lunes, 14 de enero de 2013

Capítulo 3: El secreto de Ikki - Febrero 23.2010

Capítulo 3: El secreto de Ikki



El primer beso fue impulsivo, incluso el mismo Siegfried se sorprendió al sentir los labios de Lune sobre los suyos, se separaron un instante, se observaron y se volvieron a besar, ahora abriendo un poco la boca para explorarse mutuamente, sus manos se deslizaban ansiosas sobre la ropa del otro.



                        - Ahh – gimió Lune – Siegfried…



El de Asgard lo empujó hasta la cama y se puso de rodillas delante de él, lo pensó unos segundos y por un momento Lune temió que se fuera a arrepentir, pero sus temores fueron borrados cuando sintió la húmeda y cálida lengua de Siegfried sobre su miembro, separó las piernas por instinto, excitado, quería que se lo follara con fuerza, que lo penetrara de una sola estocada en todas las posiciones posibles. Pero el rubio estaba tan concentrado lamiendo su miembro y acariciando sus endurecidos testículos que Lune tuvo que detenerlo para no correrse en su boca.



                        - No tan rápido – dijo Lune para jalar a Siegfried de la mano y hacer que se recostara sobre él. Sus miembros se frotaron intensamente, hasta un punto en que tanta excitación se volvía dolorosa.


                        - ¿Tienes preservativos? – musitó Siegfried y Lune lo observó como si fuera una broma.


                        - No – acarició el miembro del rubio que ahora estaba en completa erección.



Siguieron frotándose hasta que se dieron cuenta de que ninguno tomaba la iniciativa.



                        - ¿Quieres que me ponga en cuatro? – musitó con voz ronca Lune, y el de Asgard se vio muy confundido.


                        - Espera… tú quieres que yo… - entonces los dos se sonrojaron inevitablemente – por lo regular no soy yo quien…


                        - Ahh – dijo Lune un poco decepcionado.



Que desperdicio de cuerpo – pensaron ambos al mismo tiempo.



***



                        - Minos llegó hace mucho – dijo Aiacos cuando se encontró con Radamanthys viendo el televisor.

                        
                        - ¿Y eso qué? – respondió Radamanthys.


                        - ¿No habías ido a espiarlo?


                        - ¿Estás enojado por algo?


                        - Olvídalo.


                        - No, espera… ¿estás enojado? – Aiacos ni se detuvo ni volteó – fui con Kanon y Shura a beber un poco, pero regresamos porque Kanon es un llorica y no aguantó. Espera… ven, veamos películas.



Entonces Aiacos regresó sobre sus pasos y se quedó ahí, a su lado.



***



Lune entró a la habitación pensando en darse una ducha. Su cuerpo aún se sentía palpitante. Buscó algo de ropa limpia y entonces su mirada se topó con Minos, se encontraba sentado en el suelo al lado de la cama, traía lentes de sol, bermudas y sandalias. Vaya, el glamour le duró poco – pensó.



                        - ¿Qué? ¿Se te perdió la playa? – dijo burlándose del juez antes de arrebatarle los lentes de sol, Minos intentó impedirlo pero fue demasiado tarde.



La sonrisa de Lune se heló en sus labios al ver los ojos enrojecidos del juez, al parecer había estado llorando.



                        - ¿Qué pasa? – se colocó en cunclillas a su lado para quedar a su altura.


                        - Nada – respondió y desvió la mirada.


                        - ¿Hay algo que pueda hacer por ti? – preguntó con la mayor sinceridad, era cierto que a veces no se toleraban, pero aún así le dolía el dolor de Minos.


                        - Sé que todos ustedes piensan que soy un idiota – dijo con tristeza y algo de enfado.



No es que lo pensemos, es que lo eres – pensó Lune pero no tuvo ni el ánimo ni el corazón de decírselo.



                        - Olvídalo… - dijo volviéndose a colocar los lentes - ¿Qué pasó contigo y Siegfried?


                        - Já, pues… no funcionó… no teníamos los mismos gustos… o sí los teníamos… - se confundió un poco – en fin… tan solo no funcionó…


                        - Ahh… lo lamento…


                        - No te preocupes, ahora… me iré a duchar.



A pesar de que Lune no dijo nada al respecto su sola presencia hizo Minos que se sintiera más tranquilo. Escuchó el correr del agua de la regadera y se puso de pie para acercarse silenciosamente. No pudo evitar sentirse excitado cuando vio el agua deslizándose pecaminosamente por el cuerpo de Lune, éste se acariciaba el miembro con lentitud y luego una de sus manos separó sus nalgas para intentar penetrarse con su dedo medio, mordía sus labios para no gemir, introdujo con dificultad la punta, y entonces un gemido llamó su atención. En la puerta se encontraba Minos, observándolo con lujuria, se había despojado de los ridículos lentes y tenía la mano dentro de las bermudas.




