Capítulo 24: Tenerte y dejarte ir
Advertencia: Este capítulo contiene lemon!
Shaka se presentó una noche a la puerta de su casa y se debatió entre entrar, llamar a la puerta o irse de ahí. Le daba la impresión de que Shura saldría en cualquier momento alertado por los intensos latidos de su corazón. Tenía todo un discurso preparado, incluso lo había practicado unas cuantas veces cuando iba de camino, y finalmente decidió llamar. El español no tardó en salir, parecía realmente sorprendido de verlo ahí.
- Shaka – musitó extrañado - ¿Olvidaste las llaves? – el rubio negó con la cabeza – Pasa, ¿Cómo has estado?
- Bien… - respondió apenas, y el silencio se prolongó algunos segundos más.
- ¿Puedo ofrecerte algo?
- Un poco de agua estaría bien – no quiso verlo a la cara, pero sí levantó la mirada cuando el de capricornio dio algunos pasos - ¿Es lo mejor para ti? Es decir… - de pronto todo era más difícil de lo que pensaba - ¿Vas a ser feliz con él?
Shura quiso preguntar de qué hablaba, a qué se refería, pero Shaka parecía tan ajeno a todo que no hizo más que regresar sobre sus pasos y escucharlo.
- Te pensé esta mañana… también pensé en ti cuando salía del trabajo y me preguntaba qué estarías haciendo o con quién… y no puedo dejar de pensar en ese tipo de cosas cada vez que paso mucho tiempo sin saber de ti. Imagino que eres feliz con alguien más y me duele que no sea conmigo, que las cosas que haces, los lugares que visitas no sean en mi compañía, me duele que te diviertas con alguien más cuando yo no puedo hacerlo porque nada tiene sentido si tú no estás. Pero yo entiendo, y te prometo que si me dices que vas a ser feliz con Kanon, ya no te molestaré más.
“Kanon”, entonces todo tuvo sentido, algo había hecho el menor de los gemelos para que Shaka actuara como lo hacía ahora.
- ¿Qué te dijo Kanon?
Shaka se presentó una noche a la puerta de su casa y se debatió entre entrar, llamar a la puerta o irse de ahí. Le daba la impresión de que Shura saldría en cualquier momento alertado por los intensos latidos de su corazón. Tenía todo un discurso preparado, incluso lo había practicado unas cuantas veces cuando iba de camino, y finalmente decidió llamar. El español no tardó en salir, parecía realmente sorprendido de verlo ahí.
- Shaka – musitó extrañado - ¿Olvidaste las llaves? – el rubio negó con la cabeza – Pasa, ¿Cómo has estado?
- Bien… - respondió apenas, y el silencio se prolongó algunos segundos más.
- ¿Puedo ofrecerte algo?
- Un poco de agua estaría bien – no quiso verlo a la cara, pero sí levantó la mirada cuando el de capricornio dio algunos pasos - ¿Es lo mejor para ti? Es decir… - de pronto todo era más difícil de lo que pensaba - ¿Vas a ser feliz con él?
Shura quiso preguntar de qué hablaba, a qué se refería, pero Shaka parecía tan ajeno a todo que no hizo más que regresar sobre sus pasos y escucharlo.
- Te pensé esta mañana… también pensé en ti cuando salía del trabajo y me preguntaba qué estarías haciendo o con quién… y no puedo dejar de pensar en ese tipo de cosas cada vez que paso mucho tiempo sin saber de ti. Imagino que eres feliz con alguien más y me duele que no sea conmigo, que las cosas que haces, los lugares que visitas no sean en mi compañía, me duele que te diviertas con alguien más cuando yo no puedo hacerlo porque nada tiene sentido si tú no estás. Pero yo entiendo, y te prometo que si me dices que vas a ser feliz con Kanon, ya no te molestaré más.
“Kanon”, entonces todo tuvo sentido, algo había hecho el menor de los gemelos para que Shaka actuara como lo hacía ahora.
- ¿Qué te dijo Kanon?
- Que tenías dudas acerca de mí, y que él necesitaba que aclaráramos las cosas para poder intentar algo contigo.
- Sí tengo dudas, siempre que pienso en nosotros creo que estábamos bien, que éramos felices juntos, así que me cuesta trabajo entender por qué es tan difícil para ti que nos vean juntos, y no dejo de pensar que es porque te avergüenzas de mí o porque…
- No… eres lo que más quiero en esta vida.
- No… eres lo que más quiero en esta vida.
- ¿Entonces? ¿Por qué sí puedes salir con otras personas y no conmigo? Si dices que me quieres ¿por qué me rechazas de esa forma ante los demás? ¿Tan mala te parece nuestra relación?
- No… me encanta estar contigo, pero esto ha sido difícil… todo esto de adaptarse ha sido más complicado de lo que pensaba. Empecé a escuchar rumores de ti y de mí en el trabajo, cuando aún no éramos nada… y me sentía… presionado, ansioso todo el tiempo, la gente hablaba de si tendría un ascenso gracias a ti, por eso pedí mi cambio, creí que eso solucionaría todo, pero no fue así, fue como si los rumores me siguieran. Me gustaría decirte que tantos años de meditación me ayudaron a estar bien conmigo mismo… supongo que tan solo tengo miedo.
