sábado, 19 de enero de 2013

Capítulo 2: Apariencias - Octubre 28,2011

Capítulo 2: Apariencias



          - ¿Y qué harán el fin de semana? – preguntó Shun quitándole el jarabe de arce a Seiya. El pegaso solía ponerle tanta miel a su desayuno que empalagaba de solo verlo.


          - Que bueno que preguntas – dijo Hyoga – Todavía no estoy muy seguro… la hermana de Sofía vendrá de visita este fin de semana y me gustaría mostrarle la ciudad pero… Cindy quería que fuéramos a las cabañas… así que debo elegir entre, la romántica ciudad a la luz de la luna o el…

          - Ha… idiota… - musitó el Fénix sin despegar la vista del periódico.


          - ¿Qué? – preguntó Hyoga molesto y a cambio recibió una sonrisa burlona como respuesta.



El cisne se mantuvo unos segundos en silencio y luego continuó con su dilema del fin de semana, y es que Hyoga tenía una debilidad, era algo que había descubierto hacía algún tiempo y no le interesaba ocultarlo, le gustaban las mujeres, sentía una cierta fascinación hacia el género femenino que iba más allá de él y que no podía controlar, no era raro verlo tonteando entre clases (y durante ellas) con chicas de todo tipo, no tenía novia formal, y si jamás llevó a nadie a la mansión fue porque nunca salía mucho tiempo con una misma persona. El mundo le parecía inmenso y algo lo impulsaba a conocer a la mayor cantidad de gente posible, indagaba en sus vidas, en sus gustos, quería conocer cada detalle, cada secreto de la otra persona y cuando el misterio terminaba iba por la siguiente presa. Nunca se había cuestionado qué buscaba o si se sentía satisfecho con su forma de actuar, tan solo se dejaba llevar sin involucrarse emocionalmente.

          - Así que, lo más seguro es que acompañe a la hermana de Sofía… - sí, ya lo había decidido desde el principio pero aun así le gustaba sentir que tenía varias opciones, y le encantaba exponerlas a quien quisiera escuchar.

          - Ha… - el fénix contuvo la burla y el rubio no pudo seguir fingiendo que no le molestaba.

          - ¡¿QUÉ?!


          - No estoy diciendo nada pato idiota, deja de joder… - la verdad era que Ikki no era capaz de comprender por qué al rubio le gustaba perder el tiempo tonteando con cuanta gente le pasara por enfrente, al menos en eso eran diferentes, el fénix prefería las relaciones a largo plazo y de ser posible para toda la vida.


          - No me llames idiota… - dijo porque no encontró otra cosa que reclamarle. Se acercó a la alacena para buscar algo de cereal aunque lo cierto es que ya era tarde para tratarse de un desayuno.


          - … Idiota… - repitió el mayor y eso fue suficiente para que Hyoga buscara venganza inmediata.



Se acercó al fénix y esperó a que éste bebiera un poco de café antes de empujar levemente su cabeza.



          - ¡ARGH! – gruñó el peliazul - ¡Mira lo que hiciste grandísimo imbécil! – se puso de pie pero ya era demasiado tarde, gran parte de la bebida había ido a parar a su camisa.


          - Eso te mereces – dijo el rubio entre risas.



Ikki se le echó encima y no tardaron en forcejear ante la mirada despreocupada de los demás. El cisne consiguió que el fénix perdiera el equilibrio y lo inmovilizó bajo su cuerpo.

          - Discúlpate… - dijo el rubio con una fría mirada.


          - ¡¿Qué?! TÚ discúlpate… por tu culpa tendré que cambiarme… - Hyoga sabía que Ikki estaba en lo cierto pero no pensaba darle la razón.

          - ¿Y tú qué harás Sei? - preguntó Shun ignorándolos por completo, después de todo no era nada extraño encontrarlos así, peleando por cosas insignificantes.



Cuando Death Mask entró a la cocina en busca de algo para comer se topó con el cisne encima del fénix, sonrió con malicia antes de fingir que tropezaba con ellos e incluso se dio el lujo de apoyar su pie en la espalda del rubio.



