Capítulo 4: Promesas rotas – El arma de dos filos
Aioria tenía una fijación con su cabello, invertía en él casi 25 minutos cada mañana antes de salir a trabajar. Le gustaban las fritatas y los postres de chocolate. Dejó de comer en casa cuando recibió el primer ascenso y ya no iba al gimnasio. Su canción favorita se llamaba “Cooling”, la escuchaba al menos una vez al día. Con el segundo ascenso dejó de cenar en casa porque llegaba muy tarde. Nunca iba a la iglesia. Durante años tuvo un bate de baseball apoyado en la pared al lado de la cama, pensaba usarlo por si un día alguien entraba a su casa (aunque en el fondo sabía que no lo necesitaba), luego lo puso bajo su cama. Tenía 30 años, 5 de los cuales había estado al lado del de aries. Siempre creyó que él y Mu estaban hechos el uno para el otro aunque también pensaba que hablaban dos idiomas distintos y que sin importar cuánto lo intentaran, no eran capaces de comprenderse, nunca había tenido el valor de decirle ninguna de esas cosas.
- ¿Esa es la ropa que usarás mañana? – preguntó cuando el de aries colocó una camisa gris acero sobre la cama.
- Sí… pensaba usarla con un saco blanco, aunque todavía no estoy muy seguro.
- ¿Saco? – lo abrazó por la espalda, le gustaba el aroma de su cuerpo – Es un evento informal…
- No, no lo es, es algo importante.
- Solo es un día de campo – y entonces el pelilila lo observó con curiosidad, y ambos se dieron cuenta de que hablaban de dos eventos distintos.
Se quedaron en silencio unos segundos, intentando leerse sin conseguirlo.
- No… - dijo Mu adelantándose a cualquier cosa que Aioria le fuera a decir – No iré…
- Tienes que venir… Es… un día de campo familiar, eres mi pareja, debes estar ahí…
- Aioria… mañana es la inauguración de la nueva exposición… y te lo dije con tiempo – recalcó y se aguantó las ganas de reclamarle que nunca lo escuchaba.
- Es solo una exposición…
- … Ja… Es SOLO un día de campo… - Aioria suspiró cansado – Te lo dije desde hace un par de semanas – añadió a su favor.
- ¿A qué hora es?
- Empieza a las ocho pero tengo que estar ahí al menos una hora antes.
- De acuerdo… vamos al día de campo y nos regresamos temprano.
Supo muy en el fondo, que el león no cumpliría su palabra, tan solo tenía la sensación de que algo saldría mal y estuvo a punto de decirle que no aceptaba el trato, pero entonces vio en su rostro esa expresión que siempre lo convencía y no pudo hacer otra cosa más que creerle.
***
El español y el hindú se podían leer mutuamente. Un intercambio de miradas, una sonrisa y una pequeña señal que pasaba desapercibida para los demás, era un diálogo completo entre ellos. Eran perfectos el uno para el otro, incluso se veían bien en las fotografías donde salían juntos. Quizá ese fue el motivo por el cual Shura fingió sorpresa al ver que el rubio guardaba todo en una caja.
- ¿Qué haces? – preguntó el español mientras se recargaba en el marco de la puerta.
- Estoy limpiando… - Shaka no lo miró a los ojos, de haberlo hecho habría sido descubierto mintiendo, y se sintió terrible cuando se dio cuenta de lo que hacía – Algunos del trabajo vendrán a cenar pasado mañana… - Shura lo dejó hablar porque adoraba su voz aunque muchas veces le dolía lo que decía – Alguien dijo que nunca habían venido a mi casa así que… prácticamente me forzaron a hacerlo – intentó sonreír – así que… ahora estoy limpiando… Pero si no estás de acuerdo inventaré alguna excusa para deshacerme de ellos – eso último fue lo único sincero que había en su discurso y ambos lo sabían.
Y se quedaron en silencio.
- Lo lamento – musitó Shaka aunque no era necesario, el de capricornio podía ver la culpabilidad en su mirada.
El español se acercó al rubio y tomó una de las fotografías. Shura sonreía a la cámara y Shaka parecía decirle algo mientras miraba divertido hacia otro lado. El de virgo insistió en borrar la imagen pero el mayor se negó, y es que le gustaba esa expresión tan relajada que pocas veces veía en el rostro de Shaka.
- ¿Bastará con quitar todas las fotos… o también tengo que quedarme dentro de la habitación?
- Shura… Esta casa es tanto tuya como mía… - sí, eso lo sabía, pero no respondía a su pregunta.
- Supongo que buscaré algo que hacer – dijo porque de antemano sabía la respuesta.
Shaka tomó el rostro del mayor y lo miró fijamente unos instantes.
- Te amo…
- Lo sé.
- Pero todavía no sé cómo hacer esto… - también lo sabía, y es que eso de leerse mutuamente terminaba siendo un arma de doble filo.
***
Mu bajó del auto azotando la puerta, y es que esa fue la única forma que encontró de descargar la ira que sentía en ese momento.
- Ya te dije que lo sentía – musitó el león.
- Y yo te escuché la primera vez que lo dijiste.
- ¿Y por qué sigues molesto?
- Porque lo hiciste a propósito…
A las 17:30 horas había buscado a Aioria con la mirada, sin mucho éxito decidió enviarle un mensaje de texto, pero apenas tomó el móvil y el león lo arrastró con él hacia un grupo de gente.
- Me tengo que ir ya – había dicho Mu.
- Solo serán diez minutos – respondió el castaño con una sonrisa, pero los diez minutos se convirtieron en horas y terminó llamando a su compañero de trabajo para avisar que había tenido un imprevisto y que no alcanzaría a llegar a la inauguración. Así que ahora estaba tan cabreado que solo podía pensar en estampar al idiota de Aioria contra la pared.
El león había musitado una disculpa mientras iban en el auto de regreso a casa, pero a cambio obtuvo un casi inaudible “sí” como respuesta. El sonido en los arbustos los puso alerta y la imagen del bate bajo su cama vino a la mente de Aioria, por su parte, el pelilila avanzó y con un rápido movimiento tomó por el cuello al sujeto que se ocultaba en las sombras.
- Calma… carnerito, calma… soy yo – musitó el intruso.
- Kanon… - dijo el de aries con sorpresa - ¿Qué hacías escondido?
- Lo siento… los escuché discutir y… no quería entrometerme - ¿de cuando a acá al dragón marino le preocupaba inmiscuirse en los asuntos de los demás? La maleta apoyada a su lado llamó la atención de Mu y volteó a ver al de leo en busca de respuestas.
- … Me preguntó si se podía quedar con nosotros un tiempo – dijo Aioria.
- Ah…
- Pero, si es un mal momento lo entiendo – dijo Kanon de inmediato, una cosa es que le gustara ser cotilla y otra muy diferente que le gustaran los problemas – Iré con Saga… creo que es un buen momento para hacerla de tío… solo he visto a su hijo un par de veces y la verdad creo que en ambas ocasiones me confundió con Saga…
- No… no es un mal momento, puedes quedarte el tiempo que quieras – dijo Mu, encontraba algo adorable en Kanon cada vez que hablaba con él. Tal vez era el hecho de que fuese idéntico a Saga.
Le mostró la casa, era enorme y no pudo evitar reírse cuando Kanon le pidió con toda la seriedad del mundo que le hiciera un mapa. Cenaron waffles y ensalada de frutas dulces.
Continuará…
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