viernes, 4 de enero de 2013

Capítulo 10: Enero 28,2010

Capítulo 10



Se encontraban todos en el comedor desayunando, era rara la ocasión en que coincidían pero el rumor de la ruptura de Camus y Shura había corrido por los pasillos del santuario tan rápido que hasta el mismo patriarca se encontraba presente ese día. Hyoga por su parte estaba intrigado y con el enorme deseo de preguntarle a su maestro qué había sucedido. A pesar de que casi nadie conocía los motivos y de que ellos no habían sido la pareja más popular del santuario, algo los seguía dejando intrigados, y es que ninguno era capaz de pensar que fuera Shura quien hubiese dejado a Camus. Y como se habían quedado con la idea de que había sido el escorpión quien dejó al francés, entonces todos comenzaron a preguntarse si había algo de malo con el dueño del onceavo templo.



Así que soportando todas las miradas y cotilleos, el francés siguió consumiendo su desayuno con la mayor dignidad posible, ajeno a todo aquello que sucediera a su alrededor.



- Camus, ve por Saga – anunció el patriarca notando la incomodidad del francés y sin saber que la causa de todo aquel suceso había sido el gemelo - ¿Camus?


- … De acuerdo – musitó.



Todas las miradas se dirigieron al de acuario, quien lentamente dejó los cubiertos sobre la mesa y estrujó un poco la servilleta con nerviosismo. Aún no se sentía preparado para enfrentarse al mayor de los gemelos. Tampoco había dirigido la mirada hacia donde se encontraba su discípulo.



- Seguro que Saga se lo desayunará a él…



No pudo distinguir la voz de quien hizo ese comentario pero por un segundo pensó seriamente en congelar la mesa entera. Jamás habría imaginado que se trataba del arquero. 



Shura apretó los puños, y Death Mask, quien se encontraba a su lado, palmeó su hombro en señal de apoyo aunque en el fondo quiso sonreír. Afrodita observó todo desde el otro lado de la mesa, y en ese instante casi pudo asegurar que Shura era “el otro”.



Por su parte, Ikki no apartaba la vista de Hyoga, y a pesar de que coincidieron un par de veces, éste de inmediato miraba hacia otro lado con profunda tristeza.



***



Camus se detuvo en cáncer renuente a llegar a géminis.



Tal vez no está en casa y por eso no fue a desayunar – pensó mientras caminaba en círculos afuera del tercer templo.



- Hola Camus.


- ¡Saga! – no pudo disimular su sorpresa, así que se tomó unos cuantos segundos para continuar – Todos se preguntan por qué no has ido a desayunar.


- No me siento bien – respondió el mayor intentando llamar la atención del más joven, sin embargo no lo consiguió.


- Mal como… ¿enfermo?


- Camus… ¿Me mirarás a la cara algún día?


- Lo siento, esto… es complicado para mí, no estoy acostumbrado a… - no se atrevió a decir que Milo había sido el único en su cama – ¿Puedo preguntarte algo?


- Claro, lo que tú quieras – la forma en que lo dijo le causó cierto escalofrío.


- No te importaba que fuera yo ¿verdad?


- ¿A qué te refieres?


- A que… si hubiera sido Mu, o… Shaka, no sé, alguien más y no yo quien se… - le costaba decirlo – ya sabes, quien se te hubiera… acercado de esa manera, lo habrías hecho de cualquier forma, ¿cierto?


- …No lo sé – por primera vez Camus levantó la mirada – Tal vez no.


- ¿Qué? ¿por qué no? – preguntó indignado.


- No soy de los que andan de cama en cama o… de los que se acuestan con quien se les ponga en frente.


- Espera… - Camus retrocedió un paso - ¿También estabas ebrio entonces?


- No.


- Entonces, ¿por qué coño te acostaste conmigo? – lo dijo casi como un reproche a lo que el mayor tan solo sonrió.


- Porque eres más suave de lo que pensaba.


- ¿Qué?


- Cuando te dejaste caer en mis brazos, tu cuerpo era tan ligero que no parecía real, y eras… suave… Kanon se la pasaba alabándote y… - se sintió como un objeto.


- ¿Y qué hay de Hyoga? – lo interrumpió – No he hablado con él porque pensé que te gustaría hacerlo primero… ¿ya le dijiste?