- ¿De qué?
- De lo que digan los demás… no quiero que hablen de ti, ni que te afecten de ninguna forma, no quiero que tengas que preocuparte por nada.
- Espera…
De pronto la conversación había ido por un rumbo inesperado, Shura creía que al rubio le preocupaba lo que la gente dijera de él (de Shaka) pero más bien el de virgo estaba angustiado por lo que Shura pudiera pensar si las personas hablaban del de capricornio. No estaba seguro de entender así que quiso dejarlo lo más claro posible.
- ¿Estás preocupado por mí?
De pronto la conversación había ido por un rumbo inesperado, Shura creía que al rubio le preocupaba lo que la gente dijera de él (de Shaka) pero más bien el de virgo estaba angustiado por lo que Shura pudiera pensar si las personas hablaban del de capricornio. No estaba seguro de entender así que quiso dejarlo lo más claro posible.
- ¿Estás preocupado por mí?
- Algo así.
- ¿Por qué? ¿Piensas que lo que puedan decir va a afectarme?
- No lo sé, tan solo no quería que nadie se interpusiera, y creí que en secreto era más fácil, que si nadie se enteraba, nadie podrá decir nada nunca, que así no cambiarías de opinión y seguirías conmigo toda la vida.
Shura sonrió, y sintió un gran alivio, de pronto se dio cuenta de que todas las cosas que hacía el rubio habían sido pensando en él, por primera vez en algún tiempo se sintió querido, sintió que había encontrado su lugar en el mundo y que ese lugar era a su lado.
- Solo quiero dejarte algo en claro, ¿de acuerdo? – comenzó a decir el de capricornio - Te elijo a ti, por sobre todos, por sobre cualquier cosa y digan lo que digan te elijo a ti, y ni los dioses podrán hacer que deje de amarte.
De pronto Shaka se sintió abrumado, era la primera vez que Shura conjugaba el verbo amar, y tuvo que mirar al suelo porque sentía el rostro muy caliente y temía verse ruborizado.
- Vamos – dijo Shura antes de tomarlo de la mano.
Shura sonrió, y sintió un gran alivio, de pronto se dio cuenta de que todas las cosas que hacía el rubio habían sido pensando en él, por primera vez en algún tiempo se sintió querido, sintió que había encontrado su lugar en el mundo y que ese lugar era a su lado.
- Solo quiero dejarte algo en claro, ¿de acuerdo? – comenzó a decir el de capricornio - Te elijo a ti, por sobre todos, por sobre cualquier cosa y digan lo que digan te elijo a ti, y ni los dioses podrán hacer que deje de amarte.
De pronto Shaka se sintió abrumado, era la primera vez que Shura conjugaba el verbo amar, y tuvo que mirar al suelo porque sentía el rostro muy caliente y temía verse ruborizado.
- Vamos – dijo Shura antes de tomarlo de la mano.
- ¿A dónde?
- Por tus cosas.
- ¿Quieres que vuelva a vivir aquí?
- Siempre lo he querido.
- ¿Y Kanon?
- Ya te contaré en el camino.
Iba en pantuflas, con ropa de casa, con el cabello un poco desordenado y con ese delicioso aroma que lo caracterizaba. Faltaban solo algunos días para navidad.
***
Milo no pensaba andarse por las ramas, no le molestaba tanto el hecho de que Camus siguiera viendo a Helen, sino que no dejaba de preguntarse por qué lo hacía a escondidas, y no podía evitar pensar que quizá se estaba arrepintiendo de estar con él, porque había muchas cosas que ella le podía dar, ¿y si Camus quería una familia? ¿y si se había dado cuenta de que en verdad la quería? Quizá la extrañaba, tal vez su relación con Milo no era lo que había esperado en un principio.
- Hola Milo – saludó el francés dejando su abrigo y sus llaves cerca de la puerta.
- ¿Cómo estuvo tu día? – preguntó queriéndole dar la oportunidad de sacar el tema de Helen.
- Bien, todo tranquilo.
- Bien, todo tranquilo.
- ¿Acabas de salir?
- Sí – dijo sin notar el nerviosismo del escorpión, y comenzó a desabrochar sus botines.
El griego se puso de pie y avanzó hacia el sofá donde estaba Camus. Sentado frente a él, el francés parecía muy vulnerable, su cabello estaba ligeramente húmedo por la llovizna de aquella tarde. Se arrodilló frente a él colocándose entre sus piernas, y comenzó a quitarle la ropa atacando de inmediato su cuello, quería marcarlo, quería hacerlo suyo. Acarició la tibieza de su espalda y bajó las manos hasta tocar sus nalgas, apretándolas para luego explorar la raja que las separaba. Camus no entendía muy bien de dónde provenía la libido del escorpión, pero ya estaba acostumbrado a que lo tomara cuando menos se lo esperaba, le gustaba eso de él.
