Capítulo 14: Finales y principios.
- Pero, ¿cuáles son los riesgos? ¿No podemos probarlo primero con el chico de Asgard? – preguntó Kanon, Camus sonrió aunque la situación no era para reírse. Por lo regular el dragón marino era impulsivo, así que fue muy extraño verlo tomando tantas precauciones.
- ¿Tú qué dices Camus? – preguntó el patriarca.
- No lo hagas Cam – interrumpió Kanon, deseaba igual que todos que el francés se recuperara, pero tenía demasiadas dudas en cuanto a lo que planeaban hacer, es decir, ¿y si solo empeoraba la condición de Camus? - ¿No sería mejor esperar?
- ¿Esperar qué? – dijo Shura.
- Shura, si estás insistiendo tanto solo porque quieres tirarte a Camus te advierto que… - el rostro del francés enrojeció y agradeció que Kanon estuviera sentado a su lado para poder golpearlo.
- ¡¿De qué demonios hablas?!
- Ahh… - se quejó el menor de los gemelos.
- ¡Basta ya! – ordenó Shion, Kanon había sido el que más se había quejado y era el menos involucrado en el asunto – Entiendo por qué ellos están aquí – señaló a Aioria, Shura y Camus – pero, ¿qué hay de ti?
El menor de los gemelos puso su mejor cara de tristeza y empezó su drama acerca de cómo lo discriminaban por no ser un caballero dorado, que seguramente a Saga no le dirían nada, que solo lo veían como el arrimado del Santuario y que ni siquiera tenía su propio templo.
- Además, estoy aquí en representación de Camus.
- ¿Por qué vienes a representarme si yo estoy aquí? – dijo el francés.
- Estoy cuidando tu bienestar – respondió muy serio el gemelo.
- ¿Y tú qué dices Camus? – preguntó Shion ignorando el parloteo de Kanon. El francés tomó aire, lo necesitaba.
- Creo… que podría intentarse… si Hyoga y Aioria están de acuerdo… - Shura sonrió y apretó su hombro en señal de apoyo.
- Sí, lo que sea para ayudarte – dijo Aioria, siempre se sintió un poco incómodo hablando con Camus, no dejaba de tener presente que había sido una de las personas más importantes para Milo y lo valoraba por eso, aunque también le causaba algo de celos.
- Bien, PERO, tendrás que beber un litro de esas hierbas medicinales que te mandó Dohko – dijo Kanon y no dio oportunidad a que nadie más replicara, luego tomó su móvil y le mandó un mensaje a Shaka.
Shura propuso ponerse en contacto con Hyoga, y el menor de los gemelos dijo que él también quería hablar con el rubio, quería estar al pendiente de todo el proceso. Había pasado tanto tiempo con Camus que comenzaba a verlo como un hermano menor, uno muy odioso y molesto al que se le podía arrimar para hacerlo enfadar.
***
- Ya vi la serie y tengo una duda – fue lo primero que dijo al toparse a Shaka.
El rubio sonrió, apenas habían pasado dos días y Saga había cumplido su palabra. Así que decidió, poner de su parte y hacer todo lo posible porque las cosas entre ellos funcionaran.
- En un episodio, M intenta besar a H, ¿lo hizo porque le gustaba o solo porque se dio la oportunidad?
- Ahh… - a decir verdad, él también tenía esa duda – creo que sí le gustaba… uno no besa a alguien solo porque se da la oportunidad…
- Eso es cierto, ¿a dónde vas?
- Al mercado del pueblo, ¿quieres venir? – Saga asintió, iría con él hasta el fin del mundo si pudiera.
- ¿Qué vas a comprar?
- Kanon me mandó un mensaje pidiéndome un té, dijo que era URGENTE…
- No sabía que le gustaba el té – aunque lo cierto era que no sabía mucho de Kanon.
- Se llama Té milagroso, en la propaganda dicen que cura todos los males habidos y por haber, así que lo quiere para Camus… Le iba a decir que no tuviera muchas esperanzas, que esas cosas no siempre funcionan, pero se veía tan entusiasmado que… no tuve el corazón para hacerlo.
- Así es él. Un día llegó con un sartén enorme solo porque en la caja decía Horno mágico, le dije que eso no era un horno, que era un sartén, pero el idiota me señaló la caja y dijo “Aquí dice horno mágico, ¿ves?”
Con el tiempo, el rubio se daría cuenta de que no solamente Kanon tenía esa costumbre de comprar cosas con nombres extraños, la verdad era que, aunque Saga no se diera cuenta, él también compraba ese tipo de cosas y se entusiasmaba igual o más que el menor de los gemelos. Había muchas cosas que irían aprendiendo el uno del otro, se darían cuenta que eran más humanos de lo que creían y que no hacía falta fingir perfección cuando estaban juntos. Que la vida en conjunto era más divertida y lo delicioso que podía ser despertar con alguien que amas a tu lado. Tendrían discusiones como cualquier pareja normal, casi siempre a causa de los celos y uno que otro malentendido, pero nada que no estuviera en sus manos superar, porque después de todo, de eso se trataba el amor.
***
Días después.