                        - ¿Qué haces aquí? – gritó Lune arrojándole un bote de acondicionador con forma de osito, al parecer era el cuarto de baño de Shun. 


                        - ¿Qué? ¿Es para que te lubrique? – preguntó mientras tomaba algo de acondicionador y lo ponía sobre la punta de su miembro – ahh – se quejó – está frío… - se terminó de desnudar y se acercó a Lune, metiéndose bajo el agua a su lado.


                        - Minos… - pensaba quejarse pero los labios del juez sobre su cuello y sus dedos hurgando entre sus piernas hicieron que se tuviera que recargar sobre la pared.


                        - Te he traído ganas desde que te conozco.



Sus cuerpos húmedos y ahora tibios se acariciaban con suavidad. Entonces sus labios se juntaron por primera vez.



                        - Date la vuelta – musitó Minos mordiendo suavemente el lóbulo de la oreja de Lune y empujó un poco sus caderas para apoyarse sobre él, luego comenzó a acariciar su miembro ya endurecido mientras deslizaba el suyo entre las nalgas del menor.



Colocó la punta  en la entrada de Lune y empezó a abrirse paso lenta y dolorosamente, Lune se quejó y por instinto intentó librarse de la invasión, pero pronto comenzó a mezclarse con el dolor una placentera sensación, le gustaba sentirlo dentro, alcanzando puntos tan sensibles que sus piernas amenazaban con no poder sostenerlo más, Minos musitaba frases obscenas en su oído y seguía embistiendo con fuerza, hasta donde le era físicamente posible para después salir con lentitud y casi por completo para volverla a meter de lleno haciéndolo gemir.



                        - Ahh – su semen salió disparado ensuciando las manos de Minos, éste embistió un par de veces más antes de ir llenando el interior de Lune con su esencia.



Lune se recargó sobre la pared, se sentía agotado, luego se giró para quedar de frente a Minos y lo besó. El semen resbalaba con lentitud entre sus piernas.



                        - Me gustas mucho Lune…


                        - Espera… no me digas que… estabas triste por… lo de Siegfried…


                        - Es que… sucedió tan rápido, apenas lo conocías y yo… siempre te he querido…


                        - Pero… te la pasas acosando a todo el mundo, conociéndote, no me sorprendería de que incluso te hubieras tirado a Zeros – el rostro del juez enrojeció levemente – ¡oh por todos los dioses! Minos, has perdido el poco respeto que te tenía…


                        - Pero sólo me la acarició, es que yo estaba ebrio, no sabía lo que hacía…


                        - Que asco… - se separó un poco de Minos riéndose – no me toques con tus manos llenas de baba de sapo…


                        - Pero yo no lo toqué a él…


                        - Que asco… - seguía repitiendo Lune mientras se abrazaba al cuerpo de Minos para acariciarse nuevamente. Tomó una barra de jabón y comenzó a pasarla por los testículos del juez quien no tardó mucho en volverse a excitar.


                        - Es tu turno – le quitó la barra de jabón y se la pasó entre las nalgas, introduciendo un dedo en su interior.



***



Alberich se encontraba afuera del cuarto de Ikki, había hecho una copia de la llave con amatista y hasta ese momento tuvo tiempo de usarla, tenía que aprovechar que Ikki había salido de la mansión, escuchó que estaba con Mu, pero no supo si era cierto. Estaba a escasos segundos de colocar la llave en la cerradura cuando sintió la mano de alguien sobre su hombro. Se sobresaltó un poco hasta que se giró para toparse con Phenril.



                        - Alberich, tienes que venir, es una emergencia.


                        - ¿Qué? ¿qué pasa?


                        - Vamos, ven…



Casi a empujones consiguió Phenril llevarlo hasta la sala, y en medio de todo el alboroto, Alberich no se dio cuenta de que había dejado caer la llave.



***



Cuando Siegfried salió de la habitación, seguía sintiéndose incómodo, le dolía un poco la entrepierna y decidió asomarse al pasillo para ver si podía tener unos minutos a solas para poder descargarse, pero se topó con Tholl quien iba saliendo de su habitación, la cual compartía con algunos de los dorados. Traía en sus manos una pelota de espuma, se sentía demasiado estresado.




