Mask, entonces sería facilísimo que se llevara bien con el francés, que era infinitamente más agradable que el italiano.
***
Pasaron varios días antes de que Hyoga accediera a salir con Ikki, aunque lo cierto era que estaba ansioso por saber a qué clase de lugar iría con el fénix. Y es que el peliazul nunca decía a dónde iba y muchas veces ni siquiera estaban seguros de que fuera a regresar. El primer lugar al que lo llevó Ikki fue a una conferencia, le dijo que en su facultad los habían obligado a ir pero que ese tipo de eventos eran entretenidos, así que confiando ciegamente en él, el cisne accedió. No pasaron ni diez minutos cuando creyó morir de aburrimiento extremo y se esforzó al máximo para que Ikki no lo notara. Lo único que le sorprendió fue que habían asistido muy pocos alumnos.
- ¿Qué te pareció? – preguntó el mayor.
- Pues… no entendí casi nada… pero… me gustó la forma en que ese sujeto explicaba… todas esas cosas – no tenía ni la más pálida idea de lo que se había hablado en la conferencia porque su mente había huido obligando a su cuerpo a mantenerse despierto.
- ¿Quieres ir al cine?
- ¡Claro! Me parece genial… - lo veía como una especie de recompensa por haber soportado tanta tortura. Pero en cuanto vio el título de la película que había elegido Ikki, todas sus esperanzas y su ánimo se vinieron abajo.
La película en cuestión era malísima, quizá la peor del año, incluso podía calificarse como la peor película de la historia y no entendía por qué era justamente esa la que había elegido Ikki. Lo único que mantuvo al cisne con vida y en su asiento, fue el montón de golosinas que compró el fénix, y aún con toda la glucosa corriendo por sus venas, terminó dormitando para despertar justo para ver los créditos.
- ¿No te gustó la película? – le preguntó Ikki cuando salieron, la temperatura había descendido un poco así que se abrazó a sí mismo mientras observaba cómo el rubio no parecía inmutarse ante el frío.
- Sí… estuvo magnífica… - mintió.
- Já, te la pasaste dormido…
- Es que… estaba muy cansado… pero… lo que vi me pareció estupendo.
- Ahh… entonces, supongo que la idea de ir a tomar algo queda descartada ¿cierto? – el ruso abrió los ojos sobremanera, por fin un lugar que hablara un poco de las preferencias del fénix, se preguntó morbosamente si se trataría de un bar gay, jamás había ido a uno y la curiosidad lo estaba matando.
- Me encantaría ir…
- Pensé que estabas cansado – dijo mientras subían al auto.
- Sí… pero… digo, ya que estamos afuera… además, todavía no oscurece por completo y… mañana es sábado, podré dormir todo el día… - el fénix sonrió y después de conducir por lugares que el rubio no reconocía, llegaron a un bar.
Tenía un aspecto sucio y peligroso, tanto, que olvidando que era un santo de Athena, el rubio se acercó más a Ikki, esa no era la clase de lugar en la que se imaginaba al fénix, ¿qué acaso no era gay? La noche transcurrió sin percances hasta que Hyoga se animó a cuestionar a Ikki.
- ¿Vienes a este lugar con Seiya? – preguntó antes de darle un sorbo a su bebida.
- He venido con él… a veces… - y la respuesta no le dijo absolutamente nada.
***
Kanon fue hacia Aioros en cuanto lo vio llegar, tenía que enseñarle su disfraz para la fiesta anual de la fundación, también quería contarle de la película de terror que había visto esa tarde y de cómo había asustado a Seiya.
- Aioros, mira este disfraz, lo conseguimos en… - dijo emocionado pero el arquero no parecía escucharlo.
- Estoy… cansado Kanon… mañana me cuentas… - dijo de forma apresurada y sin despegar la mirada del suelo.
- ¿Qué pasa? – preguntó porque sin importar lo ocupado o cansado que estuviera Aioros, siempre se daba el tiempo para escuchar a los demás.
- Nada – el dragón marino tomó el rostro del arquero entre sus manos para examinarlo como tantas veces había hecho el castaño con él. Quería verlo a los ojos pero la mirada huidiza del de sagitario se lo impidió – Mi hermano te hizo algo, ¿cierto?
- No… - negó de inmediato - ¿Sabes? Ahora… no tengo muchas ganas de hablar – se deshizo del agarre del gemelo pero éste lo siguió.
- Me quedaré callado… - tenía la sensación de no querer dejarlo solo.
- No es eso, es que… - se contuvo porque estaba herido y no quería que su dolor contagiara a alguien más, en especial a Kanon.
- ¿Qué? – insistió apretando un poco su muñeca.
- Tú sabes… - buscó con cuidado las palabras porque no quería lastimarlo, pero conocía lo terco que podía ser el dragón marino y sabía que no desistiría a no ser que Aioros le diera una buena razón – sabes que te aprecio mucho… pero… no me siento capaz de verte en este momento… - terminó musitando.
El dragón marino lo soltó de inmediato y, desde el fondo de su alma, quiso disculparse por tener el mismo rostro de Saga, por su mente pasaban miles de cosas que le habría gustado decirle a Aioros, pero el dolor en su garganta le impedía pronunciar palabra alguna.
Aioros entró a su habitación y Kanon se quedó recargado en la puerta, preguntándose qué podía hacer por él. Se fue deslizando hasta sentarse en el suelo, le habría gustado sanar sus heridas, sentía, que debía hacerle compañía aunque éste no se diera cuenta. Los últimos rayos del sol se filtraban por la ventana dándole un aspecto sepia a toda la mansión. Había algo triste en los atardeceres, no le gustaban pero no sabía por qué.
***
No supo cuánto tiempo estuvo afuera de la habitación de Aioros. Le había parecido una eternidad y entonces una idea surcó su mente.
El arquero escuchó el golpeteo en su puerta y tuvo la sensación de que se trataba de Kanon.
- Adelante… - una leve sonrisa se instaló en su rostro cuando lo vio ahí, de pie en la puerta con una ridícula máscara cubriendo su rostro - ¿Ese es el disfraz que me ibas a mostrar? – preguntó con aparente tranquilidad.
- Puedo ser él… - la tenue sonrisa desapareció de los labios de Aioros - Si quieres… - sí, estaba dispuesto a perder su personalidad y adoptar la de Saga si con eso podía permanecer al lado del de sagitario – puedo dejar artes… y entrar a derecho – musitó con voz temblorosa porque se lo estaba diciendo muy en serio – No te aseguro que me gradúe a tiempo, pero me esforzaré por no dejar ninguna materia… puedo vestirme como él, incluso puedo robar su ropa si quieres… - sonrió porque ya había planeado qué le diría a Saga cuando descubriera que le faltaba ropa.
- ¿Por qué harías eso? – la pregunta lo desconcertó.
- ¿No es obvio? – Aioros intuyó la respuesta pero segundos después Kanon se lo confirmó – Porque te quiero, y quiero estar contigo...
¿Qué se decía en esos casos? Si no correspondía al amor de Kanon, ¿qué podía decir al respecto? ¿”Gracias”? Y como si el menor de los gemelos pudiera leer sus pensamientos, se limitó a tomar su mano acostándose a su lado mientras entrelazaba sus dedos con los del arquero.
- No digas nada… no tienes que decir nada, puedes pensarlo…
Y lo hizo, lo pensó.
Continuará…
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