          - Ahh… - se quejó Hyoga al verse obligado a pegar su cuerpo al de Ikki. Ambos se quedaron inmóviles un instante, como si fueran incapaces de reaccionar ante tanta cercanía pero segundos después se empujaron mutuamente.



Se pusieron de pie y el primero en reclamar fue Ikki.

          - Fíjate por dónde caminas o si no…

          - Ya… - interrumpió Hyoga tomando a Ikki del brazo.


          - ¿O si no qué? – preguntó Death Mask divertido y es que encontraba una diversión malsana en fastidiarlos.


          - Ya Ikki… vámonos… no pierdas el tiempo con él…



El fénix siguió al rubio dócilmente, era una especie de acuerdo al que habían llegado, sin importar las diferencias entre ellos, ambos tenían un enemigo en común, D.M. Siempre ocurría que alguno de los dos tenía que calmar al otro, a veces era Ikki quien tenía que controlar los impulsos asesinos del rubio, y en otras ocasiones era el ruso quien tranquilizaba al fénix antes de que todo terminara en tragedia.



***



Shaka esperó pacientemente a que Dohko saliera de clase, el de libra era de los que más tiempo pasaban en la universidad, aunque lo hacía por gusto y no por obligación. Vestía informal pero su aspecto siempre era muy cuidado.

          - ¡Hey! – dijo con una gran sonrisa en cuanto vio al rubio sentado bajo la sombra de uno de los árboles del campus.

          - Maestro… - musito el de virgo y Dohko frotó su nuca con incomodidad – Le traje esto… - señaló una pequeña caja.


          - No tienes que ser tan educado… mi apariencia es normal ahora… aunque… considerando todo lo que ha pasado no creo que haya algo de normal en nosotros… - Shaka asintió - ¿Y eso?          

          - Obentô – sí, eso era obvio al ver la caja pero lo que quería saber el de libra era por qué se lo llevaba a él y no a alguien más – Lo hizo Aldebarán en la mañana… en realidad hizo un montón de comida y… - se notaba que el rubio no era muy bueno expresándose, le gustaban los silencios, escuchar. Pedirle que hablara era casi un imposible, y resultaba curioso porque era capaz de dar cualquier clase de explicación siempre y cuando no se tratara de algo cotidiano o de su vida privada.


          - Gracias… - dijo sentándose a su lado – La clase de hoy estuvo entretenida, hablamos de… - Shaka lo escuchó con atención, era una especie de sedante estar con el de libra, como si pudiera dejar de preocuparse por un momento. También había otro motivo (y muy grande) para preferir su compañía por sobre cualquier otra, pero eso era algo que el rubio guardaba celosamente como el mayor de los secretos.



Dohko habitaba un mundo de ideas, había vivido lo suficiente como para adquirir una gran cantidad de conocimiento y si entró a filosofía fue por el simple placer de encontrar gente con la cual dialogar. Amaba profundamente los debates y podía parlotear todo el día de un mismo tema sin aburrirse ni aburrir a los demás. Era como una enciclopedia andante y muy divertida.

          - Hola… - dijo Kanon agitado, parecía que había corrido para llegar hasta ahí – Hola hermoso rubio… - se sentó entre Dohko y Shaka sin importarle si interrumpía e ignorando la mueca de enfado en las hermosas facciones del de virgo – Ha sido una mañana muy cansada… nos dejaron MIL cosas de tarea y toda para la otra semana… ahh… a parte tengo que buscar un modelo… ¿no te ofreces mi hermoso rubio? - se acercó para aspirar el dulce aroma a vainilla que desprendía su cuerpo.

          - No – musitó Shaka haciéndose un poco hacia atrás.


          - ¿Modelo para qué? – preguntó Dohko y la conversación entre ellos fluyó con tanta naturalidad que de pronto Shaka se sintió excluído.



No le sorprendía, Dohko era el que tenía la plática más interesante y Kanon tenía una extrema facilidad para relacionarse con las personas. Además, la facultad de artes estaba justo al lado de la de filosofía, así que el menor de los gemelos y el de libra solían coincidir la mayor parte del tiempo.