Ikki se giró dándole la espalda al rubio, pero aún podía sentir el movimiento ansioso de sus piernas.
- ¡Ya pato! – dijo harto – Deja de mover las piernas…
- Lo siento – musitó de manera extrañamente pasiva – Es que… estoy algo nervioso.
La manera de responder de Hyoga le hizo comprender al Fénix que en verdad estaba nervioso, el Cisne en su estado normal le habría dicho algo como “Pues no escucho que te quejes cuando me muevo mientras me estás follando ¿o sí?”, entonces Ikki se habría sonrojado y hubiera ignorado el comentario.
Iban en un vuelo rumbo a Grecia.
- Todo saldrá bien – dijo Ikki, quería, de alguna forma, tranquilizar al rubio.
- Kanon me ha llamado como 10 veces antes de ir al aeropuerto… y Shura me ha hablado otras 10 o más…
- Es porque confían en ti…
- No, lo hacen para amenazarme – Ikki no pudo más que sonreír, conocía lo suficiente a ambos dorados como para saber que eran en verdad insistentes.
Ikki atrajo el cuerpo de Hyoga hacia el suyo y besó sus labios, fue apenas un simple roce, pero bastó para transmitirle al rubio toda la seguridad de la que carecía en ese momento.
***
- Y este té es muy bueno para muchas cosas – dijo Kanon antes de sacar un termo – No sé si lo quieras mezclar con lo que mandó Dohko o… tal vez lo quieras beber a parte…
- De momento no tengo mucha sed, pero gracias…
- Pero… lo prometiste – dijo decepcionado – Esa fue la condición que te puse para aceptar…
- Yo no prometí nada – dudó un poco al decirlo, la verdad, había estado tan ansioso que no recordaba bien lo dicho ese día.
- ¡Bébelo! – el dragón marino intentó obligar al francés, pero terminó derramando gran parte de la bebida sobre el sillón.
- Ahh – ambos suspiraron con sorpresa, más bien, con angustia, y es que Shura solía ser muy ordenado y limpio con sus cosas, así que en cuanto viera la mancha seguramente los torturaría hasta la muerte.
- Debemos limpiar esto antes de que llegue – la voz de Camus se escuchó inusualmente temerosa.
- Ponle el cojín encima – musitó mirando hacia la puerta para asegurarse de que el español no estaba cerca.
- Se va a dar cuenta…
- Es tu novio, ¿no puedes hacer algo?
- ¿Eso qué tiene que ver? – que fuera o no pareja de Shura no le aseguraba nada, aunque no pudo reprimir una sonrisa, le gustaba cómo se escuchaba la palabra novio, o tal vez era que el dragón marino la había pronunciado con tanta naturalidad, que comenzó a pensar que así debían ser las cosas.
- Oigan, ¿ya están listos? – dijo el de capricornio desde la puerta - ¿Qué ocurre? – preguntó al notar cierto nerviosismo en ambos.
- Camus derramó el té en tu sillón – el francés abrió la boca sorprendido.
- ¡Rata traidora! ¡Fuiste tú el que lo derramó!
- Tú eres su novio, es más fácil que te deje libre… - musitó esperando que el español no lo escuchara.
El de capricornio se acercó a ambos y quitó el cojín, observó la mancha unos instantes y sin ninguna expresión en su rostro, golpeó levemente las cabezas de ambos.
- Ya lo limpiarán luego, vamos, es tarde…
***
El proceso fue largo y doloroso. Primero Hyoga concentraba cierta cantidad de cosmoenergía en sus manos y la iba pasando lentamente por las piernas del francés, disminuyendo su temperatura lo más posible cuidando de no llegar al cero absoluto. El gesto de dolor mal contenido de su maestro y la piel amoratada hacían que por momentos Hyoga se negara a continuar. Luego Aioria se encargaba de ir sanando las heridas internas de Camus hasta que después de horas, el tono de su piel volvió a la normalidad.
- Se ve muy pálido – musitó Kanon un poco angustiado.
- Ahh… así es mi piel… idiota – hablaba con gran esfuerzo, aferrando sus manos a las sábanas mientras soportaba todo el dolor que implicaba aquel proceso. Era como si le destrozaran las piernas cada vez que Hyoga hacía contacto con su piel, y no importaba la cantidad de sedantes que le hubieran administrado, en varias ocasiones había estado a punto de perder el conocimiento.
- Deberías asolearte más francesito, puedo llevarte a la playa un día y cumplir mi promesa de hace días…
- ¿Qué promesa? – preguntó Shura.
- Le prometí que le daría el mejor…
- ¡AHH! ¡Cállate! – gritó antes de arrojarle el termo vacío, no comprendía cómo era que Camus siempre encontraba algo qué arrojarle.
***
Una semana después…
- ¿Qué más dice en la lista? – preguntó Aioria mientras empujaba uno de los carritos en la tienda de abarrotes del centro comercial.
- Condones… - respondió Milo sonriendo.
- Eres un idiota Milo.
- Pero sí los necesitamos – Aioria ignoró el comentario, pero no pudo evitar sonrojarse un poco. Ese era un lado que Milo apenas conocía del león.