- Voltéate – ordenó y Camus obedeció sin chistar.
Pronto terminó en cuatro, mientras Milo lubricaba su entrada antes de hurgar con uno de sus dedos en su interior. Al mismo tiempo tocaba su ya de por sí erecto miembro hasta que la punta se humedeció por la excitación.
Camus comenzó a arquear la espalda y a empujarse contra la mano de Milo, había encontrado un punto delicioso de exquisito placer y deseaba que el escorpión lo penetrara de una vez.
- Ahí… es ahí… - jadeó moviendo las caderas cada vez más rápido hasta que el escorpión sacó el dedo de su estrecha entrada y colocó la punta húmeda de su miembro.
- Relájate.
Apoyó su mano sobre la espalda de Camus hasta que éste terminó con el pecho pegado a la alfombra, y luego comenzó a empujar.
- ¡Ahh! – se quejó el francés por la falta de lubricación.
- Solo un poco más… - mintió porque muy apenas había entrado la punta. Como acto reflejo, el francés intentó alejarse para detener la penetración del escorpión, pero éste lo tomó por las caderas para evitar que se moviera – Así, uy… - disfrutaba inmensamente la visión de su miembro desapareciendo lentamente en las profundidades del cuerpo de Camus.
Cuando estuvo por completo dentro echó su cabeza hacia atrás cerrando los ojos y luego comenzó a embestirlo, con fuerza, sintiendo cómo lo apretaba hasta un punto de máximo placer.
- ¿Te gusta? – preguntó Milo.
Cuando estuvo por completo dentro echó su cabeza hacia atrás cerrando los ojos y luego comenzó a embestirlo, con fuerza, sintiendo cómo lo apretaba hasta un punto de máximo placer.
- ¿Te gusta? – preguntó Milo.
- Sí…
- Dilo.
- Me… me gusta… - su voz entrecortada le fascinaba al griego.
Lo ayudó a incorporarse un poco y comenzó a acariciar su miembro, rozando el perineo y tomando sus testículos ocasionalmente. Tocaba sus tetillas, lamía su cuello, no había rincón de su cuerpo que no fuese profanado por el escorpión, y a Camus le gustaba, tanto que no tardó en empujarse él mismo contra la pelvis del escorpión para hacer las embestidas más profundas.
- Eres mi puta, mi putita caliente a la que le gusta que se la cojan duro, ¿te gusta?... – solo había gemidos como respuesta – Sí te gusta putita, te gusta que te meta toda mi verga y que te llene de leche, dilo…
Lo ayudó a incorporarse un poco y comenzó a acariciar su miembro, rozando el perineo y tomando sus testículos ocasionalmente. Tocaba sus tetillas, lamía su cuello, no había rincón de su cuerpo que no fuese profanado por el escorpión, y a Camus le gustaba, tanto que no tardó en empujarse él mismo contra la pelvis del escorpión para hacer las embestidas más profundas.
- Eres mi puta, mi putita caliente a la que le gusta que se la cojan duro, ¿te gusta?... – solo había gemidos como respuesta – Sí te gusta putita, te gusta que te meta toda mi verga y que te llene de leche, dilo…
- Dame lechita… lléname el culo de lechita.
- ¿Tiene hambre? ¿Tu culito tiene hambre?
- Sí… dale lechita.
Y no tardó en correrse en su interior presa de un orgasmo irresistible, Camus terminó segundos después al sentir el miembro de Milo palpitando en su interior.
Ambos se dejaron caer en la alfombra, intentando recuperar la respiración.
- Estás mintiendo –dijo el escorpión con los ojos cerrados - No vienes de tu trabajo, estabas con ella.
Y Camus no pensaba bien, pero supo de inmediato de qué hablaba.
- Puedo explicarlo.
Y no tardó en correrse en su interior presa de un orgasmo irresistible, Camus terminó segundos después al sentir el miembro de Milo palpitando en su interior.
Ambos se dejaron caer en la alfombra, intentando recuperar la respiración.
- Estás mintiendo –dijo el escorpión con los ojos cerrados - No vienes de tu trabajo, estabas con ella.
Y Camus no pensaba bien, pero supo de inmediato de qué hablaba.
- Puedo explicarlo.
- ¿Todavía la quieres? ¿Se te antoja cogértela a ella?
- Sí… digo ¡no!, sí la quiero como amiga pero…
El móvil del escorpión comenzó a sonar vibrando sobre la mesita que tenían a un lado.
- Diga – no le importó interrumpir la explicación del francés, porque estaba molesto con él, se sentía burlado, y de pronto su expresión de enfado cambió por una de preocupación – ¿Y cómo está ahora? – Camus intentaba en vano entender lo que sucedía al otro lado de la línea – De acuerdo, sí, voy para allá, no te preocupes, gracias por avisarme.
Sin decir más se puso de pie y se dirigió a la ducha.