                        - Siegfried… lo he pensado mucho y… - se acercó al rubio y la pelota cayó de sus manos. Se agachó para recogerla - ¿Qué es esto? – el rubio, que estaba delante de él, temió que hubiese notado semejante erección, pero en cambio Tholl recogió lo que parecía ser una llave de vidrio rojo, a ninguno se le ocurrió pensar que se trataba de la amatista de Alberich – ¿será de esta habitación? – preguntó insertándola en la puerta del cuarto de Ikki.


                        - ¿Qué era lo que pensabas? – interrumpió antes de que girara la perilla.


                        - Ahh… sí… creo que debo decirle a Athena, que quizá yo quemé su odioso libro…


                        - Pero… dices que no recuerdas sobre qué apagaste tu cigarrillo.


                        - Y es cierto, no lo recuerdo, pero… de los que fumamos, ¿qué probabilidad hay de que alguien más…


                        - ¡TATSUMI! – gritó Athena, y con terror en la mirada Tholl se metió a la habitación de Ikki arrastrando a Siegfried con él.



El rubio comenzó a reír.



                        - ¿No pensabas decirle a Athena? Já, que poco te duró el valor – solo con Tholl solía mostrarse menos estricto.


                        - Mira… - sonrió con una expresión extraña que Siegfried no pudo reconocer.



***



                        - ¿Para qué me querían? – preguntó Alberich fastidiado.


                        - Mira, viene un acertijo en este juego, léelo y dinos qué piensas que puede ser la respuesta… - Bud y Phenril lo observaron muy serios.


                        - ¡¿QUÉ?! ¡¿ME LLAMARON POR UN ESTÚPIDO VIDEOJUEGO?!


                        - Bueno, eres el único que nos podía ayudar, tú lees mucho… y… no hay nadie que sea más inteligente que tú – Bud sabía cómo adular el enorme ego de Alberich, quien un poco más calmado se sentó frente al monitor y comenzó a leer para poder pensar en la respuesta.



***



Miraron a su alrededor, había un montón de posters, películas porno y una serie de dildos, algunos todavía en su empaque original y sin abrir.



                        - ¿De quién es esta habitación? – dijo Tholl extasiado.


                        - Más que habitación parece una sex shop…


                        - Siempre he querido tener una sex shop… - Siegfried lo observó antes de negar con la cabeza como si no estuviera de acuerdo con la idea.


                        - No deberías de husmear en una habitación ajena – dijo Siegfried pero Tholl no le hizo caso y encendió el televisor para toparse con una película porno a medias, se sentó sobre la cama divertidísimo. Al parecer los santos de Athena no eran tan Santos como decían - Será mejor que nos vayamos – insistió Siegfried con autoridad.



Tholl lo observó y su mirada de inmediato se dirigió a su entrepierna.



                        - ¿Estar tan cerca de mi te puso duro?


                        - Idiota.


                        - Pero así te gusto – dijo acercándose a Siegfried. Atrapó sus muñecas y lo llevó hasta la cama.


                        - Ya te he dicho que no me acostaré contigo….


                        - Tal vez conmigo no pero… - sacó un dildo de un empaque - podemos jugar un poco…



Siegfried se sintió muy excitado, y aunque intentó ocultarlo terminó por sonreírle al mayor.



                        - Más vale que seas realmente bueno Tholl…


                        - Haré mi mayor esfuerzo.



Comenzaron a desnudarse, y luego Siegfried se recostó en la cama mientras observaba el cuerpo de Tholl, éste buscaba en los cajones algún lubricante.



                        - Vaya, tiene de todo… ¿qué prefieres? ¿Fresa, cereza o vainilla?


                        - No importa, serás tú quien lo pruebe – dijo mientras señalaba su miembro erecto.


                        - Serás cabrón – dijo sonriendo Tholl mientras se arrodillaba en el suelo frente a la cama, el miembro de Siegfried quedaba a la altura de su rostro y rompió el pequeño sobre, contrario a lo que el rubio pensaba, no lo colocó en su miembro sino que lo dejó caer en sus testículos y por la raja de sus nalgas.


                        - ¿Qué haahhh – no pudo terminar la pregunta cuando sintió la lengua de Tholl deslizándose por toda su entrada, separaba sus muslos con sus fuertes manos para hundir el rostro en su intimidad. El rubio deseaba que acariciara su miembro pero al mismo tiempo le gustaba sentir el húmedo roce ahí atrás – ya – dijo con desesperación – haz algo…



Tholl obedeció, sacó uno de los dildos y lo untó con el resto del lubricante, luego empujó levemente sobre la entrada mientras él besaba la punta del miembro de Siegfried. El cuerpo del rubio se estremeció arqueándose, y juntó un poco las piernas mientras sentía el juguete de plástico acariciando su entrada. Tholl se masturbaba con fuerza, estaba empalmado, y gimió junto con Siegfried cuando por fin introdujo el dildo abriéndose paso en sus entrañas.