- Si no llevamos todo lo que nos pidieron, el patriarca se enfadará – el escorpión se acercó como a una presa y lo acorraló en uno de los pasillos – sin contar con que Aioros nos matará… sigo sin entender por qué te ofreciste a hacer las compras.
- Siempre es una buena excusa para poder salir y estar un momento a solas – musitó Milo con la sensualidad que lo caracterizaba y sin decir más, se apoderó de los labios de Aioria, jamás sería capaz de admitir que lo hacía porque quería quedar bien con Aioros, no solo porque lo respetaba sino porque quería poder presentarse un día como la pareja de su hermano.
***
- ¿Cerveza? – el francés siguió a Shura, su sentido de la orientación dejaba mucho que desear.
- Sí, ¿o qué prefieres tomar?
- Pues… - lo pensó un poco antes de responder – no me agrada mucho el alcohol… bebo solo… por presión social… - Shura sonrió. Si lo pensaba a detalle, era cierto que no recordaba haber visto a Camus bebiendo – Quizá haya algo mal en mis papilas gustativas… - dijo con tanta seriedad que la sonrisa de Shura se amplió.
- Tal vez. ¿Qué hay del té que te llevó Kanon? El que derramaron en mi sofá… - Camus miró hacia el suelo como si lo estuvieran regañando, al parecer jamás los iba a perdonar el de capricornio.
- Lo mandaré limpiar, en serio… - lo cierto es que el español no estaba enfadado realmente, tan solo le gustaba ver la angustia del francés cada que hablaban del sofá – Mira, es en aquel pasillo.
***
Camus se detuvo de golpe al encontrarse con dicha escena, no es que se sorprendiera (siempre había sospechado que el escorpión sentía algo por Aioria, aunque nunca tuvo el valor de preguntarle directamente cuándo habían iniciado la relación), pero sí se sentía incómodo. El de capricornio notó de inmediato la tensión en el cuerpo del francés y se acercó a él en un abrazo posesivo mientras besaba sus deliciosos labios. El de acuario intentó zafarse pero Shura lo abrazaba de manera firme y con fuerza, pensaba que quizá así desviaría la atención de Camus.
- ¡Consigan un cuarto! – dijo Milo sonriendo. Aunque no podía negar que se sentía extraño al ver a Camus con alguien más, le gustaba cómo se veía con Death Mask… y entonces se dio cuenta de algo que lo perturbó… ese que abrazaba a Camus no era Death Mask… - Camus… ¿podemos hablar? – el francés no respondió, seguía un poco perturbado por todo lo sucedido, era como si todo sucediera muy lentamente.
- Ahh…
- Lo siento Milo, tenemos que irnos – respondió Shura y después de tomar la cerveza jaló a Camus llevándoselo consigo.
Milo tan solo los observó, miles de dudas le vinieron a la mente y cotilla como era, todo el camino de regreso no hizo más que plantearle sus suposiciones a Aioria.
***
La reunión incluía a todos los dorados, Aioros se había encargado de la comida y Kanon de las bebidas. Bastaron un par de horas para que todos se pusieran tan ebrios como les fue posible. Incluso tenían un karaoke que había sido acaparado por Shion y nadie, excepto Dohko, tuvo el valor de bajarlo de ahí y quitarle el micrófono. Algunos intentaron jugar cartas pero a mitad del juego (y al ir perdiendo), Death Mask propuso convertirlo en un juego de besos, Saga hizo perder a propósito a Shaka no solo para probar sus deliciosos labios sino para que el rubio no besara a nadie más.
Eran casi las cuatro de la mañana cuando Camus salió a buscar a Shura, no importaba qué tan ebrio estuviera Aioros, siempre recordaba regañarlo por fumar dentro de su templo.
- Hey… - dijo Camus antes de quitarle el cigarrillo al mayor – te traje algo de postre…
- Pensé que ya no quedaba.
- Se lo robé a Mu – dijo sonriendo antes de besar los labios del español.
- Sabes… - por la seriedad del de capricornio tuvo la impresión de que lo regañaría por quitarle el postre al de Aries – Cuando creí que te irías, me quedé pensando en buscar un discípulo y entrenarlo día y noche para poder irme pronto del santuario… - el francés lo observó conmovido – Creo… que en esas pocas horas me hice a la idea de que podríamos tener una vida juntos… sería agradable ¿no crees? - Camus lo pensó un momento, volvía a tener esa sensación, como si ese fuera el orden correcto de las cosas.
- Ven conmigo…
- ¿A dónde?
- A mi templo, vive conmigo… - sonrió y Shura lo observó como si aún analizara sus palabras – no sé cuánto tiempo nos falte… tal vez dos años, tres… no sé, pero lo que sí sé es que no quiero estar tanto tiempo sin ti… ¿por qué esperar?
Shura sonrió. Le gustaba la idea, le gustaba tanto que no encontraba otra forma de expresarse más que con una sonrisa y lo único de lo que estaba seguro en ese momento, es que lo amaría profundamente, que el amor entre ellos sería más fuerte que cualquier otra cosa y que permanecería incluso cuando se reencontrasen en próximas vidas de principio a fin.
FIN
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