- ¿Sucede algo?
- Aioria está en el hospital.
***
Mu se encontraba con Aioria en la fría habitación de hospital, habían hablado de trivialidades solamente. Al parecer, el estilo de vida del león le había pasado factura demasiado pronto, y había desarrollado una angina de pecho. No había sido algo especialmente grave, pero como el castaño era una persona importante se hizo un gran alboroto a su alrededor.
- ¿Cómo van las cosas en la galería? – preguntó aunque lo que en verdad quería saber era si veía a alguien más. ¿Cuánto tiempo llevaban ya separados? Parecía una eternidad.
- Bien, conseguí unos nuevos cuadros de un artista español que…
El móvil de Aioria los interrumpió, y el león le hizo una señal a Mu de que no tardaría con la llamada. Lo escuchó hablar de negocios, de proyectos que se habían quedado parados por su ausencia y de decisiones que tenía que tomar. Y Mu lo entendió perfectamente, sabía que para Aioria siempre estaría primero su trabajo, que una vida a su lado sería una vida sin él. Y comprendió que eso no era lo que quería, lo amaba, pero también se amaba a sí mismo, y sabía que no iba a poder ser feliz a su lado, quería tener a alguien con quien compartir su vida, no solo ser uno más de sus asistentes.
Miró su reloj, habían pasado cerca de siete minutos y Aioria no parecía tener intenciones de cortar la llamada. Se puso de pie y llamó la atención del león con las manos, luego, movió sus labios formando la frase: “Ya me voy”, no quería interrumpirlo.
- Espera… te llamo luego – dijo y cortó la llamada – No te vayas… ¿has pensado en algo acerca de nosotros? Yo sé que te di todo un año pero… ya no quiero estar sin ti.
- Aioria…
***
Mu se encontraba con Aioria en la fría habitación de hospital, habían hablado de trivialidades solamente. Al parecer, el estilo de vida del león le había pasado factura demasiado pronto, y había desarrollado una angina de pecho. No había sido algo especialmente grave, pero como el castaño era una persona importante se hizo un gran alboroto a su alrededor.
- ¿Cómo van las cosas en la galería? – preguntó aunque lo que en verdad quería saber era si veía a alguien más. ¿Cuánto tiempo llevaban ya separados? Parecía una eternidad.
- Bien, conseguí unos nuevos cuadros de un artista español que…
El móvil de Aioria los interrumpió, y el león le hizo una señal a Mu de que no tardaría con la llamada. Lo escuchó hablar de negocios, de proyectos que se habían quedado parados por su ausencia y de decisiones que tenía que tomar. Y Mu lo entendió perfectamente, sabía que para Aioria siempre estaría primero su trabajo, que una vida a su lado sería una vida sin él. Y comprendió que eso no era lo que quería, lo amaba, pero también se amaba a sí mismo, y sabía que no iba a poder ser feliz a su lado, quería tener a alguien con quien compartir su vida, no solo ser uno más de sus asistentes.
Miró su reloj, habían pasado cerca de siete minutos y Aioria no parecía tener intenciones de cortar la llamada. Se puso de pie y llamó la atención del león con las manos, luego, movió sus labios formando la frase: “Ya me voy”, no quería interrumpirlo.
- Espera… te llamo luego – dijo y cortó la llamada – No te vayas… ¿has pensado en algo acerca de nosotros? Yo sé que te di todo un año pero… ya no quiero estar sin ti.
- Aioria…
- Sé que he cometido muchos errores y lamento profundamente haberte lastimado, pero si eliges quedarte conmigo…
- Volverá a ser lo mismo, siento que no era más que parte de la decoración de tu casa, que en realidad no es que me quieras a mí sino que quieres estar con alguien, para tener la vida arreglada… yo te amo Aioria, pero no soy feliz contigo.
- No, no digas eso por favor… ¿qué puedo hacer por ti?
- Cuidarte más, hazlo por ti, por mí y por todos los que te queremos – Aioria sonrió con la simple idea de saberse querido por el de aries.
- Si me amas no me dejes – le ofreció una mano y el pelilila se acercó para tomarla mientras se sentaba a su lado – Cambiaré lo que me pidas… tan solo no te vayas.
- Creo que somos muy diferentes, tú eres muy competitivo, y yo soy más conformista, tú tienes grandes planes, y yo solo quiero una vida tranquila, pedirte que me sigas es injusto, así eres tú y no tienes por qué cambiar.
- Sí, sí tengo, porque quiero hacerlo, siempre que tengo un mal día pienso en ti, en que trabajo por ti, para tener una buena vida, poder darte todo lo que quieras, quiero que estés orgulloso de mí, no eres parte de la decoración, jamás lo has sido, tú eres mi hogar, eres lo único que necesito de aquí al final de mis días.