                        - Ahh… Tholl… - se aferraba a las sábanas con una mano y con la otra acariciaba el cabello de Tholl que seguía entretenido con su miembro.



El mayor siguió metiendo el dildo hasta alcanzar un punto que hizo que Siegfried se estremeciera, y esa visión de su cuerpo sudoroso, sonrosado y palpitante lo obligó a sacar el dildo de su interior.



                        - Lo siento Sieg… ya no aguanto… - los hermosos ojos del rubio se abrieron cuando sintió el peso de Tholl sobre su cuerpo. Luego un sonido mitad quejido, mitad gemido se ahogó en su garganta, había pensado que el dildo era satisfactorio pero no se comparaba con sentir el enorme miembro del mayor en su interior, rozándolo, casi lastimándolo, y tuvo que dejar de respirar hasta que lo tuvo todo dentro, luego, comenzó el delicioso vaivén que apresaba su miembro entre ambos cuerpos. Tholl lo sentía apretándolo, al grado de lastimarlo, pero le gustaba la sensación, se mantuvieron así sin saber cuánto tiempo pasó, hasta que ambos se descargaron casi al mismo tiempo.


                        - Vaya… - dijo Siegfried un poco adormilado – eso fue… - no pudo terminar de hablar cuando se quedó dormido.



Tholl intentó mantenerse despierto para observarlo, pero el sueño lo venció. Ambos se sentían satisfechos y relajados.



***



En la madrugada, cuando el Fénix entró a la mansión se encontró a Alberich obsesionadísimo con un videojuego, Phenril y Bud estaban en el sofá dormidos. Subió a su habitación y cuando abrió la puerta se encontró con los cuerpos desnudos y agotados de Siegfried y Tholl sobre su cama.



                        - ¿QUÉ CREEN QUE HACEN? – gritó después de cerrar la puerta, no quería que los demás habitantes de la mansión fueran a ver qué había pasado. Tholl fue el primero en despertar y Siegfried comenzó a buscar su ropa.


                        - Ya Fénix – dijo el rubio – No querrás que todos se enteren de lo que tienes aquí escondido ¿cierto?



Ikki se quedó en silencio.



                        - Se los guardo a un amigo – dijo como adolescente porque la voz de Siegfried lo hacía sentir así, como un niñato que tiene que justificar sus acciones.


                        - Y nosotros hemos dormido aquí porque nuestras habitaciones eran algo incómodas – dijo Siegfried con tranquilidad.


                        - Comprendo – respondió Ikki ahora dócil. Jamás mencionaría lo que había visto si ellos tampoco hablan respecto a su habitación, de cualquier forma, pensaba cambiarse a algún departamento pronto. Quien sabe, quizá Mu se podría ir con él.



***



A la mañana siguiente Saori les ofreció disculpas a los pocos caballeros, dioses, espectros, y marinas que quedaban, al parecer había sido Julián quien había quemado por accidente el libro, pero como aún estaba enamorado de Saori, temía que eso arruinara la casi nula oportunidad que tenía con ella.



                        - Vaya – dijo Tholl cuando iban rumbo a Asgard – y yo que me sentí culpable todo este tiempo… ¿entonces qué fue lo que quemé aquel día?...


                        - ¡AHHH! – se escuchó un grito a un par de metros - ¡¿QUÉ LE PASÓ A MI CAPA?! – preguntó Syd al ver el agujero dejado por una quemadura de cigarrillo.


                        - Ay no – se quejó Tholl – pensé que se había ido antes junto con Hagen y Mime – musitó.

                        
                        - No, prefirió esperar a Bud mientras tonteaba con Death Mask… - respondió Siegfried con calma.


                        - ¿Ah si?


                        - ¡Sé que fuiste tú Tholl, no necesito interrogarte para saberlo! Pero ya verás cuando lleguemos, haré que te dejen dos semanas sin fumar… - le gritó en cuanto los alcanzó, luego siguió caminando enfadado hasta que ya no lo alcanzaron a ver.


                        - Dos semanas sin fumar - dijo Tholl resignado.


                        - No te preocupes, ya veremos que hacer – le sonrió Siegfried levemente.



Y a partir de ese momento, fumar se convirtió en lo último que pasaba por la mente de Tholl.



FIN

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