***
          - Hyoga, saldrás el fin de semana ¿sí o no? – preguntó Seiya directamente porque quería evitar que el rubio lo marease de nuevo con tanto parloteo, y es que entre eso y el déficit de atención del pegaso era imposibilísimo que se entendieran.


          - Ahh – tomó aire antes de responder – No sé…


          - Algo le pasó a mi ordenador de nuevo y va muy lento… ¿puedes echarle un vistazo?


          - Claro... – no tardó ni diez segundos el pony en pasarle su computadora personal - ¿Ahora? – preguntó pero Seiya ya estaba a un par de metros de distancia.



El pegaso tenía la impresión de que era mejor dejar a Hyoga trabajar solo, y podría habérselo pedido a Afrodita (quien también cursaba la carrera de informática), pero el de piscis solía cobrarle y por algún motivo el menor de los Kido nunca de los nuncas traía dinero.



Lo primero que encontró Hyoga fue una cantidad inimaginable de virus, y es que Seiya se descargaba cuanta clase de programa hubiese, para editar sonido, video, fotografías, tenía reproductores específicos para cada tipo de extensión de video aunque bien podía haber instalado solo uno que fuera genérico.

          - Voy a la cocina, ¿quieres algo? - preguntó el Pegaso.


          - No, gracias.



El rubio sonrió al darse cuenta de la cantidad de pornografía que tenía el castaño en su historial de navegación, y sin querer terminó abriendo su cuenta de correo electrónico, la cual guardaba el menor en sus “favoritos”, por curiosidad dio un vistazo rápido a los remitentes, la mayoría eran de su clase y notificaciones de todas las páginas a las cuales estaba inscrito el pegaso, y justo cuando iba a cerrar la página, un nombre llamó su atención, “Ikki de Fénix”, sonrió al imaginar la clase de correo que le enviaría Ikki a Seiya, entonces, su sonrisa se heló por completo, y es que, ¿cuál era la clase de correo que le enviaría el más huraño de los de bronce al más atolondrado de ellos? Si el fénix ni siquiera era de los que reenviaban cadenas, así que no tenía ni idea de lo que podría decirle a Seiya por escrito. La curiosidad lo hizo sucumbir, echó un vistazo para ver si Seiya seguía en la cocina y abrió un correo al azar.



“Entonces, ¿qué debería hacer con lo que siento? No puedo tan solo ignorarlo mientras sigue creciendo” – después de leer esa frase su cuerpo se paralizó imaginando que quizá el peliazul tenía algún problema. “Yo sé que piensas que enamorarse de otro hombre no es más que una etapa, algo que se me va a pasar, que solo es curiosidad… pero... te pido que te pongas en mi lugar un instante, ¿puedes hacer eso?” Y eso era todo lo que decía, sobra decir que el cisne se desconcertó por completo y tuvo que leer nuevamente desde el principio (remitente incluido) para saber que no se había equivocado, entonces, ¿al fénix le iban los tíos? ¿y estaba enamorado de Seiya? Pensó en abrir otro correo pero el pegaso se acercó a él y se sentó a su lado dándole el tiempo exacto de cerrar la página.

          - ¿Cómo vas? – preguntó tomando un poco de leche con chocolate.

          - Bien… - dijo más serio que de costumbre – Solo... termino de instalar el antivirus y… un cortafuegos…



Seiya no tenía ni la más mínima idea de lo que era un cortafuegos pero le gustaba la palabra, se imaginaba alguna de las escenas de acción de su videojuego favorito.

          - ¿Puedo ver cómo lo haces?


          - Claro… - musitó nervioso el rubio, se había truncado su plan de seguir husmeando en la vida privada del Fénix, era cierto que el mayor era muy callado, lo poco que sabía de él era lo que se decían mediante discusiones y peleas, pero, para ser sinceros, tampoco pensaba que hubiera mucho que descubrir de él, Ikki solía ser tan directo que no lo imaginaba capaz de ocultar nada. Y fue en ese momento, en que de manera inconsciente, convirtió al fénix en su nueva presa.



Continuará…

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