- Aioria…
- Quédate conmigo… cásate conmigo y tengamos una vida tranquila… solo tú y yo, si no quieres hijos está bien, si lo quieres también. Solo deseo estar contigo…
- Pero tu trabajo…
- Hagamos esto… voy a fijarme un límite de horas… crearé nuevos puestos de trabajo que me ayuden con la carga, y me pondré un horario fijo, me encargaré solo de supervisar las cosas.
- ¿Y no te dará preocupaciones eso? – Aioria sonrió, lo que no sabía el de aries, era que el león habría dado cualquier cosa por estar a su lado.
- Mi única preocupación es tu felicidad, quiero que estés bien, quiero que estemos bien juntos.
El león no tardó en comenzar a hacer planes, era algo incontrolable en él, ver muy hacia futuro, le gustaba la sensación de estabilidad mezclada con adrenalina. Y mientras parloteaba emocionado de todos los lugares que visitarían y de todas las cosas que harían, Mu vio en él a la persona de la que se había enamorado hacía muchos años, adoraba eso de él, toda esa energía desbordante y abrasadora.
- Puedo tomar clases de cocina, y hacer cosas saludables – comentó Mu emocionado, parecía que era el inicio de una nueva vida, que esta vez todo iba a estar bien.
Casi media hora más tarde llegaron Aioros seguido de Saga, y solo quince minutos después apareció el escorpión junto al francés.
Aioros estaba preocupadísimo por Aioria, aunque se sintió más tranquilo cuando vio lo mucho que Mu cuidaba de él.
Fue como una llamada de atención para todos, lo frágil y efímera que podía ser la vida. Desde ya que sabían lo que era la muerte, pero pasar por lo que habían pasado hacía años les había hecho creer que eran invencibles. Lo que más les había afectado había sido ver al león tan aparentemente débil, se veía un poco demacrado y más si se comparaba con su habitual estado de extensa vitalidad.
***
Milo y Camus iban de regreso a casa, en un silencio poco usual.
- Solo me he enamorado dos veces en toda mi vida – comenzó a decir el francés – la primera vez fue de Aioria, nos acostamos un par de veces pero él no quería nada serio conmigo, me dolió mucho en aquel entonces, y luego apareciste tú… nunca te dije nada porque tenía miedo de perderte… prefería que fueras mi amigo toda la vida aunque después sentía que no soportaba la idea de estar tan cerca de ti y no poder tenerte, y rezaba todos los días para que te fijaras en mí… habría dado cualquier cosa por estar contigo… y no quiero perderte ahora Milo, no quiero perderte nunca.
El escorpión seguía sin decir nada, escuchando cada palabra que el francés decía.
- Helen me habló porque estaba triste, dijo que pensaba que había superado lo nuestro pero que seguía sin entender por qué la había dejado, por qué dejaba todo por alguien…
- ¿Y qué le dijiste?
- Le dije la verdad… que lamentaba mucho haberla lastimado de esa forma, que no estaba orgulloso de cómo había actuado, y que yo también había pensado que había superado lo tuyo, que creí que ya no sentía nada por ti, pero que siempre te había querido.
- ¿Alguna vez has pensado… que si no hubiera sido por el malentendido de ese día, te habrías casado con ella?
- Lo sé, y me gusta creer que por fin alguien oyó mis plegarias. Que todo lo que ha sucedido en la vida es para traerme a este punto, para estar contigo en este momento, en este auto, en esta ciudad. Que así es como deberían ser las cosas.
- ¿Por qué la seguiste viendo?
- Ella comenzó a llamarme cada vez más seguido, a veces estaba llorando y sentí que se lo debía, que si podía ayudarla de alguna forma debía hacerlo. Hoy me preguntó que si no iba a cambiar de opinión, dijo que ella siempre estaría ahí esperándome.
- ¿Y luego?
- Le pedí que no lo hiciera, le dije que te amo y que pienso hacer todo lo que esté en mis manos para que esta relación dure muchos, muchos años.
- ¿Y luego?
- Le pedí que no lo hiciera, le dije que te amo y que pienso hacer todo lo que esté en mis manos para que esta relación dure muchos, muchos años.
- ¿Por qué no me lo dijiste?
- No lo sé, no lo creí necesario, pensé que era un problema que podía resolver yo solo sin necesidad de inmiscuirte.
- Estás mal.
- ¿Qué?
- Somos pareja ¿entiendes?, cualquier cosa que te afecte me afecta a mí… eres la parte más importante de mi vida Camus, y quiero ser parte de tu vida también, así que por favor no me ocultes las cosas, eso… me afecta mucho, me hace pensar que no confías en mí y por lo tanto que no me quieres como yo te quiero a ti.
- Entiendo.
El escorpión le ofreció la mano que tenía libre, y el francés no tardó en tomarla. Así que de eso se trataba la vida en pareja. Siempre ocultaba muchas cosas, a decir verdad, era su propio pasado lo que le hacía sentirse alejado de los demás, había cosas de las que no podía hablar, y era como si hubiera un gran vacío en su vida, pero esa sensación, de poder hablar de lo que fuese con alguien, era algo a lo que fácilmente se podría acostumbrar.