***



Habían pasado cerca de 20 minutos desde que Camus dejó el comedor, así que Shura se puso de pie sin dar explicaciones y se dirigió hacia el tercer templo, no había hablado con Saga hasta ese momento, y aunque sentía que no tenían nada que decirse decidió ir, quizá tan solo para terminar de matar la esperanza que había albergado con Camus. Por su parte, Hyoga hizo lo mismo, solo que por motivos distintos. Y de pronto en el comedor se quedó tan solo Shion con unos cuantos caballeros. Una vez más, su intento de que todos comieran juntos se había truncado.



***



- Espera Pato… - dijo Ikki a unos metros del rubio.


- Ikki – suspiró, había pensado que pasaría mucho tiempo para que pudieran hablar de nuevo - ¿qué pasa?


- Ayer… no me diste tiempo de darte lo que busqué para ti, tampoco me diste tiempo de explicarte por qué no había llegado… ahora que lo pienso no me diste tiempo de nada…


- ¿Qué es?



El peliazul estaba terriblemente nervioso, sentía que sus piernas no lo sostendrían por mucho tiempo y que por lo tanto tenía que apurar las cosas.



- Sé que es difícil para nosotros… no solo por el hecho de tener que adaptarnos a una nueva vida sino… tú sabes, la gente suele hablar, hacen comentarios que a veces pueden ser ofensivos y…


- No sé a dónde quieres llegar con eso Ikki.


- No estaba seguro.


- ¿Qué?


- No creí que quisieras estar conmigo realmente.


- Te lo dije no una, sino muchas veces Ikki… te dije que te amaba y lo decía en serio – comenzaba a sentirse enfadado – si a ti te causa conflicto el hecho de que yo sea hombre pues déjame decirte algo… tú también lo eres y a mí no me importó eso… ambos sabíamos de qué iba en un principio.


- Pato… - Ikki sonrió – pues, a decir verdad la primera vez que te vi habría prometido que eras una hermosa rubia…


- ¡Idiota! – le gritó Hyoga antes de intentar lanzar uno de sus ataques, pero el fénix se adelantó atrapando sus brazos – Suéltame – forcejearon un instante.


- Tenía miedo.


- Claro, deberías tenerlo porque cuando me sueltes te patearé el trasero…


- Hablas mucho Pato… - aspiró el aroma de su piel mientras hablaba contra su cuello, después subió hasta sus labios y los besó suavemente, atrapándolos antes de introducir su lengua tibia y dulce.


- Mmhh – intentó alejarse pero el agarre firme del fénix se lo impedía.


- ¿Lo ves? Nunca me dejas hablar. La verdad es que tenía miedo de que si veías que yo quería algo serio contigo, quizá te asustarías y tal vez te ibas a arrepentir. Te amo pato – Hyoga se quedó mudo ante esas palabras, afortunadamente Ikki aún lo sostenía entre sus brazos – y tengo algo que darte…



Un fuerte sonido los distrajo.



- Saga… - musitó Hyoga causando cierto enfado en el fénix, y soltándose del agarre corrió hacia donde provenía el estruendo.



El peliazul, como era de esperarse, corrió tras él.



- Shura, Saga… - Camus estaba a punto de sufrir un colapso nervioso al intentar detenerlos.


- Maestro – dijo Hyoga y de inmediato se acercó a ayudar.



Consiguieron separarlos gracias a la ayuda del Fénix. Pero bastaban un par de insultos para que comenzaran a pelear nuevamente llevándose a todos de encuentro. Cuestiones pasadas, traiciones, cualquier tema era motivo de discusión.



- Ya acéptalo Shura, tan solo estás molesto porque me tiré a Camus cuando tú no podías ni acercártele… - el francés enrojeció y estuvo a punto de congelarle la boca a Saga para que dejara de hablar. Mientras, Hyoga se tapaba los oídos asqueado.



***



- Pero Death Mask… por favor – unía ambas manos casi rogando.


- No tiene caso Dita.


- ¿Ya no me amas? – el italiano le dio la espalda, no era que no lo quisiera sino que él deseaba algo más estable que lo que el de piscis podía ofrecer.


- Sabes que no se trata de eso, es solo que ya me cansé.


- ¿De qué hablas? – en su mente no cabía la posibilidad de que Death Mask pudiera hartarse de él. Después de todo era el más bello de la orden… quizá solo Kanon podía igualarlo.


- Sabes tan bien como yo que tarde o temprano terminarás con Kanon.


- ¿Qué?... ¿Es por Shura? – entonces el de cáncer se quedó quieto – Era él ¿verdad?, la persona del santuario con quien habías tenido una aventura… ¿Era él?