***
Aioros iba muy pensativo cuando abandonaron el hospital, el gemelo lo notó de inmediato aunque solía ser más distraído en ese tipo de cosas, así que decidió no ir a casa, hacía mucho que no tenían un día por completo libre, tan solo tenía ganas de andar por ahí. Se dirigieron a la zona céntrica de la ciudad y se detuvieron en una pequeña cafetería.
- ¿Tenías ganas de algo dulce? – preguntó Aioros mientras veía la carta.
- No, solo quería pasar un rato contigo… saber cómo estás.
- Bien… - y luego un silencio – Aioria siempre ha sido muy fuerte… tan solo me pareció muy extraño verlo así…
- Va a estar bien.
- Sí, lo sé, es solo que… a veces pienso en lo frágiles que somos, en cómo la vida pasa tan rápido y uno no se da cuenta, ¿hace cuánto tiempo ya que volvimos? ¿Alguna vez pensaste que ibas a ser papá? – preguntó con una sonrisa.
- Sí quería tener una familia, una vida lo más normal posible y varios hijos – entonces la sonrisa del arquero desapareció por completo.
- Perdón.
- ¿Por qué?
- Porque sé que estando conmigo no vas a tener eso.
A veces le pasaba por la mente la idea de que Saga no era feliz a su lado, y se sentía egoísta sabiéndolo y queriendo quedarse con él, y en algunas ocasiones llegó a pensar en dejarlo libre nuevamente, alentarlo a que buscara a alguien más, y esa fue una de esas ocasiones.
- ¿No crees que deberías buscar a alguien más? A alguien que pueda darte la familia feliz que siempre has querido… nosotros podremos seguir siendo amigos – se escuchaba un leve titubeo en su voz.
A veces le pasaba por la mente la idea de que Saga no era feliz a su lado, y se sentía egoísta sabiéndolo y queriendo quedarse con él, y en algunas ocasiones llegó a pensar en dejarlo libre nuevamente, alentarlo a que buscara a alguien más, y esa fue una de esas ocasiones.
- ¿No crees que deberías buscar a alguien más? A alguien que pueda darte la familia feliz que siempre has querido… nosotros podremos seguir siendo amigos – se escuchaba un leve titubeo en su voz.
- ¿No quieres estar conmigo?
- Claro que quiero, pero tú no, sé que me quieres como amigo y que si estás conmigo es para que no me vaya porque sientes que me necesitas.
La mesera los interrumpió llevándoles la merienda y ninguno de los dos reanudó la conversación después. Hicieron algunas compras navideñas, Saori les había informado de su deseo de celebrar las fiestas decembrinas en la mansión y a todos les pareció una buena idea aunque algunos tuvieron que viajar desde muy lejos, pero lo cierto era que todos estaban ansiosos por verse.
- ¿Sabes qué estaba pensando? – preguntó el gemelo cuando llegaron a casa.
- Dime.
La mesera los interrumpió llevándoles la merienda y ninguno de los dos reanudó la conversación después. Hicieron algunas compras navideñas, Saori les había informado de su deseo de celebrar las fiestas decembrinas en la mansión y a todos les pareció una buena idea aunque algunos tuvieron que viajar desde muy lejos, pero lo cierto era que todos estaban ansiosos por verse.
- ¿Sabes qué estaba pensando? – preguntó el gemelo cuando llegaron a casa.
- Dime.
- Que cuando nos quedamos callados mientras merendábamos… yo no me sentí incómodo, ¿tú sí? – el arquero no había pensado en ello, pero se dio cuenta de que no había sentido la ansiedad de iniciar la conversación, así que negó con la cabeza – Y estuve pensando que es porque quiero estar contigo, siempre, no importa si tenemos días malos, quiero ser parte de tu vida, quiero que seas parte de mi vida, es cierto que siempre he querido una familia, y eso tengo, tengo un hijo, un hermano y te tengo a ti, mi mejor amigo, mi pareja, el amor de mi vida.
El arquero escuchaba cada palabra que decía Saga, estaba tan concentrado que lo tomó por sorpresa el contacto del mayor, éste había tomado su mano y lo había jalado hacia su cuerpo obligándolo a apoyarse sobre él antes de fundirse en un abrazo.
- Nunca te enfermes por favor, y nunca me dejes tampoco.
Y contrario a todo lo que había esperado, sintió de pronto los labios del gemelo rozando los suyos, y esperó impacientemente a que fuera el mayor quien los apresara, introduciendo su lengua despacio, jugueteando con la suya, mientras sus manos se dedicaban a explorar su cuerpo. Comenzó a besar su cuello, pero volvió a enfocarse en sus labios y es que sentía tan bien, todo estaba bien con él.
***
Fue en vísperas de Navidad cuando Death Mask se presentó en el pequeño departamento que rentaba el menor de los gemelos. Le había costado muchísimo dar con la dirección, pero finalmente estaba ahí, no había nadie en casa así que decidió esperar, aunque le pidió de favor a Aioros que le avisara si Kanon llegaba a la mansión.
Eran casi las nueve de la noche cuando escuchó que alguien se acercaba, era el dragón marino pero no venía solo, iba acompañado de un sujeto que parecía muy cariñoso con él.
- Kanon – el gemelo no se había percatado de la presencia del italiano hasta que escuchó su nombre.
- ¡Hey!... ¿qué haces aquí? – buscó las llaves en su gabardina y luego abrió la puerta para no tener que verlo a la cara.
- Vine por ti.
- Kanon, ¿quieres que me vaya? – preguntó el sujeto ocultando cierta molestia.
- No… yo… no pienso ir.
Death Mask bajó la mirada e hizo una mueca de desagrado, se sentía decepcionado, una parte de él quería insistir y llevarlo a la fuerza si era necesario, pero la otra entendía perfectamente que debía dejarlo ir, que debía aceptar el hecho de que todo este tiempo el gemelo había estado huyendo de él.
- Como tú quieras – dijo con cierta tristeza que no pasó desapercibida para el dragón marino, levantó un poco ambos hombros mientras negaba con la cabeza – Ya no sé qué más decirte excepto que… espero que siempre te vaya bien en todo lo que hagas. Adiós Kanon.
Y se alejó sin más. ¿Por qué se sentía como una despedida? ¿Por qué parecía que no se iban a volver a ver jamás? ¿Y si era eso? ¿Y si efectivamente el italiano se estaba despidiendo para siempre?, y mientras pensaba en el asunto comenzó a sentir una profunda tristeza.
- Creo que deberíamos dejar esto para otro día… - le dijo al sujeto y sin dar más explicaciones se apresuró para alcanzar al de cáncer.
Fue como uno de esos sueños donde por más que corres no avanzas, sentía que sus piernas no respondían con la rapidez que quería, era lento, todo era extremadamente lento.
- Espera… - dijo jadeante cuando vio a D.M. a punto de entrar a su auto - ¿Ya no te volveré a ver?
- No… - y ahí confirmaba sus sospechas de que efectivamente se trataba de una despedida.
- ¿Por qué? – Kanon siempre era una contradicción, había estado huyendo del italiano y ahora que éste se iba, no quería dejarlo ir.
- No creo que quiera seguirte viendo con otras personas. Ya me cansé de que estés jugando conmigo.
- No creo que quiera seguirte viendo con otras personas. Ya me cansé de que estés jugando conmigo.
- Já… ¡¿cómo dices eso?! No quieres estar conmigo pero tampoco quieres que esté con nadie más, ¡si alguien ha estado jugando aquí eres tú! Te lo dije cientos de veces y no hacías más que cambiarme el tema…
- ¿Me dijiste qué?
- Que te amo… - D.M. volvió a negar con la cabeza mientras intentaba ordenar sus ideas entre esa marea de enfado.
- Ni siquiera lo digas… solo lo dices porque lo único que quieres es tener a un montón de gente tras de ti ¿cierto?
- ¡No! De verdad te amo…
- ¿Y se supone que debería creerte cuando no haces más que acostarte con quien se te pasa por enfrente?
- ¿Estás celoso?
- No, tan solo no te creo, y me cabrea que quieras utilizar esa frase tan solo para meterme en tu cama. Lo haces con todo mundo ¿cierto? No creas que no sé a dónde ibas cada noche… cada vez que te desaparecías…
- Eso no tiene nada que ver con lo que siento por ti. Me acostaría contigo todos los días si pudiera – dijo mitad en broma mitad en serio con un intento de sonrisa.
- Entonces hazlo – y su expresión se heló.
- ¿Qué?
- No quiero que te acuestes con alguien que no sea yo.
Eso era lo más posesivo, morboso y lindo que alguien le había dicho en la vida.
- ¿Vienes conmigo?
- Sí… - no tuvo que pensarlo, siempre supo que habría seguido al italiano a donde fuese.
Tenían muchas cosas que arreglar, malentendidos que aclarar. En fechas posteriores, Kanon se daría cuenta de que sus sentimientos siempre fueron correspondidos, pero esa tendencia suya a bromear y a tener la agenda llenísima habían causado la desconfianza del italiano, supo que no era el único con inseguridad, como le confesaría D.M. más tarde, éste (D.M.) pensaba que teniendo a tanta gente disponible, era imposible que Kanon fuera en serio cuando hablaba de amor, y que tampoco quería perderlo como amigo si las cosas no funcionaban.
Serían muchas las ocasiones en que se quedarían despiertos hasta la madrugada hablando, y cientos donde harían otras cosas, al gemelo le fascinaba esa sensación de sentirse querido, era como si su búsqueda hubiera terminado, y no le importaba haber regresado al lugar del que había partido, todo era igual pero se sentía por completo diferente. Estaba feliz, ambos lo estaban.