- Sí… ¿Cómo lo…


- ¿Todavía lo amas? – interrumpió sintiéndose extraño al ser la celestina de su aún pareja, y el silencio de D.M. lo dijo todo – Entonces… ¿yo qué fui?


- Vamos Dita, sabes que te adoro… - el de piscis permaneció con ambos brazos cruzados, y supo que no habría forma de engañarlo más – lo que tuve con Shura fue… fugaz… él no quería nada serio y yo buscaba algo estable.


- ¿Qué? Pero si Shura es la persona más estable y aburrida del santuario entero… - puso los ojos en blanco - ¿sabes que usa el mismo color de calcetines siempre? Es incapaz de variar… - Death Mask rió, él mismo había tenido que lidiar con la obsesión del de capricornio por el orden y la monotonía – yo pensaba que el estar con Camus haría que adoptara un nuevo estilo… no sé cómo los dioses hicieron que alguien tan frío tuviera tan buen gusto para vestir… ¡a mí me tomó años! – de pronto parecía más una charla que una separación - … entonces… ¿cómo es que Shura no quería algo estable? ¿Y Camus?


- No lo sé, nunca hablamos de eso.



Dita se quedó pensativo. Por un lado amaba a Death Mask, pero por el otro deseaba a Kanon a un nivel que no había experimentado nunca. Con el italiano tenía todo y con el griego nada, también estaba el hecho de que el de cáncer seguía sintiendo algo por Shura, aunque no estaba muy seguro de lo que el español sentía por él.


***



- ¡Auch! – se quejó el de capricornio mientras Camus limpiaba sus heridas. Encendió un cigarrillo más para distraerse que porque tuviese ganas de fumar. 



La pelea no había comenzado por Camus como había creído la mayoría, el problema venía de mucho tiempo antes, una competencia personal, una intolerancia mutua que ese día estalló utilizando al francés como excusa. Había tenido que intervenir como última instancia el arquero llevándose a Saga mientras Camus hacía lo propio con Shura. 



- ¿Me perdonarás algún día? – el de acuario tenía una enorme sensación de culpa.


- No tengo nada que perdonarte Camus… yo mismo le pedí ayuda a Dita.


- ¿Qué?


- Supongo – dio otra bocanada a su cigarrillo – que me causaba una profunda envidia tu historia con Milo… - giró su rostro para que el humo que abandonaba sus labios no llegara hasta el francés. 


- ¿A qué te refieres?


- Creo… que anhelaba que alguien me amara de la forma incondicional en que tú amabas a Milo.


- Já – rio sarcástico - ¿Y de qué me sirvió?


- Yo lo supe desde el principio ¿sabes?


- ¿El qué? – comenzó a guardar todas las gasas en un pequeño botiquín. 


- Que tú nunca podrías corresponderme, sabía que lo seguías amando – Camus se sintió un poco incómodo y trató de cambiar el tema pero Shura continuó hablando – tanto como para dejarlo ir pensando que él podría encontrar a alguien a quien pudiera amar de verdad.


- No sé de qué hablas – dijo con nerviosismo. 


- Vi lo que escribiste en aquella ocasión, tan solo porque había demasiado movimiento en tu cabeza… las lágrimas en tu rostro cansado de tanto llorar, demasiado orgulloso como para dejar que alguien lo supiera, ocultando todo lo que sentías porque querías guardar algo de lo poco que pensabas que te quedaba de dignidad…


- Nunca iba a ser suficiente para él - dijo con tristeza – no importa cuánto lo intentara – Shura lo abrazó con esa costumbre posesiva, y Camus supo que había encontrado en español a un gran amigo.



***



A su vez, el arquero curaba las heridas del mayor de los gemelos.



- Espera Aioros, tengo que ir a aclarar algo.


- No irás a pelearte de nuevo con Shura ¿o sí?


- No, no te preocupes.



***



- ¿Por fin me dejarás darte lo que tengo? – preguntó Ikki sentándose a un lado de Hyoga, éste tan solo le sonrió.


- ¿Qué es? – dijo el rubio.


- Hyoga, tenemos que hablar – la voz de Saga a sus espaldas les hizo girarse casi al mismo tiempo.


- Espera tu turno, ¿no tuviste suficiente con su maestro? – el rubio lo miró ofendido con el comentario.


- Vamos Fénix, solo serán cinco minutos.



A pesar de la expresión de disgusto de Ikki dejó que Hyoga fuera con él.




Continuará…

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