***
Hyoga llegó desde temprano para ayudar en la cocina, se había ofrecido en parte porque le fascinaba cocinar, y además porque no quería estar cerca del fénix. Éste llegó malhumorado, para todos era como tener al mismo Ikki de siempre, pero esta vez su estado de ánimo se debía a Hyoga.
La cena fue servida a las diez y media, después de un emotivo discurso que dio Saori, había hablado de lo feliz que se encontraba de tenerlos a todos juntos nuevamente, y de lo agradecida que estaba con todos ellos. Afrodita tuvo que relevarla poniendo un poco de ambiente al lugar, el salón estaba lleno y Kanon no tardó en apoderarse del karaoke obligando a los más serios a participar con él. Mu se la pasó cuidando de que Aioria no comiera cosas que le hicieran daño, y Milo no tardó en presumir su relación con Camus, a muchos los tomó por sorpresa, a otros no tanto, Aldebarán se la pasó riendo de las ocurrencias de Seiya y todos en el lugar se veían felices… excepto una persona… Ikki.
El fénix salió sin despedirse, y de pronto sintió como si fuera de nuevo aquel adolescente que se iba sin avisar, sintió nostalgia por aquellos años.
- Ikki – la voz de Hyoga lo hizo detener su paso – Si te vas al menos deberías despedirte de Shun.
- Creí que no hablarías conmigo.
- No debería, pero no lo hago por ti ni por mí, lo hago por Shun.
- Me gustaría que las cosas fueran como antes… cuando te alegrabas por verme llegar o cuando me contabas cada detalle de tu día… ahora apenas si nos vemos. ¿Te cansaste de mí? – se veía muy triste el fénix.
- Sé lo que hiciste… sé que fuiste tú quien hizo que perdiera mi empleo, que le pediste a tu amiga que empezara un negocio más grande con Victoria y que tienes una moneda de dos caras.
Todo aquello fue inesperado para el fénix.
- Lo hice por ti. Quería ayudarte.
- ¿Qué clase de ayuda es esa? Hacer que pierda mi empleo, siento que fuiste quitándome las opciones para que terminara viviendo contigo, que me has manipulado y mentido todo este tiempo.
- ¿Tan malo es vivir conmigo?
- No, no se trata de eso… Me has estado juzgando todo este tiempo ¿cierto?
- No, solo quería ayudarte, te quiero Hyoga, no te voy a decir que no me encela que hayas vuelto a tu trabajo, la verdad es que me gustaría que no vieras a nadie más que a mí, que me quisieras aunque fuera solo un poco, pero si nada de eso es posible me gustaría al menos conservar tu amistad, serte útil, ayudarte en lo que pueda, perdón si interferí mucho en tu vida, te prometo que mi intención jamás fue hacerte daño.
El cisne había creído que terminarían discutiendo, así que no supo muy bien qué hacer con la disculpa del fénix.
- Entiendo…
- ¿Qué quieres hacer? – preguntó Ikki después de un pronunciado silencio.
- ¿De qué?
- ¿Quieres que te ayude a recuperar tu antiguo departamento, quieres seguir viviendo conmigo o prefieres buscar otro lugar?
A decir verdad, no había pensado en ello, había estado tan enfadado con Ikki que no había tenido tiempo de pensar en nada más.
- ¿Es cierto lo que dijiste?
A decir verdad, no había pensado en ello, había estado tan enfadado con Ikki que no había tenido tiempo de pensar en nada más.
- ¿Es cierto lo que dijiste?
- ¿El qué?
- Que me quieres.
- Más que a nada… la verdad es que es por ti por quien regreso temprano cada día, porque no dejo de pensar en ti, siempre quiero verte y estar contigo - había completa sinceridad en la voz de Ikki.
- Yo también te quiero – dijo como toda una revelación – También me dan celos cuando pienso que estás con alguien más.
- ¿Y qué piensas? - Hyoga parecía estar inmerso en un debate interior, así que el fénix decidió hacerle las cosas más sencillas - Te doy a elegir ¿Podemos intentarlo o... podemos intentarlo? - el rubio sonrió, sabía lo que Ikki estaba haciendo, estaba seguro de que para esas alturas el mayor estaba consciente de lo mucho que le costaba al rubio tomar decisiones.
- Creo que... podríamos intentarlo… si prometes ya no tratar de controlarme – se sintió como un adolescente declarándose por primera vez, ni siquiera era capaz de ver a Ikki a la cara, pero sí notó cuando éste extendió su mano para ir de regreso a la mansión.
Adentro era todo un caos, incluso Saga y Camus estaban cantando mientras el resto los coreaba. Hacía mucho que no tenían una fiesta así. Aioria y Shura competían en una consola haciendo a un lado a Seiya que desde hacía un rato que quería jugar con ellos. El día estaba frío pero eso no impidió que montaran tiendas de campaña e hicieran una fogata en el jardín, contando historias de terror y asando malvaviscos.
Fue un año de grandes cambios para todos, y habría miles de cambios más en sus vidas, pero esa noche, durmieron acurrucados felices sabiendo que tenían a la persona que más amaban a su lado.
FIN
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